Rosas blancas para Carmela

Ligia Calderón Romero

Moderadora foro: Una imagen, un poema
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Verano del 2018

El sol de la tarde hería los vitrales. Desde la sala de espera, segunda butaca, Carmela, con su mirada azul, por el cristal, observaba los celajes, mientras Osvaldo, su esposo, sostenía su mano y de rato en rato la miraba sin pronunciar palabra.

—Carmela, consultorio número cinco —dijo la secretaria.

Ella, con su acostumbrada elegancia, se puso de pie, erguida caminó hacia el recinto, traspasó la puerta, saludó y se sentó frente al médico. Su esposo en silencio la siguió y se sentó junto a ella.

—Vamos a ver —dijo el médico.

Abrió el expediente y repasó los últimos folios.

—Tenemos el resultado de los análisis —dijo.

Serena la pareja escuchó el diagnóstico. El panorama no era halagador. Le quedaban escasos meses de vida. Salieron del hospital con varios pliegos de recetas para los tratamientos y una cita de control a la que no sabían si llegaría.

Tres meses después, frente al espejo, una extraña la miraba fijamente a los ojos.

—Ring ring.

—¡Hola! —dijo Carmela.

—Con el señor Osvaldo por favor —dijo una voz varonil.

—Él no se encuentra. Quiere dejarle algún mensaje —dijo ella.

—Sí. Hablo del Campo Santo Lirio Azul. Dígale por favor que la apertura a nombre de la señora Carmela ya está lista. Que solo tiene que avisar en cuanto necesite usarla.

—Sí señor, gracias —dijo ella.

—Con quién tengo el gusto —dijo el hombre.

—Con la señora Carmela —dijo ella.

Colgó el teléfono y siguió observando aquella desconocida frente al espejo.



Basada en hechos reales, se cambia, por respeto, el nombre de los personajes. Poco tiempo después ella falleció.

Heredia, Costa Rica
noviembre 14, 2020
 
Última edición:
Hola vecinita , un gusto encontrarte en línea con este escrito muy bien hilvanado para contar ese caso tan peculiar que pasó.
Te mando un abrazo cargado de mi cariño.
Feliz fin de semana .

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Verano del 2018

El sol de la tarde hería los vitrales. Desde la sala de espera, segunda butaca, Carmela, con su mirada azul, por el cristal, observaba los celajes, mientras Osvaldo, su esposo, sostenía su mano y de rato en rato la miraba sin pronunciar palabra.

—Carmela, consultorio número cinco —dijo la secretaria.

Ella, con su acostumbrada elegancia, se puso de pie, erguida caminó hacia el recinto, traspasó la puerta, saludó y se sentó frente al médico. Su esposo en silencio la siguió y se sentó junto a ella.

—Vamos a ver —dijo el médico.

Abrió el expediente y repasó los últimos folios.

—Tenemos el resultado de los análisis —dijo.

Serena la pareja escuchó el diagnóstico. El panorama no era halagador. Le quedaban escasos meses de vida. Salieron del hospital con varios pliegos de recetas para los tratamientos y una cita de control a la que no sabían si llegaría.

Tres meses después, frente al espejo, una extraña la miraba fijamente a los ojos.

—Ring ring.

—¡Hola! —dijo Carmela.

—Con el señor Osvaldo por favor —dijo una voz varonil.

—Él no se encuentra. Quiere dejarle algún mensaje —dijo ella.

—Sí. Hablo del Campo Santo Lirio Azul. Dígale por favor que la apertura a nombre de la señora Carmela ya está lista. Que solo tiene que avisar en cuanto necesite usarla.

—Sí señor, gracias —dijo ella.

—Con quién tengo el gusto —dijo el hombre.

—Con la señora Carmela —dijo ella.

Colgó el teléfono y siguió observando aquella desconocida frente al espejo.



Basada en hechos reales, se cambia, por respeto, el nombre de los personajes. Poco tiempo después ella falleció.

Heredia, Costa Rica
noviembre 14, 2020
 
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Verano del 2018

El sol de la tarde hería los vitrales. Desde la sala de espera, segunda butaca, Carmela, con su mirada azul, por el cristal, observaba los celajes, mientras Osvaldo, su esposo, sostenía su mano y de rato en rato la miraba sin pronunciar palabra.

—Carmela, consultorio número cinco —dijo la secretaria.

Ella, con su acostumbrada elegancia, se puso de pie, erguida caminó hacia el recinto, traspasó la puerta, saludó y se sentó frente al médico. Su esposo en silencio la siguió y se sentó junto a ella.

—Vamos a ver —dijo el médico.

Abrió el expediente y repasó los últimos folios.

—Tenemos el resultado de los análisis —dijo.

Serena la pareja escuchó el diagnóstico. El panorama no era halagador. Le quedaban escasos meses de vida. Salieron del hospital con varios pliegos de recetas para los tratamientos y una cita de control a la que no sabían si llegaría.

Tres meses después, frente al espejo, una extraña la miraba fijamente a los ojos.

—Ring ring.

—¡Hola! —dijo Carmela.

—Con el señor Osvaldo por favor —dijo una voz varonil.

—Él no se encuentra. Quiere dejarle algún mensaje —dijo ella.

—Sí. Hablo del Campo Santo Lirio Azul. Dígale por favor que la apertura a nombre de la señora Carmela ya está lista. Que solo tiene que avisar en cuanto necesite usarla.

—Sí señor, gracias —dijo ella.

—Con quién tengo el gusto —dijo el hombre.

—Con la señora Carmela —dijo ella.

Colgó el teléfono y siguió observando aquella desconocida frente al espejo.



Basada en hechos reales, se cambia, por respeto, el nombre de los personajes. Poco tiempo después ella falleció.

Heredia, Costa Rica
noviembre 14, 2020
Un relato sobrecogedor, Ligia.
Siempre anda mirándonos un extraño en los espejos, pero de ahí a que nos cojan turno para lo inevitable dista un mundo.
Qué bien hilvanada la presentación, el nudo y el desenlace; con el añadido de la sorpresa, aunque no sea agradable.
Me encantó.

Un gran abrazo.
 
Un relato lleno de sensibilidad que toca el alma y nos recuerda que el día menos pensado nuestro reloj de vida se detendrá en un momento no deseado por nosotros. Un placer leerle poetisa
 
Última edición:
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Verano del 2018

El sol de la tarde hería los vitrales. Desde la sala de espera, segunda butaca, Carmela, con su mirada azul, por el cristal, observaba los celajes, mientras Osvaldo, su esposo, sostenía su mano y de rato en rato la miraba sin pronunciar palabra.

—Carmela, consultorio número cinco —dijo la secretaria.

Ella, con su acostumbrada elegancia, se puso de pie, erguida caminó hacia el recinto, traspasó la puerta, saludó y se sentó frente al médico. Su esposo en silencio la siguió y se sentó junto a ella.

—Vamos a ver —dijo el médico.

Abrió el expediente y repasó los últimos folios.

—Tenemos el resultado de los análisis —dijo.

Serena la pareja escuchó el diagnóstico. El panorama no era halagador. Le quedaban escasos meses de vida. Salieron del hospital con varios pliegos de recetas para los tratamientos y una cita de control a la que no sabían si llegaría.

Tres meses después, frente al espejo, una extraña la miraba fijamente a los ojos.

—Ring ring.

—¡Hola! —dijo Carmela.

—Con el señor Osvaldo por favor —dijo una voz varonil.

—Él no se encuentra. Quiere dejarle algún mensaje —dijo ella.

—Sí. Hablo del Campo Santo Lirio Azul. Dígale por favor que la apertura a nombre de la señora Carmela ya está lista. Que solo tiene que avisar en cuanto necesite usarla.

—Sí señor, gracias —dijo ella.

—Con quién tengo el gusto —dijo el hombre.

—Con la señora Carmela —dijo ella.

Colgó el teléfono y siguió observando aquella desconocida frente al espejo.



Basada en hechos reales, se cambia, por respeto, el nombre de los personajes. Poco tiempo después ella falleció.

Heredia, Costa Rica
noviembre 14, 2020
Debe ser difícil recibir personalmente tal noticia sobre el lugar donde reposarán nuestros restos y difícil para quien hizo la llamada al dar la noticia a quien no debía recibirla. Excelente relato nos dejas, Ligia. Siempre es un gusto pasar por tus letras. Un abrazo enorme.
Saludos con mi cariño de siempre, Azalea.
 
Hola vecinita , un gusto encontrarte en línea con este escrito muy bien hilvanado para contar ese caso tan peculiar que pasó.
Te mando un abrazo cargado de mi cariño.
Feliz fin de semana .
Saludos vecinita!

Gracias por acercarte a mi espacio de letrillas en este intento por contar ese hecho desafortunado diría yo. Un abrazote y mi cariño bella Elbita, un millónnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn...

ligiA
 
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Verano del 2018

El sol de la tarde hería los vitrales. Desde la sala de espera, segunda butaca, Carmela, con su mirada azul, por el cristal, observaba los celajes, mientras Osvaldo, su esposo, sostenía su mano y de rato en rato la miraba sin pronunciar palabra.

—Carmela, consultorio número cinco —dijo la secretaria.

Ella, con su acostumbrada elegancia, se puso de pie, erguida caminó hacia el recinto, traspasó la puerta, saludó y se sentó frente al médico. Su esposo en silencio la siguió y se sentó junto a ella.

—Vamos a ver —dijo el médico.

Abrió el expediente y repasó los últimos folios.

—Tenemos el resultado de los análisis —dijo.

Serena la pareja escuchó el diagnóstico. El panorama no era halagador. Le quedaban escasos meses de vida. Salieron del hospital con varios pliegos de recetas para los tratamientos y una cita de control a la que no sabían si llegaría.

Tres meses después, frente al espejo, una extraña la miraba fijamente a los ojos.

—Ring ring.

—¡Hola! —dijo Carmela.

—Con el señor Osvaldo por favor —dijo una voz varonil.

—Él no se encuentra. Quiere dejarle algún mensaje —dijo ella.

—Sí. Hablo del Campo Santo Lirio Azul. Dígale por favor que la apertura a nombre de la señora Carmela ya está lista. Que solo tiene que avisar en cuanto necesite usarla.

—Sí señor, gracias —dijo ella.

—Con quién tengo el gusto —dijo el hombre.

—Con la señora Carmela —dijo ella.

Colgó el teléfono y siguió observando aquella desconocida frente al espejo.



Basada en hechos reales, se cambia, por respeto, el nombre de los personajes. Poco tiempo después ella falleció.

Heredia, Costa Rica
noviembre 14, 2020
En ocasiones la vida es dura, muy dura. Las enfermedades nos golpean y dejan un poso de dolor y de amargura que nos van cambiando. Mas, la realidad termina por imponerse y ocurren casos como el que cuentas en los que la insensibilidad de una persona, endurecida por su oficio, supone un aldabonazo triste en la realidad que se va terminando.
No siempre es así. Me tocó ejercer como médico muchos años en pueblos pequeños y la muerte fue compañera en más ocasiones que las que yo hubiese querido; y muchas veces veces esa muerte me golpeó en ese paciente al que terminé por tomar auténtico aprecio.
Un cordial abrazo. Cuídate mucho.
 
Un relato sobrecogedor, Ligia.
Siempre anda mirándonos un extraño en los espejos, pero de ahí a que nos cojan turno para lo inevitable dista un mundo.
Qué bien hilvanada la presentación, el nudo y el desenlace; con el añadido de la sorpresa, aunque no sea agradable.
Me encantó.

Un gran abrazo.
Saludos Alonso! Feliz 2021 junto a los tuyos.

Me alegra tenerte en mi espacio y recibir tan grato comentarios, un abrazo en la distancia y un millónnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn...

ligiA
 
Un relato lleno de sensibilidad que toca el alma y nos recuerda que el día menos pensado nuestro reloj de vida se detendrá en un momento no deseado por nosotros. Un placer leerle poetisa
Gracias Guadalupe, ciertamente así es.

Feliz 2021 junto a los tuyos, mi gratitud, un millónnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn...

ligiA
 
Una historia dolorosa y con un sorprendente y amargo cierre, un placer de lectura donde el desarrollo es muy bien ligado con lírica de altura. Excelente prosa, vaya un saludo para usted.
 
Debe ser difícil recibir personalmente tal noticia sobre el lugar donde reposarán nuestros restos y difícil para quien hizo la llamada al dar la noticia a quien no debía recibirla. Excelente relato nos dejas, Ligia. Siempre es un gusto pasar por tus letras. Un abrazo enorme.
Saludos con mi cariño de siempre, Azalea.
Saludos linda!

gracias por pasarte por mi espacio y dejar tu fina huellita, si un infortunio lo sucedido, eso fue real, gracias por esos lindos detalles un millónnnnnnnnnnnnnnnnn...

ligiA
 
Hay situaciones tan terribles en la vida que se nos hace difícil imaginar.
Tu maravillosa pluma nos ha regalado un gran relato, lleno de sensibilidad.
Dura realidad, que sin embargo es el día a día de muchos. Me tocó el alma
este recorrido por tus letras. Besitos cariñosos apretados en tus mejillas.
 
Una dolorosa realidad que alcanza a una pareja. El drama de la vida -nacemos y nos encaminamos a la muerte -, el misterio y todas sus interrogantes de pronto cobran importancia y de pronto nos damos cuenta de la "vanidad de vanidades" que son todos los planes y de lo efímera que es nuestra presencia en los que amamos..., la mayor ironía quizás. Y queremos trascender ¿Será eso posible? Parece que es difícil en los propios términos y ámbitos que humanamente lo anhelamos ¿Hay otros términos? de la respuesta a esto nace la esperanza o la desesperanza.
Gran escrito que inyecta el sentimiento e invita a la reflexión. Un lujo leerte compatriota. Un abrazo hasta Heredia.
 

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