Yo, que todo lo he dado por el arte,
lejos del céfiro y la flor de Gnido,
a la prosa me veo reducido
por puro y matemático descarte.
A mí, que llevo en alto su estandarte,
de penitencia por tocar de oído
―o sea, por comer haciendo ruido―,
me echan Las Musas de comer aparte.
Mas su desdén olímpico no frena
mi ansia de tener la tripa llena
y me zampo su guiso tan contento,
masticando el tocino ―que es en prosa
lo que en verso la médula gloriosa―
con tal de hacer del arte mi sustento.
lejos del céfiro y la flor de Gnido,
a la prosa me veo reducido
por puro y matemático descarte.
A mí, que llevo en alto su estandarte,
de penitencia por tocar de oído
―o sea, por comer haciendo ruido―,
me echan Las Musas de comer aparte.
Mas su desdén olímpico no frena
mi ansia de tener la tripa llena
y me zampo su guiso tan contento,
masticando el tocino ―que es en prosa
lo que en verso la médula gloriosa―
con tal de hacer del arte mi sustento.