No sé si sabes que fuimos capaces de expresar nuestro amor en un pálido papel. Ahora que te perdiste entre las líneas de la muerte, intento escribirte para revivir tu silueta en ellas.
No alcanzo a verte, pero sé que estás disuelta en mis poemas; noto tu presencia persiguiéndome al regresar a casa, o en alguna frase subrayada que te cita entre los libros de Gabo, donde recuerdan que nuestro amor, aunque ahora irreal, siempre será mágico.
Las soledades me obligaron a recibir el castigo de Apolo: transformarte en la musa poética de nuestros cuentos terrenales, como alguna vez lo fue Dafne para él. Desgraciadamente, ignoro si te has transformado en una ninfa que se baña en valles de flores, o en un fantasma que pena por los círculos del purgatorio.