coral
Una dama muy querida en esta casa.
Un grito en el silencio
Hoy habla mi silencio,
son sólo mis reproches,
no sé, tal vez no se han dado cuenta
que se termina mi existencia.
He sembrado semillas,
pero tal vez, no aboné mi tierra
y esperando que germinaran los frutos
tuve que escapar a un mundo vagabundo.
Allí, no encuentro dueño
pero dejo mis sueños
escrito en mis desvelos,
allí deambulan errantes mariposas,
claveles rojos y secas azucenas,
En un manto cubierto por el verde follaje de la selva
se esconde mi cuerpo y mis ojos se alejan,
se extravían en la inmensidad de la luna
al amparo de las estrellas.
¡Es una fantasía gaseosa, esquiva!
pero siento la dicha de saberme querida,
y como hacen las garzas después de las sequías
no encuentran donde posar sus patas.
Mi casa se la lleva una triste brisa
y enlagunadas de aguceros
se encuentran las pupilas.
¡Cuán grande es mi agonía!
pensar que cuando pienso vivir un nuevo día,
debo sellar mis labios
para no entrar en litigios
y yo vivo muriendo por falta de su abrigo.
Tan sólo en mis adentros
se escuchan pesadumbres,
cascadas de palabras detenidas
guardando entre mi alma un grito en el silencio.
Prudencia Arenas
Coral
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