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Recuerdos

musador

esperando...
Rojo con rojo bajo por mi río,
espinel de dolores y alegrías,
allá donde no alcanza mi albedrío
un misterio de fuente entre agonías.
Verde con verde sigue el extravío
con olas de desorden en sus vías:
verde con rojo los fantasmas nudos
pasan gritando con sus gestos mudos.

Sobre un tanque enamora una glicina
de violetas racimos delicados,
un vuelo de palomas se aglutina
en el llanto de niños olvidados.
La mar, siempre la mar, su copa inclina
volcando antiguos pecios como dados;
las alas y las olas el reposo
en su destino encuentran, arenoso.

Recuento esas arenas con locura
buscando el infinito ayer perdido
con el goce alcanzado en la ternura
de acunar mis pichones en su nido.
Boya tras boya rumio la amargura
con el mate que llevo compartido:
¡tantos amigos pasan y saludan!,
¿dónde están sus abrazos que no mudan?

Izo la vela y el timón violento
despereza a mi barco en la virada,
con la alegría de ceñir al viento
dejo que el río mengüe mi estrepada.
Rojo con verde tras mi paso lento
los despojos moderan su algarada:
no pueden con la fuerza de mi vida,
aunque de ellos seré tras mi partida.
 
Una enorme belleza lírica llevan tus octavas reales, (creo ver en los endecasílabos AB, AB, AB, CC) donde anidan en mágicas metáforas tus recuerdo, y que brotan de tu imaginación que parece cultivar la belleza, mientras tu pluma esculpe a la perfección las formas de la estructura elegida.
Un poema para releer, de esos que, a mas lees mas belleza descubres, como si esperara que en sucesivas lecturas, de esos nidos salieran en vuelo todos y cada uno de esos recuerdos ...¿Cual es mi preferida? , creo que quizás los dos últimos...pero creo que todas son preferidas..porque la inicial es impresionante.., y la siguiente, en fin todas y cada una de ellas merecen mención; por tanto todas quedan aquí en la memoria de esta olvidadiza y despistada compañera de versos.
Me han recordado a Elhi, estos "Recuerdos".

Rojo con rojo bajo por mi río,
espinel de dolores y alegrías,
allá donde no alcanza mi albedrío
un misterio de fuente entre agonías.
Verde con verde sigue el extravío
con olas de desorden en sus vías:
verde con rojo los fantasmas nudos
pasan gritando con sus gestos mudos.

Sobre un tanque enamora una glicina
de violetas racimos delicados,
un vuelo de palomas se aglutina
en el llanto de niños olvidados.
La mar, siempre la mar, su copa inclina
volcando antiguos pecios como dados;
las alas y las olas el reposo
en su destino encuentran, arenoso.


Recuento esas arenas con locura
buscando el infinito ayer perdido
con el goce alcanzado en la ternura
de acunar mis pichones en su nido.
Boya tras boya rumio la amargura
con el mate que llevo compartido:
¡tantos amigos pasan y saludan!,
¿dónde están sus abrazos que no mudan?

Izo la vela y el timón violento
despereza a mi barco en la virada,
con la alegría de ceñir al viento
dejo que el río mengüe mi estrepada.
Rojo con verde tras mi paso lento
los despojos moderan su algarada:
no pueden con la fuerza de mi vida,
aunque de ellos seré tras mi partida.

...de momento, pero necesito mas lecturas, aunque no he podido contener este impulso inicial de felicitarte por este hermoso trabajo, Jorge.
¡Felicidades!
Un abrazo
Isabel
 
Última edición:
Arquímedes escribió alguna vez un artículo, querida Isabel, llamado «El contador de arenas»; en él se propuso el babélico, para su época, desafío de escribir un número más grande que el de los granos de arena del universo...
Si el mar de la vida deja sus arenas en la playa del recuerdo, contar a veces esos granos es tarea de nostalgias...

gracias y abrazo
j.



Una enorme belleza lírica llevan tus octavas reales, (creo ver en los endecasílabos AB, AB, AB, CC) donde anidan en mágicas metáforas tus recuerdo, y que brotan de tu imaginación que parece cultivar la belleza, mientras tu pluma esculpe a la perfección las formas de la estructura elegida.
Un poema para releer, de esos que, a mas lees mas belleza descubres, como si esperara que en sucesivas lecturas, de esos nidos salieran en vuelo todos y cada uno de esos recuerdos ...¿Cual es mi preferida? , creo que quizás los dos últimos...

Recuento esas arenas con locura
buscando el infinito ayer perdido
con el goce alcanzado en la ternura
de acunar mis pichones en su nido.
Boya tras boya rumio la amargura
con el mate que llevo compartido:
¡tantos amigos pasan y saludan!,
¿dónde están sus abrazos que no mudan?

Izo la vela y el timón violento
despereza a mi barco en la virada,
con la alegría de ceñir al viento
dejo que el río mengüe mi estrepada.
Rojo con verde tras mi paso lento
los despojos moderan su algarada:
no pueden con la fuerza de mi vida,
aunque de ellos seré tras mi partida.

...de momento, pero necesito mas lecturas, aunque no he podido contener este impulso inicial de felicitarte por este hermoso trabajo, Jorge.
¡Felicidades!
Un abrazo
Isabel
 
Arquímedes escribió alguna vez un artículo, querida Isabel, llamado «El contador de arenas»; en él se propuso el babélico, para su época, desafío de escribir un número más grande que el de los granos de arena del universo...
Si el mar de la vida deja sus arenas en la playa del recuerdo, contar a veces esos granos es tarea de nostalgias...

gracias y abrazo
j.
He corregido mi comentario, ya sabes de la antigüedad de mis despistes, no en vano llevamos tantos años compartiendo espacios poéticos, muchos de nosotros. No creo que cambie a estas alturas, pero seguiré intentándolo.
Respecto a "El contador de arenas" en este mar de la vida, llega un momento que al igual que "los árboles no nos dejan ver el bosque" la infinidad de granos que se agolpan ocultan los mas sombríos, ventajas de la memoria, a veces bondadosa, para dejarnos los mas bellos...Aunque creo que todos terminaremos en el atardecer de la vida, eligiendo los mas hermoso de la infancia, la edad de la inocencia, de los juegos compartidos; cuando nos vendábamos los ojos sobre le puente al borde del precipicio...y el peligro era un aliciente mas.
 
Última edición:
Rojo con rojo bajo por mi río,
espinel de dolores y alegrías,
allá donde no alcanza mi albedrío
un misterio de fuente entre agonías.
Verde con verde sigue el extravío
con olas de desorden en sus vías:
verde con rojo los fantasmas nudos
pasan gritando con sus gestos mudos.

Sobre un tanque enamora una glicina
de violetas racimos delicados,
un vuelo de palomas se aglutina
en el llanto de niños olvidados.
La mar, siempre la mar, su copa inclina
volcando antiguos pecios como dados;
las alas y las olas el reposo
en su destino encuentran, arenoso.

Recuento esas arenas con locura
buscando el infinito ayer perdido
con el goce alcanzado en la ternura
de acunar mis pichones en su nido.
Boya tras boya rumio la amargura
con el mate que llevo compartido:
¡tantos amigos pasan y saludan!,
¿dónde están sus abrazos que no mudan?

Izo la vela y el timón violento
despereza a mi barco en la virada,
con la alegría de ceñir al viento
dejo que el río mengüe mi estrepada.
Rojo con verde tras mi paso lento
los despojos moderan su algarada:
no pueden con la fuerza de mi vida,
aunque de ellos seré tras mi partida.

Mi estimado Jorge, en fin, qué le voy a decir yo al maestro. Hay tanto en este poema, esa forma de usar colores, plantas, barcos, ríos,... para hablar de lo interno, de lo humano.

Sin duda es imprescindible, como diría Lorca de Góngora (ya sabe jejeje), estudiar su poema mi apreciado Jorge, solo de ese modo alcanzaré a disfrutar en toda su profundidad el conjunto de esta obra.

Hay metáforas cuya estética ya es hermosa pero necesito detenerme con minuciosa atención para saborear lo que dentro llevan.

Volveré para ampliar este comentario.

Un fuerte abrazo maestro.
 
Mi estimado Jorge, en fin, qué le voy a decir yo al maestro. Hay tanto en este poema, esa forma de usar colores, plantas, barcos, ríos,... para hablar de lo interno, de lo humano.

Sin duda es imprescindible, como diría Lorca de Góngora (ya sabe jejeje), estudiar su poema mi apreciado Jorge, solo de ese modo alcanzaré a disfrutar en toda su profundidad el conjunto de esta obra.

Hay metáforas cuya estética ya es hermosa pero necesito detenerme con minuciosa atención para saborear lo que dentro llevan.

Volveré para ampliar este comentario.

Un fuerte abrazo maestro.
Te desentraño, hasta donde puedo, el recurso a los colores, quizás misterioso para el que no navega. Los barcos llevan luces de posición, rojo a babor (izquierda), verde a estribor (derecha); en los ríos canalizados, las boyas tienen estos mismos colores: rojas a la izquierda del río, según su corriente, verdes a la derecha. Me gustó usar este ingrediente como leit-motiv, hilván simbólico, sobre todo por su reaparición en la última octava.

gracias y abrazo
J.
 
Te desentraño, hasta donde puedo, el recurso a los colores, quizás misterioso para el que no navega. Los barcos llevan luces de posición, rojo a babor (izquierda), verde a estribor (derecha); en los ríos canalizados, las boyas tienen estos mismos colores: rojas a la izquierda del río, según su corriente, verdes a la derecha. Me gustó usar este ingrediente como leit-motiv, hilván simbólico, sobre todo por su reaparición en la última octava.

gracias y abrazo
J.

Estimado Jorge, precisamente los colores verde y rojo lo he visto. También tengo la suerte de salir a navegar con el barco de un amigo cuyo amarre lo pagamos entre los dos en el puerto de Cullera (Valencia), es un pequeño barco con bañera con el que salimos a pescar, curricar y bueno, a disfrutar del mar. Señales para entrar a puerto y no montar un cipote entre barcos que entran y salen jajajaja.
 
Rojo con rojo bajo por mi río,
espinel de dolores y alegrías,
allá donde no alcanza mi albedrío
un misterio de fuente entre agonías.
Verde con verde sigue el extravío
con olas de desorden en sus vías:
verde con rojo los fantasmas nudos
pasan gritando con sus gestos mudos.

Sobre un tanque enamora una glicina
de violetas racimos delicados,
un vuelo de palomas se aglutina
en el llanto de niños olvidados.
La mar, siempre la mar, su copa inclina
volcando antiguos pecios como dados;
las alas y las olas el reposo
en su destino encuentran, arenoso.

Recuento esas arenas con locura
buscando el infinito ayer perdido
con el goce alcanzado en la ternura
de acunar mis pichones en su nido.
Boya tras boya rumio la amargura
con el mate que llevo compartido:
¡tantos amigos pasan y saludan!,
¿dónde están sus abrazos que no mudan?

Izo la vela y el timón violento
despereza a mi barco en la virada,
con la alegría de ceñir al viento
dejo que el río mengüe mi estrepada.
Rojo con verde tras mi paso lento
los despojos moderan su algarada:
no pueden con la fuerza de mi vida,
aunque de ellos seré tras mi partida.

Dentro de tu línea impoluta acostumbrada como ya señala el compañero Veles has construido unas octavas reales de antología por las que te felicito sinceramente.

Un abrazo, estimado.

Mouse
 
Rojo con rojo bajo por mi río,
espinel de dolores y alegrías,
allá donde no alcanza mi albedrío
un misterio de fuente entre agonías.
Verde con verde sigue el extravío
con olas de desorden en sus vías:
verde con rojo los fantasmas nudos
pasan gritando con sus gestos mudos.

Sobre un tanque enamora una glicina
de violetas racimos delicados,
un vuelo de palomas se aglutina
en el llanto de niños olvidados.
La mar, siempre la mar, su copa inclina
volcando antiguos pecios como dados;
las alas y las olas el reposo
en su destino encuentran, arenoso.

Recuento esas arenas con locura
buscando el infinito ayer perdido
con el goce alcanzado en la ternura
de acunar mis pichones en su nido.
Boya tras boya rumio la amargura
con el mate que llevo compartido:
¡tantos amigos pasan y saludan!,
¿dónde están sus abrazos que no mudan?

Izo la vela y el timón violento
despereza a mi barco en la virada,
con la alegría de ceñir al viento
dejo que el río mengüe mi estrepada.
Rojo con verde tras mi paso lento
los despojos moderan su algarada:
no pueden con la fuerza de mi vida,
aunque de ellos seré tras mi partida.

Te he leído y me han entrado ganas de escribir octavas.
Las cuatro tuyas tienen magníficos pareados finales.
La comprensión del texto hasta leer el hilo ha sido imposible para mí, bonitos recuerdos de tus viajes por mar.

Un abrazo.
 
Última edición:
Arquímedes escribió alguna vez un artículo, querida Isabel, llamado «El contador de arenas»; en él se propuso el babélico, para su época, desafío de escribir un número más grande que el de los granos de arena del universo...
Si el mar de la vida deja sus arenas en la playa del recuerdo, contar a veces esos granos es tarea de nostalgias...

gracias y abrazo
j.


Siempre me pareció un propósito vano el de Arquímedes; no por su esforzado vigor intelectual sino por su entrega a un rey de Siracusa (Gelón II) más ocupado en supuestas alianzas políticas que en reflexiones científicas de tan alto rango.

Rojo con verde tras mi paso lento
los despojos moderan su algarada:
no pueden con la fuerza de mi vida,
aunque de ellos seré tras mi partida.


Verdaderamente una estrofa espléndida.

Si el mar de la vida deja sus arenas en la playa del recuerdo, contar a veces esos granos es tarea de nostalgias...

Y este poético recuento, tremendo.

Mi abrazo.
 
Última edición:
Un placer disfrutar tus versos y navegar en el recuerdo, donde se van remontando cuando mencionas el mar
y el colorido viaje. Ha sido muy laboriosa el trabajo del tema, su contenido, coherencia, melodía y ritmo.
Muy bueno, me gusto mucho. Un gran saludo cordial.
 
Rojo con rojo bajo por mi río,
espinel de dolores y alegrías,
allá donde no alcanza mi albedrío
un misterio de fuente entre agonías.
Verde con verde sigue el extravío
con olas de desorden en sus vías:
verde con rojo los fantasmas nudos
pasan gritando con sus gestos mudos.

Sobre un tanque enamora una glicina
de violetas racimos delicados,
un vuelo de palomas se aglutina
en el llanto de niños olvidados.
La mar, siempre la mar, su copa inclina
volcando antiguos pecios como dados;
las alas y las olas el reposo
en su destino encuentran, arenoso.

Recuento esas arenas con locura
buscando el infinito ayer perdido
con el goce alcanzado en la ternura
de acunar mis pichones en su nido.
Boya tras boya rumio la amargura
con el mate que llevo compartido:
¡tantos amigos pasan y saludan!,
¿dónde están sus abrazos que no mudan?

Izo la vela y el timón violento
despereza a mi barco en la virada,
con la alegría de ceñir al viento
dejo que el río mengüe mi estrepada.
Rojo con verde tras mi paso lento
los despojos moderan su algarada:
no pueden con la fuerza de mi vida,
aunque de ellos seré tras mi partida.
De la mano de tus versos
es fácil
traer a la mente
tremendo lienzo
donde los colores
se van sucediento
al ritmo de cada pincelada
qué grato ha sido leer tus nostalgias
hechas poema
he vuelto a leer antes de comentar
porque tanta poesía
hay que disfrutarla y al ritmo del silencio de mi noche
he podido escuchar el río en su canto
mientras el poeta navega sus aguas
mis felicitaciones, Jorge, es realmente bella tu obra
un fuerte abrazo,

ligiA
 
Rojo con rojo bajo por mi río,
espinel de dolores y alegrías,
allá donde no alcanza mi albedrío
un misterio de fuente entre agonías.
Verde con verde sigue el extravío
con olas de desorden en sus vías:
verde con rojo los fantasmas nudos
pasan gritando con sus gestos mudos.

Sobre un tanque enamora una glicina
de violetas racimos delicados,
un vuelo de palomas se aglutina
en el llanto de niños olvidados.
La mar, siempre la mar, su copa inclina
volcando antiguos pecios como dados;
las alas y las olas el reposo
en su destino encuentran, arenoso.

Recuento esas arenas con locura
buscando el infinito ayer perdido
con el goce alcanzado en la ternura
de acunar mis pichones en su nido.
Boya tras boya rumio la amargura
con el mate que llevo compartido:
¡tantos amigos pasan y saludan!,
¿dónde están sus abrazos que no mudan?

Izo la vela y el timón violento
despereza a mi barco en la virada,
con la alegría de ceñir al viento
dejo que el río mengüe mi estrepada.
Rojo con verde tras mi paso lento
los despojos moderan su algarada:
no pueden con la fuerza de mi vida,
aunque de ellos seré tras mi partida.

Te luciste con estos versos, querido Jorge. Yo creo que ya sabes que son muy de mi gusto.
Me encanta ese silencio espiritual del recuerdo que oscila en ese recorrido río abajo, con los versos elevados de la segunda estrofa que clavan con límpidas imágenes ese diálogo interior en el centro sensitivo del lector.

Sobre un tanque enamora una glicina
de violetas racimos delicados,
un vuelo de palomas se aglutina
en el llanto de niños olvidados.
La mar, siempre la mar, su copa inclina
volcando antiguos pecios como dados;
las alas y las olas el reposo
en su destino encuentran, arenoso.


Y ese cierre de quien sabe de lo leve y maravilloso que resulta sentirse vivo.
¡Bravo, compañero!
 
Vivir y navegar. Bellas, sabias reflexiones íntimas que es un gusto compartir contigo, poeta entrañable y filosófico. Vivir y navegar, no solo existir. Acepto tu invitación a llevar una vida más plena, que es lo que parecen transmitir estas impolutas octavas. Un saludo.
Quizás para tu comentario te has centrado en el sentido de la última octava, donde decido dejar de seguirle la corriente al río de Mnémosine para retomar la vida, ciñendo al viento...
gracias y abrazo, querido Luis
Jorge
 
Rojo con rojo bajo por mi río,
espinel de dolores y alegrías,
allá donde no alcanza mi albedrío
un misterio de fuente entre agonías.
Verde con verde sigue el extravío
con olas de desorden en sus vías:
verde con rojo los fantasmas nudos
pasan gritando con sus gestos mudos.

Sobre un tanque enamora una glicina
de violetas racimos delicados,
un vuelo de palomas se aglutina
en el llanto de niños olvidados.
La mar, siempre la mar, su copa inclina
volcando antiguos pecios como dados;
las alas y las olas el reposo
en su destino encuentran, arenoso.

Recuento esas arenas con locura
buscando el infinito ayer perdido
con el goce alcanzado en la ternura
de acunar mis pichones en su nido.
Boya tras boya rumio la amargura
con el mate que llevo compartido:
¡tantos amigos pasan y saludan!,
¿dónde están sus abrazos que no mudan?

Izo la vela y el timón violento
despereza a mi barco en la virada,
con la alegría de ceñir al viento
dejo que el río mengüe mi estrepada.
Rojo con verde tras mi paso lento
los despojos moderan su algarada:
no pueden con la fuerza de mi vida,
aunque de ellos seré tras mi partida.

amigo y poeta musador, sabes que soy un perfecto analfabeto en la métrica, en la mesura y en el ritmo de los acentos, por tanto no te doy mi opinión, te digo simplemente que esos endecasilabos me emocionaron en su contenido.
abrazo
 
Dentro de tu línea impoluta acostumbrada como ya señala el compañero Veles has construido unas octavas reales de antología por las que te felicito sinceramente.

Un abrazo, estimado.

Mouse
Gracias, Miguel Ángel. Admito que el calificativo de «impolutas» no me cae muy bien, porque parece dar a entender que la perfección formal fuera mi mayor objetivo, que no lo es.

abrazo
J.
 
Te he leído y me han entrado ganas de escribir octavas.
Las cuatro tuyas tienen magníficos pareados finales.
La comprensión del texto hasta leer el hilo ha sido imposible para mí, bonitos recuerdos de tus viajes por mar.

Un abrazo.
Gracias, Sergio. Como ya te conté por privado, más que recuerdo de la navegación se trata de navegación del recuerdo...
Interesante papel el del pareado en las octavas, si sale mal arruina todo, un poco como el segundo terceto de los sonetos...

abrazo
j.
 
Rojo con rojo bajo por mi río,
espinel de dolores y alegrías,
allá donde no alcanza mi albedrío
un misterio de fuente entre agonías.
Verde con verde sigue el extravío
con olas de desorden en sus vías:
verde con rojo los fantasmas nudos
pasan gritando con sus gestos mudos.

Sobre un tanque enamora una glicina
de violetas racimos delicados,
un vuelo de palomas se aglutina
en el llanto de niños olvidados.
La mar, siempre la mar, su copa inclina
volcando antiguos pecios como dados;
las alas y las olas el reposo
en su destino encuentran, arenoso.

Recuento esas arenas con locura
buscando el infinito ayer perdido
con el goce alcanzado en la ternura
de acunar mis pichones en su nido.
Boya tras boya rumio la amargura
con el mate que llevo compartido:
¡tantos amigos pasan y saludan!,
¿dónde están sus abrazos que no mudan?

Izo la vela y el timón violento
despereza a mi barco en la virada,
con la alegría de ceñir al viento
dejo que el río mengüe mi estrepada.
Rojo con verde tras mi paso lento
los despojos moderan su algarada:
no pueden con la fuerza de mi vida,
aunque de ellos seré tras mi partida.
Magníficas octavas reales en las que destilas una bella nostalgia germinada en los recuerdos que bullen en tu alma marinera, de viejo lobo de mar, lobo y poeta, jajaja, que sigue afilando colmillos aun en su sabiduría sobre el amanecer, el cénit, y el ocaso.
Te felicito, todo un ejercicio de alto lirismo.
Va un fuerte abrazo, querido Jorge.
 
Gracias, Vicente. Poco sé de Arquímedes, en verdad, más allá de conocer parte de su obra. Es uno de los astros de la inteligencia, esa inteligencia que encontró entre los griegos albergue propicio. Pero tienes razón, se sabe que era una mentalidad práctica y que dedicó parte de su esfuerzo a la invención militar, al servicio de su rey.
Me alegra que estas octavas hayan sido de tu agrado.

abrazo
j

Siempre me pareció un propósito vano el de Arquímedes; no por su esforzado vigor intelectual sino por su dedicatoria a un rey de Siracusa (Gelón II) más ocupado en supuestas alianzas políticas que en reflexiones científicas de tan alto rango.

Rojo con verde tras mi paso lento
los despojos moderan su algarada:
no pueden con la fuerza de mi vida,
aunque de ellos seré tras mi partida.


Verdaderamente una estrofa espléndida.

Si el mar de la vida deja sus arenas en la playa del recuerdo, contar a veces esos granos es tarea de nostalgias...

Y este poético recuento, tremendo.

Mi abrazo.
 
Un placer disfrutar tus versos y navegar en el recuerdo, donde se van remontando cuando mencionas el mar
y el colorido viaje. Ha sido muy laboriosa el trabajo del tema, su contenido, coherencia, melodía y ritmo.
Muy bueno, me gusto mucho. Un gran saludo cordial.
Gracias, estimado Benigno. Muy adecuada tu interpretación de «navegar en el recuerdo», eso es lo que quise describir.
 
Gracias, estimada Ligia. Esto de los colores, si bien motivado por su uso como señales marineras, es más un recurso retórico en este poema, marcando idas y vueltas e hilvanando el conjunto. Cosas que se me ocurren...

un abrazo
Jorge
De la mano de tus versos
es fácil
traer a la mente
tremendo lienzo
donde los colores
se van sucediento
al ritmo de cada pincelada
qué grato ha sido leer tus nostalgias
hechas poema
he vuelto a leer antes de comentar
porque tanta poesía
hay que disfrutarla y al ritmo del silencio de mi noche
he podido escuchar el río en su canto
mientras el poeta navega sus aguas
mis felicitaciones, Jorge, es realmente bella tu obra
un fuerte abrazo,

ligiA
 
Gracias, Andreas. Parece que a cierta edad uno empieza a andar y desandar el recuerdo, a veces con sorprendente vividez. Esa glicina de la que hablo, en mi casa de niño, trepaba sobre un viejo tanque de agua y a veces, cuando se le permitía, se extendía sobre el techo de la casa... Verla en flor, en la recién llegada primavera...
He plantado una glicina en la isla, pero tarda años en florecer cuando la plantas de semilla.

abrazo
j.


Te luciste con estos versos, querido Jorge. Yo creo que ya sabes que son muy de mi gusto.
Me encanta ese silencio espiritual del recuerdo que oscila en ese recorrido río abajo, con los versos elevados de la segunda estrofa que clavan con límpidas imágenes ese diálogo interior en el centro sensitivo del lector.

Sobre un tanque enamora una glicina
de violetas racimos delicados,
un vuelo de palomas se aglutina
en el llanto de niños olvidados.
La mar, siempre la mar, su copa inclina
volcando antiguos pecios como dados;
las alas y las olas el reposo
en su destino encuentran, arenoso.


Y ese cierre de quien sabe de lo leve y maravilloso que resulta sentirse vivo.
¡Bravo, compañero!
 
Me ha encantado como metafóricamente le has dado imagen a los recuerdos. Una pregunta: ¿qué representan para ti en este poema el rojo y el verde? Chausito Musador.
 

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