Muy curioso tu poema. Contiene un elemento típico de Góngora (le fue intensamente censurado incluso por sus partidarios) que es la mezcla de elementos sublimes con elementos ordinarios en las Soledades. A Jáuregui se lo llevaban los demonios. Tú lo usas muy a menudo en tus poemas: donde podría ir una impactante metáfora absoluta, nos dejas un "como" comparativo; así en el verso
el joven se sintió como en un nido,
Eso sí, si lo que persegías era imitar el estilo de Góngora, como parece obvio, lo has conseguido muy bien.
De verdad que no lo entiendo, Juan Ramón. Don Luis de Góngora HA MUERTO, y que en gloria esté. Si vive es por su genio y por las sendas que, seguramente sin pretenderlo, entre tantos otros, ha abierto en la proyección universal de la Poesía. Ya se sabe que el Arte se nutre del mismo Arte pero ¿de verdad crees que el de Córdoba escribiría hoy así? El Arte, esa fascinante escapatoria del alma, se sustenta en estéticas sujetas a la circunstancia sociocultural que la época en que se manifiesta le sugiere.
No nos engañemos ni nos quedemos atrapados por una belleza arcaica, reflejo de un tiempo ya pasado y superado. El Arte, como digo, es intemporal pero también notario y testigo de una realidad transitoria que se mueve con los valores estéticos que le son inherentes por naturaleza.
Aprendamos pues del maestro pero aprovechemos solo su impulso eterno.
Espero que no te moleste mi observación, sincera, controvertible y espontánea.
Un fuerte abrazo, admirado poeta.
No te preocupes: si no lo entiendes, yo te lo explico.
Vicente, tú demuestras tener una visión de la historia que yo llamo "concepción alternativa": alternativa, del latín "alter" que significa "otro". Es una manera de entender el devenir histórico a base de superación de etapas, de pasar página: lo nuevo anula lo antiguo. Es una concepción positivista que debe mucho al pensamiento de Comte (tan presente en la cultura de gran parte del siglo XX; hoy no tanto, o no tan seriamente al menos). Por eso hablas de "belleza arcaica", "tiempo ya pasado y superado"...
Pero esa concepción de la historia, que tiene muchas cosas buenas que seguro podrás tú señalar, tiene también sus peligros. En lo cultural y en lo artístico, por ejemplo, se parece mucho a esos estudiantes que, una vez examinados del primer trimestre, lo olvidan para estudiar el segundo. Naturalmente eso no funciona. Y es un presupuesto óptimo para sacralizar la originalidad como dogma inapelable. Mira lo que me dijo una vez Elhi a mí:
Estimado Pablo: sé de tu admiración por Góngora, y la entiendo; lamento, sin embargo, que esa admiración y ese afán por emularlo, lleguen a extremos tales que hayas perdido la perspectiva de cuán importante es tratar de ser genuino.
Desde el Romanticismo para acá hemos "superado" (con esta terminología) el estadio histórico-artístico anterior, pasando de la imitación de los modelos antiguos a la creación de propuestas nuevas. Yo no tengo nada en contra de la originalidad, pero tampoco tengo nada en contra de la imitación: eso sí, procuro no sacralizar a ninguna de las dos, como sí hacéis muchos. Si repasas los poemas que tengo publicados en el foro podrás encontrar sin dificultad propuestas descaradamente imitativas, propuestas radicalmente innovadoras, e intentos más equilibrados.
Yo nunca podré entender por qué se habla de "bellezas superadas". Una vez una amiga mía que era vegetariana me dijo que no entendía cómo puede alguien disfrutar comiendo carne en el siglo XXI, como hacían los hombres de las cavernas. Y yo le dije: ¿entonces por qué te gustan a ti los hombres, como a las mujeres de hace siglos? ¿Por qué votas en las elecciones, si la democracia es un sistema viejo de veinticinco siglos de antigüedad?
¿Es que el jamón no sigue estando delicioso hoy? Por suerte existen otras concepciones de la historia y de la estética: yo prefiero una concepción que podemos llamar "inclusiva", que consiste en integrar estadios en vez de superarlos como si la historia fuese una carrera de obstáculos. El lenguaje de otras épocas, que sin duda tendrá logros muy importantes, se puede incluir de forma natural en el lenguaje de estadios posteriores; el pasado puede aportar mucho a la actualidad. Con esta visión se fundamentan todas las estéticas neoclásicas.
Por otra parte, hay que señalar que no está bien (no es intelectualmente honrado) decir que Góngora, si viviese en nuestros días, no escribiría así. Tal afirmación, además de ser no falsable (como diría Popper, un pensador que seguro que también te gusta), es insostenible ante una sencilla confrontación entre los textos "artísticos" de Góngora y otros escritos cuyas más elevadas pretensiones son pedir dinero:
Mi amo y mi señor: Humedecido me ha la yema del dedo apenas, esta gota de agua que V. m., Dios le guarde, me ha solicitado: mas hágole saber que al chuparla me ha dejado los labios tan secos como antes. ¿Dónde está este caudal del amigo? ¿Qué hacienda es ésta que un agosto la enjuga? Un agosto debe de sorber al señor don Fernando de Córdoba, pues no da lugar a que siquiera satisfaga nuestro Cristóbal a lo que ha puesto conmigo. Bien fuera razón que me remitiera en esta póliza lo que monta lo caído de mis alimentos, sin dármelo a sorbos, que ya me contento con al fin del mes cobrar lo corrido, pues los Heredias tienen poco deudo con el Adelantado. Suplico a V. m., por arriero o por otra cualquier vía, canse al amigo para que me remita lo que resta; que no habrá recua de tortugas que no llegue antes que el mes se acabe; y con esto vamos a lo que hoy me tiene tan lastimado, que no me detendré en escribirlo por no agravar el sentimiento (fragmento de la carta de Luis de Góngora a don Francisco de Corral, en D. Alonso, Góngora y el«Polifemo», Madrid 1994, p. 398).
Es cierto lo que señala Dámaso Alonso acerca de la presencia de iguales rasgos estilísticos en los textos gongorinos sin pretensión artística y en sus obras poéticas (nótese, por ejemplo, en el texto que pongo, cómo explota el doble sentido de la palabra
caudal; no por casualidad Góngora es el mejor de los conceptistas) y sobre el carácter íntegro de su autor; pero creo que la lectura de textos como éste muestran la evidencia de que hay un importante salto de lenguaje y de estilo cuando media una pretensión artística: Góngora no escribía poesía como hablaba (otro de los dogmas de la poesía actual: la naturalidad).
Que conste, para terminar, que todo lo que he dicho aquí no sirve como justificación concreta de un poema determinado, como el de este hilo, sino que es una reflexión general que intenta contribuir a desmontar ciertos mitos que funcionan por el foro (y fuera del foro). Uno se cansa a veces de escuchar que se presenten como absolutos ciertos principios que entran en la esfera de lo opinable.
Saludos.