Antonio del Olmo
Poeta que considera el portal su segunda casa
LA PRIMERA Y ÚLTIMA PALABRA
La enfermera del turno de noche se acercó a la cama del enfermo terminal de alzhéimer para cambiar la bolsa del suero. El hombre que yacía inmóvil en la cama tenía muchos años, demasiados… cuando pasó de los 90 perdió la cuenta. En ese momento se despertó, extendió la mano suplicante y pronunció la única palabra que recordaba:
- ¡Mamá!
La enfermera sonrió con tristeza y ternura mientras agarraba la mano suplicante, acerco sus labios al oído y dijo susurrando:
- Duerme, mi niño.
- ¡Mamá!
La enfermera sonrió con tristeza y ternura mientras agarraba la mano suplicante, acerco sus labios al oído y dijo susurrando:
- Duerme, mi niño.
El hombre apretó la mano de la enfermera con las últimas fuerzas que le quedaban, sonrió y se durmió placidamente para siempre.
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