Remembranzas
Esta búsqueda intensa que me mueve,
esta inquietud sin calma ni sosiego,
este dolor profundo del vacío
como huella imborrable del recuerdo
de aquel primer amor de primavera;
fuimos un alma sola con dos cuerpos
despertando a las mieles del placer,
mientras Eros y Tánatos, trileros,
el amor con la muerte conjugaban,
de nada nos sirvieron nuestros rezos;
al cobrarse su vida me dejaron
extraviada en un bosque sin senderos.
¡Saben tanto de llantos los cipreses
como sabe la luna de lamentos!
Sentada sobre el mármol de su tumba
el eco de su voz me trae el viento:
-¡No mires hacia atrás, vuela, amor, vuela!-
fue el último legado de su aliento.
-
¡Que inútil fue buscarte entre los vivos
sabiéndote en el mundo de los muertos!
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