jmacgar
Poeta veterano en el portal
Amor de infancia
La brisa de la tarde me trajo algún aroma
reanimando recuerdos lejanos de la infancia,
¡qué vívidos llegaron! ¡OH bendita fragancia!,
recordé aquella imagen, sentados en la loma,
el tiempo detenido, la tarde policroma,
y el declinante sol quieto allá en la distancia;
a mi me seducía tu infinita prestancia
y, en un instante mágico, se acercó una paloma
volando ante nosotros; giramos la cabeza
y juntos, casi a un tiempo, nos buscamos los ojos
con la mirada cómplice y como sorprendidos;
no pude contenerme, te besé por sorpresa
y nuestros labios púberes se quedaron fundidos;
brillaban a esa hora nuestros semblantes rojos.
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La brisa de la tarde me trajo algún aroma
reanimando recuerdos lejanos de la infancia,
¡qué vívidos llegaron! ¡OH bendita fragancia!,
recordé aquella imagen, sentados en la loma,
el tiempo detenido, la tarde policroma,
y el declinante sol quieto allá en la distancia;
a mi me seducía tu infinita prestancia
y, en un instante mágico, se acercó una paloma
volando ante nosotros; giramos la cabeza
y juntos, casi a un tiempo, nos buscamos los ojos
con la mirada cómplice y como sorprendidos;
no pude contenerme, te besé por sorpresa
y nuestros labios púberes se quedaron fundidos;
brillaban a esa hora nuestros semblantes rojos.
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Quiero reconocer aquí que este soneto alejandrino me lo inspiró la lectura del hermoso poema de Eduardo Carpio “Jugábamos a ser con el deseo” queriéndolo imitar, evidentemente con bastante torpeza, con estos versos.
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