Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Pobre David que ya perdió su Betsabé de maravillas,
su piedra, su fe y su carisma luego que despertó
y miró con ojos tristes los míos llenos de alegría
al tenerte a ti en mi corazón.
Ya no llores Salomón, entiende que sólo yo
tengo los besos dulces de esta reina,
dispense usted Don Abraham
pero yo le juro que Agar nunca besó como ella.
Adán sintiéndose importante por dar una costilla
ayer que vino a cenar se ha puesto a llorar,
al espiar tu pierna en el sofá
y reconocer que Eva no te llega a las rodillas.
Mujeres hay en cada calle y por montón
pero bien que sabe mi corazón,
que tú eres la mejor que yo podía tener,
antes te trataba de usted, ahora te trato de amor.
Moisés regaló las tablas de la ley
a cambio de un sesenta y nueve con las hijas de Lot,
pero al mirarte desnuda en el colchón
anduvo cuarenta años en el desierto
llorando con sufrimiento no poder besarte como yo.
Herodes que apenas hoy se ha comido a Salomé
salió corriendo a esconderse en tu closet,
con la fe de poder ver tus pechos a través de la rendija,
mientras Abel pide una cita para sacrificarse por ti.
Mujeres hay en cada calle y por montón,
que lo diga Noé que hoy se mató
al ver el diluvio de caricias que ofrecimos...
y que dejó cansado al colchón... tú conmigo.
su piedra, su fe y su carisma luego que despertó
y miró con ojos tristes los míos llenos de alegría
al tenerte a ti en mi corazón.
Ya no llores Salomón, entiende que sólo yo
tengo los besos dulces de esta reina,
dispense usted Don Abraham
pero yo le juro que Agar nunca besó como ella.
Adán sintiéndose importante por dar una costilla
ayer que vino a cenar se ha puesto a llorar,
al espiar tu pierna en el sofá
y reconocer que Eva no te llega a las rodillas.
Mujeres hay en cada calle y por montón
pero bien que sabe mi corazón,
que tú eres la mejor que yo podía tener,
antes te trataba de usted, ahora te trato de amor.
Moisés regaló las tablas de la ley
a cambio de un sesenta y nueve con las hijas de Lot,
pero al mirarte desnuda en el colchón
anduvo cuarenta años en el desierto
llorando con sufrimiento no poder besarte como yo.
Herodes que apenas hoy se ha comido a Salomé
salió corriendo a esconderse en tu closet,
con la fe de poder ver tus pechos a través de la rendija,
mientras Abel pide una cita para sacrificarse por ti.
Mujeres hay en cada calle y por montón,
que lo diga Noé que hoy se mató
al ver el diluvio de caricias que ofrecimos...
y que dejó cansado al colchón... tú conmigo.