La noche se va rompiendo
con el beso de la aurora.
Por las montañas de malva,
resbala una brisa suave
con un sol que va en creciente
con sus bigotes de oro.
Al canto del manantial
se va quebrando el silencio
sin figura entre fulgores,
donde brota el agua libre
su frenética frescura.
Por el monte soñoliento,
bustos donde el sueño le
riza al aura su nostalgia,
llevo a cuestas un amor
herido por daga en mano,
roto por una palabra
domadora de mis sombras.
En los angostos caminos,
veo una jara florida
con su aroma penetrable
llena de vida y de luz
que mi carne ya quisiera.
Pero este corazón mío
sin caminos y sin fuentes,
tiene confinado un sueño,
sueño que madurará
en los surcos de mis lágrimas
cuando de nuevo perciba
el aroma de sus labios.
Luis
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