Mi plan para este escrito está en mis manos, en mi inexperiencia, la cual, en pocas palabras puede terminarlo. Pero bueno, soy así y si algo lamento es no haber escrito antes y las limitaciones que me dificultan hoy encontrarles buen camino a mis ideas.
Como dije antes, el plan no es hacer un largo escrito, ni tampoco armonioso. Para hacerlo así se necesita ser un profesional en crear y pegar, al pie de la letra, claras las ideas en el sublime mundo de las ortografías. Aún así escriba mal, no puedo darme el lujo de dejar fueras las ideas que se vienen.
Una de las razones del por qué escribo, así no sea perfecto, ni tenga toda una audiencia, es porque cada palabra leída o escrita la siento como una luz que entra a la oscuridad de mi ignorancia. Lo cierto es que cada vez hago hasta lo imposible por condensar lo poco o mucho de mis días vividos sobre éste que hoy me están prestando.
Por eso, lo que he escrito refleja lo que he vivido, lo que pienso y que, al leer, seguramente habrá cambiado.
Entonces, los días de lluvia y de frío que han comenzado traen desafíos sin el gran maestro de la luz, olor a cedros, a patios de bosque, y a la vez, imaginaciones como las hojas que han caído. Las casas, con la leña en sus chimeneas nacen el humo de los alrededores, mismo que aprieta al aire libre y al respirar de quienes bien no pueden. Como es usual, las chaquetas salen del closet, las minifaldas se esconden, se vende más café, nadie quiere despertarse temprano, se come más y las personas quieren estarse más cercas unas de las otras.
Entonces, por acá, por donde vivo, en Springfield, Oregon, hay días melancólicos, pero también de bellezas que muchos ignoran, pero yo no.
Como dije antes, el plan no es hacer un largo escrito, ni tampoco armonioso. Para hacerlo así se necesita ser un profesional en crear y pegar, al pie de la letra, claras las ideas en el sublime mundo de las ortografías. Aún así escriba mal, no puedo darme el lujo de dejar fueras las ideas que se vienen.
Una de las razones del por qué escribo, así no sea perfecto, ni tenga toda una audiencia, es porque cada palabra leída o escrita la siento como una luz que entra a la oscuridad de mi ignorancia. Lo cierto es que cada vez hago hasta lo imposible por condensar lo poco o mucho de mis días vividos sobre éste que hoy me están prestando.
Por eso, lo que he escrito refleja lo que he vivido, lo que pienso y que, al leer, seguramente habrá cambiado.
Entonces, los días de lluvia y de frío que han comenzado traen desafíos sin el gran maestro de la luz, olor a cedros, a patios de bosque, y a la vez, imaginaciones como las hojas que han caído. Las casas, con la leña en sus chimeneas nacen el humo de los alrededores, mismo que aprieta al aire libre y al respirar de quienes bien no pueden. Como es usual, las chaquetas salen del closet, las minifaldas se esconden, se vende más café, nadie quiere despertarse temprano, se come más y las personas quieren estarse más cercas unas de las otras.
Entonces, por acá, por donde vivo, en Springfield, Oregon, hay días melancólicos, pero también de bellezas que muchos ignoran, pero yo no.
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