Muero de noches oscuras,
de soledades rimadas,
de gélidas madrugadas
paseando mis locuras.
Y muero de amaneceres
sin auroras ni rocíos,
de los ocasos sombríos
que traen mis atardeceres.
Muero de largas esperas,
de arco iris sin colores,
muero de campos sin flores
donde ya no hay primaveras.
Muero del verso vacío
sin enjundia, sin embrujo,
del absurdo que condujo
este mi empeño baldío.
No abrigo ningún anhelo
para después de esta muerte
porque no creo en la suerte
de encontrarme con el cielo.
Última edición: