Mercedes Bou Ibáñez
Poeta recién llegado
Un ocho de marzo...
.
La muerte madrugó, llegó temprano,
todavía el lucero, legañoso,
no tenía ese brillo luminoso
que anuncia la alborada por el llano.
.
Las nubes se cogieron de la mano,
el día amenazaba ser lluvioso,
sobrevino un silencio embarazoso
al escuchar un trueno muy cercano.
.
Me quedé ante la muerte derrotada
y de nada sirvió mi alma de acero
al contemplar tu cara demacrada.
.
Grita mi corazón con desespero,
mientras dirijo al cielo la mirada;
¡Una respuesta Dios, tan solo quiero!
.
Nunca debiera una madre
a sus hijos enterrar,
tan solo espero que un día,
si existe un Dios de verdad
tenga una buena respuesta
y me lo pueda explicar.
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