ropittella
Poeta veterana en el Portal
Revindicaré tu nombre
en los poemas que le escribiste a la enfermedad.
Los escribiré en la puertas de los baños de los burdeles
que huelen a velorio desde que no los usás y
en los decorados rococó
de las abyectas, según tu madre, habitaciones
a las que llegabas borracho,
arrastrando del cuello
a tu preferida
Sí le haré un monumento a tu pene,
a tu pelo descolorido, a tu semblante amarillo,
ensancharé con él las columnas que sostienen los techos
de las catedrales erigidas en nombre de la Literatura
y la cirrosis,
llevaré algunas magnolias a tu tumba
donde los débiles han escrito
sobre una plaqueta cara
que allí de un poeta yacen los restos,
o algo así, te conocían poco.
Y me seguiré desangrando
por haberte perdido.
Nunca quise,
nunca supe
acompañarte bebiendo
hasta el último simulacro de la muerte,
todos nuestros orgasmos juntos
eran resurrecciones cuando estabas sobrio
Pero vos necesitabas de los otros,
de los de los látigos y hacerlo de parados,
a los gritos
con mordidas hasta la sangre,
eran tu otro vicio.
Ahora sí podría dártelos,
ahora que yo me emborracho
y me masturbo oliendo las magnolias
que te recordaban que había
más olores que los rancios
Sí, voy a borrar tu nombre
de la lápida que no te nombra
y en su lugar pondré aquella fotocopia
de tu pene que te gustaba tanto mostrar,
así los débiles se harán las cruces cuando te visiten.
en los poemas que le escribiste a la enfermedad.
Los escribiré en la puertas de los baños de los burdeles
que huelen a velorio desde que no los usás y
en los decorados rococó
de las abyectas, según tu madre, habitaciones
a las que llegabas borracho,
arrastrando del cuello
a tu preferida
Sí le haré un monumento a tu pene,
a tu pelo descolorido, a tu semblante amarillo,
ensancharé con él las columnas que sostienen los techos
de las catedrales erigidas en nombre de la Literatura
y la cirrosis,
llevaré algunas magnolias a tu tumba
donde los débiles han escrito
sobre una plaqueta cara
que allí de un poeta yacen los restos,
o algo así, te conocían poco.
Y me seguiré desangrando
por haberte perdido.
Nunca quise,
nunca supe
acompañarte bebiendo
hasta el último simulacro de la muerte,
todos nuestros orgasmos juntos
eran resurrecciones cuando estabas sobrio
Pero vos necesitabas de los otros,
de los de los látigos y hacerlo de parados,
a los gritos
con mordidas hasta la sangre,
eran tu otro vicio.
Ahora sí podría dártelos,
ahora que yo me emborracho
y me masturbo oliendo las magnolias
que te recordaban que había
más olores que los rancios
Sí, voy a borrar tu nombre
de la lápida que no te nombra
y en su lugar pondré aquella fotocopia
de tu pene que te gustaba tanto mostrar,
así los débiles se harán las cruces cuando te visiten.
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