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Supongo

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Nada me duele.
No es cosa de que te llevaras el corazón
y me dejaras la arritmia cardiaca,
como lo imagino a veces.
Es la retórica
bastarda de intentar
encontrarles forma a las nubes.

Pero no. No es dolor así.
Este dedo magullado no pinta con sangre
tu rostro en el viento;
es que la moto se me vino encima
como a ti esa vez, a cero kilosegundos a Marte,
y te reías de tu rodilla hecha añicos
porque de niña te prohibieron llorar
por las cosas que te advirtieron no deberías hacer:
trepar al árbol, andar desnuda por la casa,
enamorarte de tipos como yo.
Estoy peleado con los destornilladores, nena,
y con el hecho de haberte dejado ir,
pero este es un cuento de fantasmas
que a nadie asusta,
pero a mí no me deja dormir ni la siesta.
Pero si esto no es dolor, ¿qué será?
La taza que dejaste con un poso de cappuccino
tiene dos moscas muertas en el caramelo:
qué bella manera de morir,
ahogadas en café, pero cogiendo.
No como nosotros:
yo lavando cucharas a las once de la noche,
pensando en escribir que nada me duele,
y tú, pues, ¿quíen sabe?, con tus piernas largas
y tu cabello imposible...
hermosa, supongo, como siempre.

16 de septiembre de 2022
 
Nada me duele.
No es cosa de que te llevaras el corazón
y me dejaras la arritmia cardiaca,
como lo imagino a veces.
Es la retórica
bastarda de intentar
encontrarles forma a las nubes.

Pero no. No es dolor así.
Este dedo magullado no pinta con sangre
tu rostro en el viento;
es que la moto se me vino encima
como a ti esa vez, a cero kilosegundos a Marte,
y te reías de tu rodilla hecha añicos
porque de niña te prohibieron llorar
por las cosas que te advirtieron no deberías hacer:
trepar al árbol, andar desnuda por la casa,
enamorarte de tipos como yo.
Estoy peleado con los destornilladores, nena,
y con el hecho de haberte dejado ir,
pero este es un cuento de fantasmas
que a nadie asusta,
pero a mí no me deja dormir ni la siesta.
Pero si esto no es dolor, ¿qué será?
La taza que dejaste con un poso de cappuccino
tiene dos moscas muertas en el caramelo:
qué bella manera de morir,
ahogadas en café, pero cogiendo.
No como nosotros:
yo lavando cucharas a las once de la noche,
pensando en escribir que nada me duele,
y tú, pues, ¿quíen sabe?, con tus piernas largas
y tu cabello imposible...
hermosa, supongo, como siempre.

16 de septiembre de 2022
Y si no lo averiguas pues que se quede así para siempre.
Un abrazo, Pedro.
 
Nada me duele.
No es cosa de que te llevaras el corazón
y me dejaras la arritmia cardiaca,
como lo imagino a veces.
Es la retórica
bastarda de intentar
encontrarles forma a las nubes.

Pero no. No es dolor así.
Este dedo magullado no pinta con sangre
tu rostro en el viento;
es que la moto se me vino encima
como a ti esa vez, a cero kilosegundos a Marte,
y te reías de tu rodilla hecha añicos
porque de niña te prohibieron llorar
por las cosas que te advirtieron no deberías hacer:
trepar al árbol, andar desnuda por la casa,
enamorarte de tipos como yo.
Estoy peleado con los destornilladores, nena,
y con el hecho de haberte dejado ir,
pero este es un cuento de fantasmas
que a nadie asusta,
pero a mí no me deja dormir ni la siesta.
Pero si esto no es dolor, ¿qué será?
La taza que dejaste con un poso de cappuccino
tiene dos moscas muertas en el caramelo:
qué bella manera de morir,
ahogadas en café, pero cogiendo.
No como nosotros:
yo lavando cucharas a las once de la noche,
pensando en escribir que nada me duele,
y tú, pues, ¿quíen sabe?, con tus piernas largas
y tu cabello imposible...
hermosa, supongo, como siempre.

16 de septiembre de 2022
Cuanta nostalgia maldita, algún día ha de cicatrizar esa herida, por lo pronto no queda otra que escribir, porque escribes de maravilla. Un placer leerte. Luciana.
 
Nada me duele.
No es cosa de que te llevaras el corazón
y me dejaras la arritmia cardiaca,
como lo imagino a veces.
Es la retórica
bastarda de intentar
encontrarles forma a las nubes.

Pero no. No es dolor así.
Este dedo magullado no pinta con sangre
tu rostro en el viento;
es que la moto se me vino encima
como a ti esa vez, a cero kilosegundos a Marte,
y te reías de tu rodilla hecha añicos
porque de niña te prohibieron llorar
por las cosas que te advirtieron no deberías hacer:
trepar al árbol, andar desnuda por la casa,
enamorarte de tipos como yo.
Estoy peleado con los destornilladores, nena,
y con el hecho de haberte dejado ir,
pero este es un cuento de fantasmas
que a nadie asusta,
pero a mí no me deja dormir ni la siesta.
Pero si esto no es dolor, ¿qué será?
La taza que dejaste con un poso de cappuccino
tiene dos moscas muertas en el caramelo:
qué bella manera de morir,
ahogadas en café, pero cogiendo.
No como nosotros:
yo lavando cucharas a las once de la noche,
pensando en escribir que nada me duele,
y tú, pues, ¿quíen sabe?, con tus piernas largas
y tu cabello imposible...
hermosa, supongo, como siempre.

16 de septiembre de 2022

Lo leí varias verces, es un poema hermoso. Saludos, amigo.
 

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