Cuento los instantes en que te apareces sin decir nada y enumero tus ausencias para contarlas como cuentos mitológicos.
Una inevitable soledad se manifiesta tiñendo mi vida en escalas de grises; no importa lo que haga ni cuánto te escriba, nunca cambia el color de mi paleta, haciendo que dude de los murmullos que dejan las sombras al escuchar tu nombre.
Extraño contar tus lunares que eran galaxias de placeres, donde mis dedos viajaban sin prisa a explorar cada parte de tu cuerpo. Tachones aún habitan la bitácora de tu piel, que después de años son eufemismos a la muerte vestidos con manchas de cenizas.
Al final, tus poemas se los dedico a la inevitable soledad, queriendo que se enamore profundamente de mi lápiz.
Dioses sin piedad me hacen coleccionar apariciones instantáneas que, en mi libreta, se vuelven delirios de tu ausencia.
Saludos