Lorelizh Beye
Poeta que considera el portal su segunda casa
Solo queda en la noche una luna segada
por afligidas llamas de apagados botones,
solo son las estrellas filosos espolones,
que hieren en lo hondo del alma mutilada.
¿Qué nos queda en la aurora? Ya no nos queda nada,
ni el jardín perfumado en sus licores viejos,
solo quedan marchitos sus colgantes cadejos,
y un marcial sol triunfante con su antorcha apagada.
el romántico arlequín de los jazmines rojos
no luce su plumaje de multicromos visos,
la corola fragante de prismáticos narcisos,
se deslíe tan solo de hieles y de abrojos.
Aquella mariposa de ámbar y topacio,
ya no posa altiva en la rosa magenta,
solo liba el néctar de un cariño lacio,
no tiene la alegría de cántaros y mieles,
entre espinos y cardos desmaya y muere lenta,
cenicientas se tornan sus alas de oropeles.
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