Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Esa distancia infinita
e inmensa como los mares,
que apresura los pesares
y juntos estar evita.
La cordura solicita
un segundo al ser amado:
poder tener abrazado
y al oído susurrarle,
cuan complacido en amarle
y tenerle a nuestro lado.
El estar enamorado
es un estado precioso,
el regalo más hermoso
que el creador me haya otorgado.
Complacido que a mi lado
todo este tiempo vivieras,
a mi costado durmieras
y me amaras sin premura,
una noche de amargura
a tu lado no existiera.
Como flor de primavera
que a la campiña engalanas,
alegrabas mis mañanas
esparciendo por doquiera
la sonrisa lisonjera
de tus labios carmesí,
que bese con frenesí
en las noches de pasión,
y en partes mi corazón
en cada ocasión te di.
e inmensa como los mares,
que apresura los pesares
y juntos estar evita.
La cordura solicita
un segundo al ser amado:
poder tener abrazado
y al oído susurrarle,
cuan complacido en amarle
y tenerle a nuestro lado.
El estar enamorado
es un estado precioso,
el regalo más hermoso
que el creador me haya otorgado.
Complacido que a mi lado
todo este tiempo vivieras,
a mi costado durmieras
y me amaras sin premura,
una noche de amargura
a tu lado no existiera.
Como flor de primavera
que a la campiña engalanas,
alegrabas mis mañanas
esparciendo por doquiera
la sonrisa lisonjera
de tus labios carmesí,
que bese con frenesí
en las noches de pasión,
y en partes mi corazón
en cada ocasión te di.
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