Cuando me miro, hermanos, al espejo,
nada más levantarme de mañana,
mi cabellera me la encuentro cana
diciéndome, sin más, que estoy ya viejo.
Y no miente el azogue aun si me alejo
a matar cada día la desgana,
y me estorba hasta el sol de la ventana,
que entrar bastantes veces ni le dejo.
Si en tantas ocasiones fui sin juicio,
con la ayuda eficaz de cierto vicio
que impregnó lo profundo de mi mente,
ahora acierto más cuanto más callo,
ya que en vida no he sido más valiente
que en el suelo, espantado mi caballo.
nada más levantarme de mañana,
mi cabellera me la encuentro cana
diciéndome, sin más, que estoy ya viejo.
Y no miente el azogue aun si me alejo
a matar cada día la desgana,
y me estorba hasta el sol de la ventana,
que entrar bastantes veces ni le dejo.
Si en tantas ocasiones fui sin juicio,
con la ayuda eficaz de cierto vicio
que impregnó lo profundo de mi mente,
ahora acierto más cuanto más callo,
ya que en vida no he sido más valiente
que en el suelo, espantado mi caballo.