Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
de todas las veces que cogimos
me quedo con aquella
cuando el interés no era tanto,
aquella con las manos frías,
con los labios salados por la cena,
aquella en la que los besos,
el ritmo y
el sudor
apenas fueron suficientes
para darle sentido,
de todas las noches que cogimos,
con o sin imaginación de fuego,
me quedo con aquella en la que el amor
fue una palabra ausente,
aquella en la que los peritos del cariño,
los estudiosos del respeto,
los tristes y desconocidos y
todos los vecinos en su desesperación
nos gritaron ¡basta de silencio!
me quedo con aquella vez
en la que nos espiaban los sensatos
apuntando es su memoria cada movimiento,
aquella en la que al hacerlo, aún con desgano,
abrimos el portón del infierno y del paraíso,
pero entendimos que al hacerlo
lo que hay atrás de esas puertas, es lo mismo.
Due. En una tarde en la que todo se ha dicho
.
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