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Versos que sobran

lesmo

Poeta veterano en el portal
Versos que sobran

Catorce versos sobran a esta historia
ahora que es la hora del ocaso;
echando el pensamiento atrás, acaso
me mienta, solo un poco, la memoria.

La vida, algunas veces, ilusoria
maquilla las facciones del fracaso
y, cuando se va yendo paso a paso,
en descenso se está sobre la noria.

Decía que me sobran en la cuenta
los versos, tres o cuatro, qué más da,
para cantarle aquí a la mala suerte.

La ristra de pecados se presenta
y en tanto que se dice ¡basta ya!,
más cerca, un poco más, está la muerte.
 
Última edición:
Versos que sobran

Catorce versos sobran a esta historia
ahora que es la hora del ocaso;
echando el pensamiento atrás, acaso
me mienta, solo un poco, la memoria.

La vida, algunas veces, ilusoria
maquilla las facciones del fracaso
y, cuando se va yendo paso a paso,
en descenso se está sobre la noria.

Decía que me sobran en la cuenta
los versos, tres o cuatro, qué más da,
para cantarle aquí a la mala suerte.

La ristra los pecados se presenta
y en tanto que se dice ¡basta ya!,
más cerca, un poco más, está la muerte.
Buenas tardes.
Maravillosas letras me dejas a mi alcance.
Gracias por ponerlas.
Un beso
 
Versos que sobran

Catorce versos sobran a esta historia
ahora que es la hora del ocaso;
echando el pensamiento atrás, acaso
me mienta, solo un poco, la memoria.

La vida, algunas veces, ilusoria
maquilla las facciones del fracaso
y, cuando se va yendo paso a paso,
en descenso se está sobre la noria.

Decía que me sobran en la cuenta
los versos, tres o cuatro, qué más da,
para cantarle aquí a la mala suerte.

La ristra de pecados se presenta
y en tanto que se dice ¡basta ya!,
más cerca, un poco más, está la muerte.

Hola Salvador, muy prundo tu poema. En una conferencia que daba wayne dyer, que ha escrito muchos libros como Tus zonas Erróneas.
Siempre tratando de dar respuestas para mejorar nuestra calidad de vida, dice algo así, si cambiamos la mirada en que vemos las cosas, ....las cosas cambias.
La suerte depende de cómo la mires es mala o es buena y hay un cuento

“Una historia china habla de un anciano labrador, viudo y muy pobre, que vivía en una aldea, también muy necesitada.
Un cálido día de verano, un precioso caballo salvaje, joven y fuerte, descendió de los prados de las montañas a buscar comida y bebida en la aldea. Ese verano, de intenso sol y escaso de lluvias, había quemado los pastos y apenas quedaba gota en los arroyos. De modo que el caballo buscaba desesperado la comida y bebida con las que sobrevivir.

Quiso el destino que el animal fuera a parar al establo del anciano labrador, donde encontró la comida y la bebida deseadas. El hijo del anciano, al oír el ruido de los cascos del caballo en el establo, y al constatar que un magnífico ejemplar había entrado en su propiedad, decidió poner la madera en la puerta de la cuadra para impedir su salida.

La noticia corrió a toda velocidad por la aldea y los vecinos fueron a felicitar al anciano labrador y a su hijo. Era una gran suerte que ese bello y joven rocín salvaje fuera a parar a su establo. Era en verdad un animal que costaría mucho dinero si tuviera que ser comprado. Pero ahí estaba, en el establo, saciando tranquilamente su hambre y sed.

Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaron para felicitarle por tal regalo inesperado de la vida, el labrador les replicó: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. Y no entendieron…

Pero sucedió que, al dia siguiente, el caballo ya saciado, al ser ágil y fuerte como pocos, logró saltar la valla de un brinco y regresó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaron para condolerse con él y lamentar su desgracia, éste les replicó: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. Y volvieron a no entender…

Una semana después, el joven y fuerte caballo regresó de las montañas trayendo consigo una caballada inmensa y llevándoles, uno a uno, a ese establo donde sabía que encontraría alimento y agua para todos los suyos. Hembras jóvenes en edad de procrear, potros de todos los colores, más de cuarenta ejemplares seguían al corcel que una semana antes había saciado su sed y apetito en el establo del anciano labrador. ¡Los vecinos no lo podían creer! De repente, el anciano labrador se volvía rico de la manera más inesperada. Su patrimonio crecía por fruto de un azar generoso con él y su familia. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su extraordinaria buena suerte. Pero éste, de nuevo les respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. Y los vecinos, ahora sí, pensaron que el anciano no estaba bien de la cabeza. Era indudable que tener, de repente y por azar, más de cuarenta caballos en el establo de casa sin pagar un céntimo por ellos, solo podía ser buena suerte.

Pero al día siguiente, el hijo del labrador intentó domar precisamente al guía de todos los caballos salvajes, aquél que había llegado la primera vez, huído al día siguiente, y llevado de nuevo a toda su parada hacia el establo. Si le domaba, ninguna yegua ni potro escaparían del establo. Teniendo al jefe de la manada bajo control, no había riesgo de pérdida. Pero ese corcel no se andaba con chiquitas, y cuando el joven lo montó para dominarlo, el animal se encabritó y lo pateó, haciendo que cayera al suelo y recibiera tantas patadas que el resultado fue la rotura de huesos de brazos, manos, pies y piernas del muchacho. Naturalmente, todo el mundo consideró aquello como una verdadera desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. A lo que los vecinos ya no supieron qué responder.

Y es que, unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Pero cuando vieron al hijo del labrador en tan mal estado, le dejaron tranquilo, y siguieron su camino. Los vecinos que quedaron en la aldea, padres y abuelos de decenas de jóvenes que partieron ese mismo día a la guerra, fueron a ver al anciano labrador y a su hijo, y a expresarles la enorme buena suerte que había tenido el joven al no tener que partir hacia una guerra que, con mucha probabilidad, acabaría con la vida de muchos de sus amigos. A lo que el longevo sabio respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”.
Y es cierto que, en muchas ocasiones, lo que nos parece una bendición acaba convirtiéndose en una pesadilla, mientras que en tantas otras, lo que parece un revés, quizás nos abre la puerta a una situación que, con el paso del tiempo, agradeceremos.


Disculpa por exstenderme, pero hablas de la muerte morimos cada día a partir de que nacemos.
Tu poema me ha traído un millon se pensamientos porque tengo una vida espiritual, pensamientos positivas para sobrellevar esta vida llena de miserias humanas, ahora mismo en medio de la pandemia.
Te aprecio mucho Salvador. y aquí esta tu poema que me encanta porque puedo decir a travez de tus letras que aún hay esperanzas si abrimos nuestro corazón.-
Te dejo un abrazo y espero que estes bien de Salud junto con tu amada familia.-
 
Versos que sobran

Catorce versos sobran a esta historia
ahora que es la hora del ocaso;
echando el pensamiento atrás, acaso
me mienta, solo un poco, la memoria.

La vida, algunas veces, ilusoria
maquilla las facciones del fracaso
y, cuando se va yendo paso a paso,
en descenso se está sobre la noria.

Decía que me sobran en la cuenta
los versos, tres o cuatro, qué más da,
para cantarle aquí a la mala suerte.

La ristra de pecados se presenta
y en tanto que se dice ¡basta ya!,
más cerca, un poco más, está la muerte.
Puede que sobren versos, gente, "poetas", "poemas", y hasta tiempo; pero nunca tus versos, aunque hablen de gente, de poetas, de poemas o del tiempo.
Así lo siento, y así lo digo.

Yastoycalláo.

Abrazos.
 
Versos que sobran

Catorce versos sobran a esta historia
ahora que es la hora del ocaso;
echando el pensamiento atrás, acaso
me mienta, solo un poco, la memoria.

La vida, algunas veces, ilusoria
maquilla las facciones del fracaso
y, cuando se va yendo paso a paso,
en descenso se está sobre la noria.

Decía que me sobran en la cuenta
los versos, tres o cuatro, qué más da,
para cantarle aquí a la mala suerte.

La ristra de pecados se presenta
y en tanto que se dice ¡basta ya!,
más cerca, un poco más, está la muerte.
No creo que sobre ningún verso, ni una coma, ni siquiera un ilusorio maquillaje.
Siempre rima la muerte con la suerte; pero, claro, existen las buenas y las malas; y los ocaso, si acaso, para luego... aunque el descenso muestre sus vistas.
Se agradece la lectura, Lesmo, y, de momento, el lugar y el espacio que ocupamos.

Un abrazo.
 
Versos que sobran

Catorce versos sobran a esta historia
ahora que es la hora del ocaso;
echando el pensamiento atrás, acaso
me mienta, solo un poco, la memoria.

La vida, algunas veces, ilusoria
maquilla las facciones del fracaso
y, cuando se va yendo paso a paso,
en descenso se está sobre la noria.

Decía que me sobran en la cuenta
los versos, tres o cuatro, qué más da,
para cantarle aquí a la mala suerte.

La ristra de pecados se presenta
y en tanto que se dice ¡basta ya!,
más cerca, un poco más, está la muerte.
Pues yo no veo versos sobrantes y vaya que he leído y releído este extraordinario soneto.
Lo que sobra es Talento Salvador, eso sí.
Un abrazo poeta
 
Versos que sobran

Catorce versos sobran a esta historia
ahora que es la hora del ocaso;
echando el pensamiento atrás, acaso
me mienta, solo un poco, la memoria.

La vida, algunas veces, ilusoria
maquilla las facciones del fracaso
y, cuando se va yendo paso a paso,
en descenso se está sobre la noria.

Decía que me sobran en la cuenta
los versos, tres o cuatro, qué más da,
para cantarle aquí a la mala suerte.

La ristra de pecados se presenta
y en tanto que se dice ¡basta ya!,
más cerca, un poco más, está la muerte.

Mira la historia que te escribe Catia. Nunca se sabe.
De pronto, te da una sensibilidad poética que yo quisiera y no digamos la humanida de la que rebosan tus versos.
En tus versos nunca sobra nada; en los míos todo.
Un fraternal abrazo, amigo Salvador.
Rique.
 
Versos que sobran

Catorce versos sobran a esta historia
ahora que es la hora del ocaso;
echando el pensamiento atrás, acaso
me mienta, solo un poco, la memoria.

La vida, algunas veces, ilusoria
maquilla las facciones del fracaso
y, cuando se va yendo paso a paso,
en descenso se está sobre la noria.

Decía que me sobran en la cuenta
los versos, tres o cuatro, qué más da,
para cantarle aquí a la mala suerte.

La ristra de pecados se presenta
y en tanto que se dice ¡basta ya!,
más cerca, un poco más, está la muerte.
Excelente soneto, y te prometo que están los catorce versos y no sobra ninguno. Un abrazo muy cordial.
Miguel
 
Versos que sobran

Catorce versos sobran a esta historia
ahora que es la hora del ocaso;
echando el pensamiento atrás, acaso
me mienta, solo un poco, la memoria.

La vida, algunas veces, ilusoria
maquilla las facciones del fracaso
y, cuando se va yendo paso a paso,
en descenso se está sobre la noria.

Decía que me sobran en la cuenta
los versos, tres o cuatro, qué más da,
para cantarle aquí a la mala suerte.

La ristra de pecados se presenta
y en tanto que se dice ¡basta ya!,
más cerca, un poco más, está la muerte.









Buenísimo. Es simplemente buenísimo.
 
Versos que sobran

Catorce versos sobran a esta historia
ahora que es la hora del ocaso;
echando el pensamiento atrás, acaso
me mienta, solo un poco, la memoria.

La vida, algunas veces, ilusoria
maquilla las facciones del fracaso
y, cuando se va yendo paso a paso,
en descenso se está sobre la noria.

Decía que me sobran en la cuenta
los versos, tres o cuatro, qué más da,
para cantarle aquí a la mala suerte.

La ristra de pecados se presenta
y en tanto que se dice ¡basta ya!,
más cerca, un poco más, está la muerte.
Triste y emotivo poema, Salvador. Me llama un poco la atención tu silencio. Espero que estés bien. Te dejo mi gran admiración.
Fuerte abrazo.
 
Versos que sobran

Catorce versos sobran a esta historia
ahora que es la hora del ocaso;
echando el pensamiento atrás, acaso
me mienta, solo un poco, la memoria.

La vida, algunas veces, ilusoria
maquilla las facciones del fracaso
y, cuando se va yendo paso a paso,
en descenso se está sobre la noria.

Decía que me sobran en la cuenta
los versos, tres o cuatro, qué más da,
para cantarle aquí a la mala suerte.

La ristra de pecados se presenta
y en tanto que se dice ¡basta ya!,
más cerca, un poco más, está la muerte.

Pues no veo que sobren versos mi buen amigo y mucho menos si parten de tu maestría, responsable de este magnífico soneto que muy bien he disfrutado.
Fuerte abrazo Salva con toda mi admiración a tu persona.
 
Hay momentos Salvador, y tú bien sabes, que la tristeza o la pena oculta nos hace escribir los mejores versos y realmente estos son excepcionales.
El poeta siente siempre de una manera especial, se abstrae en su mundo y por eso no me preocupo de la falsa pero bella descripción de lo que acabas de escribir pues sé que estás bien y esperando que en breve con nuestro grupo, nos podamos ver en Granada, romper el cielo, escribir y reirnos,
Un abrazo
 

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