Melquiades San Juan
Poeta veterano en MP
...es importante develar al ser que murmura a través de sus letras desde su propio mundo. No es lo filosófico, que pudiera dar lugar a disertaciones no deseadas quizá; sino el murmullo que nace más allá del ser que inevitablemente está expuesto a la vida y trasiega por ella en un valle sombrío y misterioso, creado talvez para salvaguardarse de sus propios barrotes.
La voz sale del la celda y se esparce extramuros con esa voz doliente y apagada de los fantasmas. Las rutinas ambientan el escenario tenebroso que vuelve imperceptible su silueta a las miradas. No se mira: es un ambiente gótico perfecto, pero la voz, la palabra, tiene un mensaje entre letras que revela sus misterios involuntariamente.
No es la sombra la que aparece ante los ojos del alma. Es algo desnudo y temeroso que maneja la queja y disimula entre ella la manipulación humana, no sólo la femenina. Se disuelve la tiniebla y tras la voz y aparece un espejo que no refleja imágenes humanas, refleja algo más complejo: la trama del erizo de mil puntas afiladas que se duele por la falta de caricias. No es humano, no en el sentido existencialista. Los es en el sentido más absurdo: la voracidad de los mercados del entretenimiento y de la creación de contenidos para la industria fílmica y comedia que debe durar 15 minutos, intercalados en otros 45 de anuncios de los patrocinadores. Los personajes viven su tragicomedia ficticia de incomprensión y vacuidad en medio de un ambiente estereotipado que adolece de las preocupaciones humanas básicas.
Solo es comprensible la trama si ahondamos en ella más allá de lo que el diálogo quiere proponer para interesar al espectador. Detrás está la nada, el absurdo, si fuera real sólo veríamos una crisis surgida desde al hábito de no hacer nada: los conflictos del ocio.
Lo malo es que las imágenes educan e influyen, y ese mundo falso de mala trama, surgido de la necesidad de hacer contenidos para competir se va quedando en el imaginario colectivo que lo va llevando a su cotidianidad, haciendo de su vida un mundo absurdo. Nos venden jóvenes que en un ataque de locura comenten crímenes asombrosos. La muerte se vuelve un evento impresionante, el asesino tiene una personalidad hecha para el video. La masa expectante no tiene el tiempo ni la capacidad para arrancar de su conceptualización de lo real eso ficticio, eso llevado a los tiempos de venta para procurar clientes a los medios.
Una mañana, una tarde, una noche: un individuo aparece en las pantallas, los noticieros le dan el escenario que tuvo en la teleserie o viceversa, muertos y asesino. Allá, en cada habitación tras los ojos que miran hay terror y simpatías, admiración: ¡lo hizo! ¡repitió la trama! ¡la mejoró!
Las mujeres también participan. La inconformidad ficticia, ésa que nace de la nada, de la trama absurda para que la estrella del espectáculo muestre ante la lente sus atributos plásticos, y a veces anoréxicos. Su estatus social no es como el del entorno ideal de los contenidos para los medios. No es ese mundo pleno de satisfactores de todo tipo, pero no importa, lo importante es la imitación del mundo virtual, hacerlo nuestro porque todo cuanto nos exhiben debemos hacerlo nuestro sueño realizado. De repente los reclamos sin sentido; y del otro lado viene la misma reacción: no son personas resolviendo un conflicto matrimonial, son actores. Se destruyen familias de la nada, no hay capacidad de despertar, de ver el mundo real, de sustraerse al modelo que se impone desde los medios. No hay forma de salir, la imagen no requiere tanto ejercicio de asimilación como la letra escrita, ya es imagen. Son seres que para el consciente parecen reales, por ser tan prominentes, por venir de ahí, de ese mundo maravilloso de los espectáculos, son verdad, son modelo de vida como todas las marcas que se vuelven parte de esos sueños inducidos como ideal marketin de vida.
Cuando llega el llanto no se encuentran salidas a la crisis. No hay forma de imaginar otro mundo que no sea el virtual que cotidianamente nos hacen ver como real. Las angustias, los desencantos, las frustraciones tienen que encontrar solución dentro del mismo modelo que se nos vende entre comerciales. Toda deserción es reprobable.
Parido el siglo, la evangelización comercializada crea sus nuevos dioses. Muere la letra poco a poco. La moda literaria no trasciende más allá de 144 caracteres que se escriben punteando y se leen ávidamente y sin meritorio procesos de reflexión. La gloria humana de imaginar entra en disfunción progresiva: los niños ya no desarrollan capacidades de imaginar, quieren todo mostrado ya en imágenes . Los adultos se pierden en un texto que sobrepase media cuartilla y que no le dé descanso emotivo a su neuronas.
Qué se prepara. Qué viene. Desde el siglo de las imágenes, qué inicia, a dónde va el género humano común y corriente....
luego le reviso
La voz sale del la celda y se esparce extramuros con esa voz doliente y apagada de los fantasmas. Las rutinas ambientan el escenario tenebroso que vuelve imperceptible su silueta a las miradas. No se mira: es un ambiente gótico perfecto, pero la voz, la palabra, tiene un mensaje entre letras que revela sus misterios involuntariamente.
No es la sombra la que aparece ante los ojos del alma. Es algo desnudo y temeroso que maneja la queja y disimula entre ella la manipulación humana, no sólo la femenina. Se disuelve la tiniebla y tras la voz y aparece un espejo que no refleja imágenes humanas, refleja algo más complejo: la trama del erizo de mil puntas afiladas que se duele por la falta de caricias. No es humano, no en el sentido existencialista. Los es en el sentido más absurdo: la voracidad de los mercados del entretenimiento y de la creación de contenidos para la industria fílmica y comedia que debe durar 15 minutos, intercalados en otros 45 de anuncios de los patrocinadores. Los personajes viven su tragicomedia ficticia de incomprensión y vacuidad en medio de un ambiente estereotipado que adolece de las preocupaciones humanas básicas.
Solo es comprensible la trama si ahondamos en ella más allá de lo que el diálogo quiere proponer para interesar al espectador. Detrás está la nada, el absurdo, si fuera real sólo veríamos una crisis surgida desde al hábito de no hacer nada: los conflictos del ocio.
Lo malo es que las imágenes educan e influyen, y ese mundo falso de mala trama, surgido de la necesidad de hacer contenidos para competir se va quedando en el imaginario colectivo que lo va llevando a su cotidianidad, haciendo de su vida un mundo absurdo. Nos venden jóvenes que en un ataque de locura comenten crímenes asombrosos. La muerte se vuelve un evento impresionante, el asesino tiene una personalidad hecha para el video. La masa expectante no tiene el tiempo ni la capacidad para arrancar de su conceptualización de lo real eso ficticio, eso llevado a los tiempos de venta para procurar clientes a los medios.
Una mañana, una tarde, una noche: un individuo aparece en las pantallas, los noticieros le dan el escenario que tuvo en la teleserie o viceversa, muertos y asesino. Allá, en cada habitación tras los ojos que miran hay terror y simpatías, admiración: ¡lo hizo! ¡repitió la trama! ¡la mejoró!
Las mujeres también participan. La inconformidad ficticia, ésa que nace de la nada, de la trama absurda para que la estrella del espectáculo muestre ante la lente sus atributos plásticos, y a veces anoréxicos. Su estatus social no es como el del entorno ideal de los contenidos para los medios. No es ese mundo pleno de satisfactores de todo tipo, pero no importa, lo importante es la imitación del mundo virtual, hacerlo nuestro porque todo cuanto nos exhiben debemos hacerlo nuestro sueño realizado. De repente los reclamos sin sentido; y del otro lado viene la misma reacción: no son personas resolviendo un conflicto matrimonial, son actores. Se destruyen familias de la nada, no hay capacidad de despertar, de ver el mundo real, de sustraerse al modelo que se impone desde los medios. No hay forma de salir, la imagen no requiere tanto ejercicio de asimilación como la letra escrita, ya es imagen. Son seres que para el consciente parecen reales, por ser tan prominentes, por venir de ahí, de ese mundo maravilloso de los espectáculos, son verdad, son modelo de vida como todas las marcas que se vuelven parte de esos sueños inducidos como ideal marketin de vida.
Cuando llega el llanto no se encuentran salidas a la crisis. No hay forma de imaginar otro mundo que no sea el virtual que cotidianamente nos hacen ver como real. Las angustias, los desencantos, las frustraciones tienen que encontrar solución dentro del mismo modelo que se nos vende entre comerciales. Toda deserción es reprobable.
Parido el siglo, la evangelización comercializada crea sus nuevos dioses. Muere la letra poco a poco. La moda literaria no trasciende más allá de 144 caracteres que se escriben punteando y se leen ávidamente y sin meritorio procesos de reflexión. La gloria humana de imaginar entra en disfunción progresiva: los niños ya no desarrollan capacidades de imaginar, quieren todo mostrado ya en imágenes . Los adultos se pierden en un texto que sobrepase media cuartilla y que no le dé descanso emotivo a su neuronas.
Qué se prepara. Qué viene. Desde el siglo de las imágenes, qué inicia, a dónde va el género humano común y corriente....
luego le reviso
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