* Como en un juego, Lesmo y un servidor, íbamos iniciando un soneto de modo que el que escribía el primer cuarteto dejaba paso al siguiente en la pluma de su compañero, y así con los tercetos hasta finalizar.
El haza
Madruga el labrador y, cada día
navega por un mar de cereales;
los trigos que iluminan los bancales
le ofrecerán el pan de cada día.
Echando la mirada en lejanía
observa la verdad de los trigales
y sabe que el valor de los jornales
es grande como escasa es su cuantía.
La vida del labriego, siempre austera,
es ir de primavera a primavera,
sembrando tras el surco del arado.
Él piensa en el silencio de aquel haza
mirando al sol que al fondo ha declinado
y al punto pasa el dueño con la caza.
El botijo
Colgado en el umbral de algún cortijo
sudando, en los veranos asegura
del agua que atesora la frescura,
en su humildad el barro del botijo.
Su nombre puede ser un acertijo
viajando de Aragón a Extremadura
según la voz del pueblo y su cultura:
pipote, búcaro, pichín, botijo.
La física y sus cálculos, precisa,
resuelve la ecuación con que la brisa
lo accionará, sin térmico animismo.
Y allí donde se pierde la memoria
no cuentan los anales de la historia
ni un fallo en tan perfecto mecanismo.
El haza
Madruga el labrador y, cada día
navega por un mar de cereales;
los trigos que iluminan los bancales
le ofrecerán el pan de cada día.
Echando la mirada en lejanía
observa la verdad de los trigales
y sabe que el valor de los jornales
es grande como escasa es su cuantía.
La vida del labriego, siempre austera,
es ir de primavera a primavera,
sembrando tras el surco del arado.
Él piensa en el silencio de aquel haza
mirando al sol que al fondo ha declinado
y al punto pasa el dueño con la caza.
El botijo
Colgado en el umbral de algún cortijo
sudando, en los veranos asegura
del agua que atesora la frescura,
en su humildad el barro del botijo.
Su nombre puede ser un acertijo
viajando de Aragón a Extremadura
según la voz del pueblo y su cultura:
pipote, búcaro, pichín, botijo.
La física y sus cálculos, precisa,
resuelve la ecuación con que la brisa
lo accionará, sin térmico animismo.
Y allí donde se pierde la memoria
no cuentan los anales de la historia
ni un fallo en tan perfecto mecanismo.
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