El último verso tiene sustancia, y mucha. Bueno, querida amiga, es tu poema toda una declaración de amor incondicional, de entrega total, desde tu propia pasión que te impulsa a esa entrega y desde una cierta piedad o compasión por el pesar del ser a quien te diriges, con ese regusto agridulce que produce el placer de entregar momentos de arrebatador gozo a la persona por la que se siente un tanto de lástima, y que al mismo tiempo, precisamente por su desgracia, la encontramos irresistiblemente atractiva.
Esas estrofas en versos dodecasílabos son de altura, perfectas en su ritmo y rima, y el léxico empleado se conforma como el perfecto vehículo para trasladar esos pensamientos, esas emociones. Y todo ello es natural, pues es Luviam quien las ha escrito, y menos no se puede esperar de tan rica y sensible poetisa.
Todo el poema es para enmarcarlo, mas deja que señale unos versos que me han llegado especialmente:
el verso que nunca logré redactar,
el beso deseado que nunca te di,
el vino ilusorio que jamás bebí.
el vuelo encumbrado de alondras lejanas
la libido atada que no desaté.
Te dejo las estrellas del cielo eterno, preciosa flor de fragante esencia femenina, sus destellos iluminan el aura que te envuelve, y te hacen más hermosa. Y, si la maquinilla quiere, que no querrá, jaja, reputación merecida, mas sea como sea la tienes en mi corazón que se rinde a la grandeza de tu poesía.
Besos, querida y admirada amiga mía, besos en alas de los vientos.