QUINSONNAS
Poeta fiel al portal
Soportando la herida de un suplicio
atroz es el tormento que supuro
al gangrenar, con su veneno puro,
a mi cuerpo, mi espíritu y mi juicio.
Supone, combatirlo, un sacrificio
en que pasar de página es muy duro
e implacable, su aroma de cianuro,
es quien me empuja, cruel, a un precipicio.
El daño que me causa es invisible
y delirios de agónicos desplantes
solo percibo de su andar severo.
Su ejército resulta indestructible,
unas huestes, eternas y tajantes,
que rechazan saber lo que te quiero.
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