La primera y la última palabra

Antonio del Olmo

Poeta que considera el portal su segunda casa
LA PRIMERA Y ÚLTIMA PALABRA

La enfermera del turno de noche se acercó a la cama del enfermo terminal de alzhéimer para cambiar la bolsa del suero. El hombre que yacía inmóvil en la cama tenía muchos años, demasiados… cuando pasó de los 90 perdió la cuenta. En ese momento se despertó, extendió la mano suplicante y pronunció la única palabra que recordaba:

- ¡Mamá!

La enfermera sonrió con tristeza y ternura mientras agarraba la mano suplicante, acerco sus labios al oído y dijo susurrando:

- Duerme, mi niño.

El hombre apretó la mano de la enfermera con las últimas fuerzas que le quedaban, sonrió y se durmió placidamente para siempre.
 
Última edición:
LA PRIMERA Y ÚLTIMA PALABRA


La enfermera del turno de noche se acercó a la cama del enfermo terminal de alzhéimer para cambiar la bolsa del suero. El hombre que yacía inmóvil en la cama tenía muchos años, demasiados… cuando pasó de los 90 perdió la cuenta. En ese momento se despertó, extendió la mano suplicante y pronunció la única palabra que recordaba:

- ¡Mamá!

La enfermera sonrió con tristeza y ternura mientras agarraba la mano suplicante, acerco sus labios al oído y dijo susurrando:


- Duerme, mi niño.


El hombre apretó la mano de la enfermera con las últimas fuerzas que le quedaban, sonrió y se durmió placidamente para siempre.


Un final feliz para ese trance. El principio del fin...
Felicidades!


Palmira
 
LA PRIMERA Y ÚLTIMA PALABRA


La enfermera del turno de noche se acercó a la cama del enfermo terminal de alzhéimer para cambiar la bolsa del suero. El hombre que yacía inmóvil en la cama tenía muchos años, demasiados… cuando pasó de los 90 perdió la cuenta. En ese momento se despertó, extendió la mano suplicante y pronunció la única palabra que recordaba:

- ¡Mamá!

La enfermera sonrió con tristeza y ternura mientras agarraba la mano suplicante, acerco sus labios al oído y dijo susurrando:


- Duerme, mi niño.


El hombre apretó la mano de la enfermera con las últimas fuerzas que le quedaban, sonrió y se durmió placidamente para siempre.
Magnífico micro Antonio que demuestra al mismo tiempo: lo mucho y lo poco que se necesita para morir en paz.
Saludos Antonio y Buen Día
 
LA PRIMERA Y ÚLTIMA PALABRA


La enfermera del turno de noche se acercó a la cama del enfermo terminal de alzhéimer para cambiar la bolsa del suero. El hombre que yacía inmóvil en la cama tenía muchos años, demasiados… cuando pasó de los 90 perdió la cuenta. En ese momento se despertó, extendió la mano suplicante y pronunció la única palabra que recordaba:

- ¡Mamá!

La enfermera sonrió con tristeza y ternura mientras agarraba la mano suplicante, acerco sus labios al oído y dijo susurrando:


- Duerme, mi niño.


El hombre apretó la mano de la enfermera con las últimas fuerzas que le quedaban, sonrió y se durmió placidamente para siempre.
Ayyy Antonio, qué tierno y emotivo es este breve relato, se saltan las lágrimas y la emoción te sobrecoge. Y es que todos nos acordamos de nuestra madre en los mejores y los peores momentos... Gracias por compartir tu talentosa pluma. Besazos con cariño y admiración.
 
LA PRIMERA Y ÚLTIMA PALABRA


La enfermera del turno de noche se acercó a la cama del enfermo terminal de alzhéimer para cambiar la bolsa del suero. El hombre que yacía inmóvil en la cama tenía muchos años, demasiados… cuando pasó de los 90 perdió la cuenta. En ese momento se despertó, extendió la mano suplicante y pronunció la única palabra que recordaba:

- ¡Mamá!

La enfermera sonrió con tristeza y ternura mientras agarraba la mano suplicante, acerco sus labios al oído y dijo susurrando:


- Duerme, mi niño.


El hombre apretó la mano de la enfermera con las últimas fuerzas que le quedaban, sonrió y se durmió placidamente para siempre.
Muy dulce y conmovedor poema.
Un cariñoso saludo.
Siempreviva.
 
Ayyy Antonio, qué tierno y emotivo es este breve relato, se saltan las lágrimas y la emoción te sobrecoge. Y es que todos nos acordamos de nuestra madre en los mejores y los peores momentos... Gracias por compartir tu talentosa pluma. Besazos con cariño y admiración.
Confieso que también se me saltaban las lágrimas cuando escribí el relato, aunque en los hombres no esté bien visto. De todos modos, espero que en el mensaje del texto predomine la ternura sobre la tristeza, lo positivo sobre lo negativo. No me gusta escribir poemas tristes; ya se encarga el destino de traernos las penas, no tenemos que buscarlas, no. Ja ja ja...

Un abrazo a todos los enfermos que se sienten abandonados.
 
LA PRIMERA Y ÚLTIMA PALABRA


La enfermera del turno de noche se acercó a la cama del enfermo terminal de alzhéimer para cambiar la bolsa del suero. El hombre que yacía inmóvil en la cama tenía muchos años, demasiados… cuando pasó de los 90 perdió la cuenta. En ese momento se despertó, extendió la mano suplicante y pronunció la única palabra que recordaba:

- ¡Mamá!

La enfermera sonrió con tristeza y ternura mientras agarraba la mano suplicante, acerco sus labios al oído y dijo susurrando:


- Duerme, mi niño.


El hombre apretó la mano de la enfermera con las últimas fuerzas que le quedaban, sonrió y se durmió placidamente para siempre.
Bien dicho es, que las esencias se guardan en frasquitos pequeños, y esta es la mejor prueba de ello en tan reflexiva microprosa.
Un gusto leer la plenitud de la sencillez aquí tan bien expuesta.
Cuando perdemos el equilibrio siempre nos aferramos a lo más cercano. Nada más cercano al corazón que una madre.
Un brazo antonio y mi alegre paz.
Vidal
 
Última edición:
Antonio yo creo que el anciano tuvo una muerte plácida, de la mano cálida y amorosa de su madre, como el creyó.
Emotivo y enternecedor. Bendiciones
 
Bien dicho es, que las esencias se guardan en frasquitos pequeños, y esta es la mejor prueba de ello en tan reflexiva microprosa.
Un gusto leer la plenitud de la sencillez aquí tan bien expuesta.
Cuando perdemos el equilibrio siempre nos aferramos a lo más cercano. Nada más cercano al corazón que una madre.
Un brazo antonio y mi alegre paz.
Vidal
Gracias por tu amable comentarrio, Vidal.

La palabra madre es la primera que se aprende y la última que olvidan los que pierden la memoria. Creo que todos desearíamos llamar a nuestra madre cuando nos sentimos totalmente desamparados.

Un abrazo solidario a todos los enfermos.
 
Ay amigo me acerque a leer tu escrito sin imaginar que me emocionaría tanto al leerlo. Es hermoso e impregnado de ternura. Una enfermera comprensiva es esa y con un gran corazón. Saludos y Bendiciones.
Creo que hay muchas enfemeras y muchas historias como esta. Este relato no es muy original.

Gracias por tu comentario. Saludos y bendiciones para ti y para todos los que se sienten desamparados.
 
Creo que hay muchas enfemeras y muchas historias como esta. Este relato no es muy original.

Gracias por tu comentario. Saludos y bendiciones para ti y para todos los que se sienten desamparados.

Si, imagino que hay muchas enfermeras como esa pues si se dedican a ser enfermeras es porque tiene la vocación. Ser enfermera no debe ser nada fácil por el sufrimiento que ven a diario en los enfermos. Una carrera es la de ser enfermera o enfermero mi loable. Mis respetos a todas ellas y ellos.
 
Si, imagino que hay muchas enfermeras como esa pues si se dedican a ser enfermeras es porque tiene la vocación. Ser enfermera no debe ser nada fácil por el sufrimiento que ven a diario en los enfermos. Una carrera es la de ser enfermera o enfermero mi loable. Mis respetos a todas ellas y ellos.
Subscribo tu comentario, Lourdes. Bien merecen un homenaje las enfermeras y enfermeros, muchas veces se exceden en su trabajo para cuidar a los más necesitados. Un abrazo cordial para todos.
 
Última edición:
LA PRIMERA Y ÚLTIMA PALABRA


La enfermera del turno de noche se acercó a la cama del enfermo terminal de alzhéimer para cambiar la bolsa del suero. El hombre que yacía inmóvil en la cama tenía muchos años, demasiados… cuando pasó de los 90 perdió la cuenta. En ese momento se despertó, extendió la mano suplicante y pronunció la única palabra que recordaba:

- ¡Mamá!

La enfermera sonrió con tristeza y ternura mientras agarraba la mano suplicante, acerco sus labios al oído y dijo susurrando:


- Duerme, mi niño.


El hombre apretó la mano de la enfermera con las últimas fuerzas que le quedaban, sonrió y se durmió placidamente para siempre.



Hermoso relato, ¿quien no quisiera para si después de una larga vida atravesar ese trance de la muerte cogido a la mano de su madre
y encontrarse con la generosidad de una enfermera que asuma ese papel?
Felicitaciones Antonio, conmovedor relato.
Un abrazo.
 
Antonio yo creo que el anciano tuvo una muerte plácida, de la mano cálida y amorosa de su madre, como el creyó.
Emotivo y enternecedor. Bendiciones
Efectivamente, Pili, así fue. A todos nos gustaría encontrar una mano amiga en el momento de partir.

Abrazos y bendiciones a todos los que se encuentran solos y desamparados.
 
Hermoso relato, ¿quien no quisiera para si después de una larga vida atravesar ese trance de la muerte cogido a la mano de su madre
y encontrarse con la generosidad de una enfermera que asuma ese papel?
Felicitaciones Antonio, conmovedor relato.
Un abrazo.
Todos quisiéramos partir así. ¡Cómo no! Creo que esta historia, con pequeños variantes, ha sucedido muchas veces.
Un abrazo cordial.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba