Deseos de vivir

joblam

Poeta que considera el portal su segunda casa
En una improvisada tarima en el centro de la plaza, el Jefe Civil del pueblo arengaba a los pobladores y trataba de convencerlos para que aceptaran un nuevo período de gobierno. Las opiniones estaban divididas y los inconformes dejaban los criterios a viva voz con movimientos de sombreros al aire. Unos minutos después, casi al unísono, una sola consigna rompió la monotonía: ¡Queremos elecciones! ¡Queremos elecciones! Una y otra vez el clamor quedó generalizado.

Entre la muchedumbre estaba Don Meneleo, quien con ochenta años trataba de comprender el significado de los gritos con una mano puesta en la oreja. Con el agudo problema auditivo apenas comprendió el vocerío y esbozó una sonrisa mientras llevaba la diestra hacia las partes íntimas. Empezó a frotar el decaido miembro viril con facciones de lujuria y gritaba: ¡Yo también! ¡Yo también!
 
En una improvisada tarima en el centro de la plaza, el Jefe Civil del pueblo arengaba a los pobladores y trataba de convencerlos para que aceptaran un nuevo período de gobierno. Las opiniones estaban divididas y los inconformes dejaban los criterios a viva voz y movimientos de sombreros al aire. Unos minutos después, casi al unísono, una sola consigna rompió la monotonía: ¡Queremos elecciones! ¡Queremos elecciones! Una y otra vez el clamor quedó generalizado.

Entre la muchedumbre estaba Don Meneleo, quien con ochenta años trataba de comprender el significado de los gritos con una mano puesta en la oreja. Con el agudo problema auditivo apenas comprendió el vocerío y esbozó una sonrisa mientras llevaba la diestra hacia las partes íntimas. Empezó a frotar el decaido miembro viril con facciones de lujuria y gritaba: ¡Yo también! ¡Yo también!
Vaya cierre, complacida de leerte, saludos
 
En una improvisada tarima en el centro de la plaza, el Jefe Civil del pueblo arengaba a los pobladores y trataba de convencerlos para que aceptaran un nuevo período de gobierno. Las opiniones estaban divididas y los inconformes dejaban los criterios a viva voz y movimientos de sombreros al aire. Unos minutos después, casi al unísono, una sola consigna rompió la monotonía: ¡Queremos elecciones! ¡Queremos elecciones! Una y otra vez el clamor quedó generalizado.

Entre la muchedumbre estaba Don Meneleo, quien con ochenta años trataba de comprender el significado de los gritos con una mano puesta en la oreja. Con el agudo problema auditivo apenas comprendió el vocerío y esbozó una sonrisa mientras llevaba la diestra hacia las partes íntimas. Empezó a frotar el decaido miembro viril con facciones de lujuria y gritaba: ¡Yo también! ¡Yo también!
¡Vaya con Don Meneleo! jajajjja lo que lió por tan solo una letra jajajjjaja, te felicito amigo Joblam
por este micro que me ha sacado una sonrisa. Ha sido un placer poder pasar a leerlo.
Un abrazo. Tere
 
¡Vaya con Don Meneleo! jajajjja lo que lió por tan solo una letra jajajjjaja, te felicito amigo Joblam
por este micro que me ha sacado una sonrisa. Ha sido un placer poder pasar a leerlo.
Un abrazo. Tere
Solo imagino a Don Menéleo con una edad primaveral. ( Por lo menos vivió un instante de alegría) Gracias por dejar tu valiosa huella entre mis letras. Saludos cordiales.
 
En una improvisada tarima en el centro de la plaza, el Jefe Civil del pueblo arengaba a los pobladores y trataba de convencerlos para que aceptaran un nuevo período de gobierno. Las opiniones estaban divididas y los inconformes dejaban los criterios a viva voz con movimientos de sombreros al aire. Unos minutos después, casi al unísono, una sola consigna rompió la monotonía: ¡Queremos elecciones! ¡Queremos elecciones! Una y otra vez el clamor quedó generalizado.

Entre la muchedumbre estaba Don Meneleo, quien con ochenta años trataba de comprender el significado de los gritos con una mano puesta en la oreja. Con el agudo problema auditivo apenas comprendió el vocerío y esbozó una sonrisa mientras llevaba la diestra hacia las partes íntimas. Empezó a frotar el decaido miembro viril con facciones de lujuria y gritaba: ¡Yo también! ¡Yo también!
Jajaja, estaban los ánimos subidos y algo más en esa plaza jejeje... ayy cómo sabes captar el interés por esta cautivadora lectura. Me ha encantado pasar querido amigo Joblam, siempre me encanta. Muchos besos llenos de mi cariño y de mi admiración hacia ti.....muááááácksssss....
 
Jajaja, estaban los ánimos subidos y algo más en esa plaza jejeje... ayy cómo sabes captar el interés por esta cautivadora lectura. Me ha encantado pasar querido amigo Joblam, siempre me encanta. Muchos besos llenos de mi cariño y de mi admiración hacia ti.....muááááácksssss....
Un placer recibirte en mi rincón con un amable comentario que agradezco. Saludos cordiales amiga.
 
Ja!, es reconfortante amigo, después de tanto tiempo de ausencia, reencontrarme con letras siempre relucientes.
Exquisita prosa, como no podía ser de otra manera saliendo de tu pluma.
Un fuerte abrazo.
 
En una improvisada tarima en el centro de la plaza, el Jefe Civil del pueblo arengaba a los pobladores y trataba de convencerlos para que aceptaran un nuevo período de gobierno. Las opiniones estaban divididas y los inconformes dejaban los criterios a viva voz con movimientos de sombreros al aire. Unos minutos después, casi al unísono, una sola consigna rompió la monotonía: ¡Queremos elecciones! ¡Queremos elecciones! Una y otra vez el clamor quedó generalizado.

Entre la muchedumbre estaba Don Meneleo, quien con ochenta años trataba de comprender el significado de los gritos con una mano puesta en la oreja. Con el agudo problema auditivo apenas comprendió el vocerío y esbozó una sonrisa mientras llevaba la diestra hacia las partes íntimas. Empezó a frotar el decaido miembro viril con facciones de lujuria y gritaba: ¡Yo también! ¡Yo también!
Impresionante prosa cuanto cambia el significado una letra, excelente y sarcástica prosa, saludos Alex
 
Ja!, es reconfortante amigo, después de tanto tiempo de ausencia, reencontrarme con letras siempre relucientes.
Exquisita prosa, como no podía ser de otra manera saliendo de tu pluma.
Un fuerte abrazo.
Es agradable encontrar palabras de aliento para continuar el difícil camino de la palabra escrita. Agradezco tus pasos. Un abrazo.
 
En una improvisada tarima en el centro de la plaza, el Jefe Civil del pueblo arengaba a los pobladores y trataba de convencerlos para que aceptaran un nuevo período de gobierno. Las opiniones estaban divididas y los inconformes dejaban los criterios a viva voz con movimientos de sombreros al aire. Unos minutos después, casi al unísono, una sola consigna rompió la monotonía: ¡Queremos elecciones! ¡Queremos elecciones! Una y otra vez el clamor quedó generalizado.

Entre la muchedumbre estaba Don Meneleo, quien con ochenta años trataba de comprender el significado de los gritos con una mano puesta en la oreja. Con el agudo problema auditivo apenas comprendió el vocerío y esbozó una sonrisa mientras llevaba la diestra hacia las partes íntimas. Empezó a frotar el decaido miembro viril con facciones de lujuria y gritaba: ¡Yo también! ¡Yo también!

Gracioso relato. Una sola letra tiene mucho valor.

Salud y ventura.
 
En una improvisada tarima en el centro de la plaza, el Jefe Civil del pueblo arengaba a los pobladores y trataba de convencerlos para que aceptaran un nuevo período de gobierno. Las opiniones estaban divididas y los inconformes dejaban los criterios a viva voz con movimientos de sombreros al aire. Unos minutos después, casi al unísono, una sola consigna rompió la monotonía: ¡Queremos elecciones! ¡Queremos elecciones! Una y otra vez el clamor quedó generalizado.

Entre la muchedumbre estaba Don Meneleo, quien con ochenta años trataba de comprender el significado de los gritos con una mano puesta en la oreja. Con el agudo problema auditivo apenas comprendió el vocerío y esbozó una sonrisa mientras llevaba la diestra hacia las partes íntimas. Empezó a frotar el decaido miembro viril con facciones de lujuria y gritaba: ¡Yo también! ¡Yo también!
Jejeje yo no entendí, hasta que leí el comentario del poeta Miguel. Muy bueno!! Saludos, Azalea.
 

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