Lorelizh Beye
Poeta que considera el portal su segunda casa
Alguien me preguntó: ¿Cuándo muere el amor?
Y baje la mirada como quien disimula
que un nudo en la garganta por poco le estrangula,
disipe mis tinieblas, dejé a un lado el rencor.
Contestó mi mirada en acérrima explosión:
Se le arrancan las fibras una a una del pecho
y queda en agonía en jirones deshecho
desgarrado y abierto un torpe corazón.
Y es que nada consigue dar música a la lira
porque queda en horror la ausencia que carcoma,
y en síntomas severos de un estado de coma
queda la blanca luna, su boca no respira.
Con la fatal dureza la noche ahorca el cielo
se oye el eco afligido del halcón en la peña
queda en cáliz la flor bebiendo de su hielo,
pues ya la primavera de color no la preña.
Queda la flor del polo de dolores enferma
lágrimas son rocío, el sol brasas de llanto,
recoge de la tierra una llovizna yerta
en el suelo la pisan mientras muere de espanto.
Se escucha a lo lejos silencio funerario
exangüe, amoratada, ya sin signos vitales,
en féretro mortuorio descansan sus corales,
un último suspiro en lecho sanguinario,
La enterraron aún viva, bajo la tierra, escarba
queriendo de la noche robarle algún lucero
mas de odio creció en su pecho una larva,
allí murió el amor, ¡Volvió el sepulturero!
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Sin métrica exacta
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