dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Una tejedora teje
un tapiz del ancho mar
y un barquito que navega
entre las aguas de sal.
Desde su ventana mira
a un marinero bajar
a tierra desde su barco
cantando un bello cantar:
Quién pudiera en esta noche
eludir la soledad
y dormir junto a una dama
blanca como el azahar.
Pasa junto a la ventana
en la que la dama está
creando en tela la vida
de colorido sin par.
Se queda prendado de ella
viéndola tras el cristal
cómo trabajan sus manos
con alegría y afán.
La fiebre que siente al verla
lleva a su mente a pensar
un plan para que a la noche
pueda su cuerpo gozar:
Un velo tapa su cara,
su cuerpo tosco sayal,
sus rudas y recias manos
guantes de pobre percal.
Así el joven marinero
ya tejedora será.
De tarde llama a la puerta
llegando la oscuridad.
Buenas noches señorita
y a quien con usted está,
soy tejedora y quisiera
a su lado trabajar.
Sola estoy pues mi marido
no me puede acompañar
que está en la guerra de Flandes
desde hace tres años ya.
Yo pudiera acompañarla
siendo de su voluntad
que las noches son muy frías
y los días son igual
para una mujer tan sola
sin rosas en su rosal.
Si te quedas en mi casa
mis vestidos vestirás.
Sí señora sí me quedo
cómo no me he de quedar
siendo mujer como soy
y esposa de un capitán
que también está en la guerra
desde hace ya un año y más.
Esta noche, tejedora,
en mi casa dormirás
y para no pasar frío
conmigo te acostarás.
Y si con usted me quedo
su marido qué dirá
cuando vuelva de la lucha
y vea que estoy acá.
Diga lo que diga digo
que es mucha felicidad
una amiga de la infancia
y no la quiero olvidar.
Al llegar la luz del alba
y entrar por el ventanal
halla a las dos tejedoras
con la aguja en el dedal.
No te vayas tejedora,
quédate en mi telar
que se mustia sin tus manos
y sin tus labios de mar.
Eladio Parreño Elías
12-Mayo-2013