En aquella noche diáfana

Luis Prieto

Moderador Global
Miembro del equipo
Moderador Global
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En aquella noche diáfana

Era un ocaso de invierno,
tarde de oro y aromada
languideciendo en un parque
que caía en la nostalgia.

De aquel ocaso tan límpido
y cristalino cual agua,
tenues besos plateados
se asomaban por las ramas.

Sobre el parque adormecido,
el sosiego caminaba
y era un sosiego encantado
en aquella noche diáfana

donde los sueños vivían
entre ráfagas de plata
y los suspiros guardados
escapaban de las almas

como el río en su alegría
escapa hacia la mar brava
entre brillos y canciones
dejando la tierra amarga.

Del parque se desprendían
embriagadoras fragancias,
enmudecían las sendas
y dormían las pisadas,

no había murmullo alguno
que al silencio perturbara,
ni se percibía al viento
caminar entre las ramas,

todo mudo y tan extraño
en aquella noche diáfana
y sin embargo era dulce
el mutismo que guardaba.

Ella, vestida de blanco
tan radiante y toda blanca,
descendía suavemente
esparciendo su elegancia

llevándome desde entonces
hasta el parque y sus fragancias
a pasear a su lado
susurrándonos palabras.

¿Qué fuerza vino a llevarme
en aquella noche diáfana
hasta el parque que dormía
entre ósculos de plata?

Todo una inmensa quietud,
ni un pájaro murmuraba,
todo eran misterios en
el parque de las fragancias

y ella misma era misterio
en aquella noche mágica,
tan cerca la tenía y
sin embargo tan lejana.

En medio del sortilegio
sólo estaba su mirada
deslizándose entre sombras
tan brillante, pura y clara,

era una lluvia de besos
de los que abren esperanzas,
de los que ocultan al día
de los que guardan las almas,

éramos ella y yo, solos,
hablando con las miradas
entre las dormidas hojas
en aquella noche diáfana.

Era una historia de amor
en una noche encantada
y era una noche divina
de las que nunca se apagan

porque daba sentido a
mí vida, porque alumbraban
a mí corazón dormido
aquellas pupilas cándidas...

y me embriagué desde entonces
de su blanquecina gracia
aquella noche satén,
en aquella noche diáfana.

Mas en todo amor hay pena
y se refugia en las brasas
cuando al horizonte asoma
sigilosa la mañana

y sientes que en todas partes
de repente todo cambia
sobre la longeva tierra
y te hace llorar de lástima.

Entre polvo y sol envuelto,
por el parque caminaba
con la triste soledad
que manifiestan las almas

marcando espacios y tiempos
por quemar la mirra amarga
y no perderse en las sombras
que esparcía la alborada.

Y ella misma era misterio
en aquella noche diáfana,
tan cerca la tenía y
sin embargo... tan lejana.

Luis




 
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En aquella noche diáfana

Era un ocaso de invierno,
tarde de oro y aromada
languideciendo en un parque
que caía en la nostalgia.

De aquel ocaso tan límpido
y cristalino cual agua,
tenues besos plateados
se asomaban por las ramas.

Sobre el parque adormecido,
el sosiego caminaba
y era un sosiego encantado
en aquella noche diáfana

donde los sueños vivían
entre ráfagas de plata
y los suspiros guardados
escapaban de las almas

como el río en su alegría
escapa hacia la mar brava
entre brillos y canciones
dejando la tierra amarga.

Del parque se desprendían
embriagadoras fragancias,
enmudecían las sendas
y dormían las pisadas,

no había murmullo alguno
que al silencio perturbara,
ni se percibía al viento
caminar entre las ramas,

todo mudo y tan extraño
en aquella noche diáfana
y sin embargo era dulce
el mutismo que guardaba.

Ella, vestida de blanco
tan radiante y toda blanca,
descendía suavemente
esparciendo su elegancia

llevándome desde entonces
hasta el parque y sus fragancias
a pasear a su lado
susurrándonos palabras.

¿Qué fuerza vino a llevarme
en aquella noche diáfana
hasta el parque que dormía
entre ósculos de plata?

Todo una inmensa quietud,
ni un pájaro murmuraba,
todo eran misterios en
el parque de las fragancias

y ella misma era misterio
en aquella noche mágica,
tan cerca la tenía y
sin embargo tan lejana.

En medio del sortilegio
sólo estaba su mirada
deslizándose entre sombras
tan brillante, pura y clara,

era una lluvia de besos
de los que abren esperanzas,
de los que ocultan al día
de los que guardan las almas,

éramos ella y yo, solos,
hablando con las miradas
entre las dormidas hojas
en aquella noche diáfana.

Era una historia de amor
en una noche encantada
y era una noche divina
de las que nunca se apagan

porque daba sentido a
mí vida, porque alumbraban
a mí corazón dormido
aquellas pupilas cándidas...

y me embriagué desde entonces
de su blanquecina gracia
aquella noche satén,
en aquella noche diáfana.

Mas en todo amor hay pena
y se refugia en las brasas
cuando al horizonte asoma
sigilosa la mañana

y sientes que en todas partes
de repente todo cambia
sobre la longeva tierra
y te hace llorar de lástima.

Entre polvo y sol envuelto,
por el parque caminaba
con la triste soledad
que manifiestan las almas

marcando espacios y tiempos
por quemar la mirra amarga
y no perderse en las sombras
que esparcía la alborada.

Y ella misma era misterio
en aquella noche diáfana,
tan cerca la tenía y
sin embargo... tan lejana.

Luis




Hermosas estrofas querido amigo, la verdad un paseo en el que la musa atrapa y no suelta hasta el final. Qu grato haber leído tu poema Luis Prieto hermanaso.
 
En aquella noche diáfana

Era un ocaso de invierno,
tarde de oro y aromada
languideciendo en un parque
que caía en la nostalgia.

De aquel ocaso tan límpido
y cristalino cual agua,
tenues besos plateados
se asomaban por las ramas.

Sobre el parque adormecido,
el sosiego caminaba
y era un sosiego encantado
en aquella noche diáfana

donde los sueños vivían
entre ráfagas de plata
y los suspiros guardados
escapaban de las almas

como el río en su alegría
escapa hacia la mar brava
entre brillos y canciones
dejando la tierra amarga.

Del parque se desprendían
embriagadoras fragancias,
enmudecían las sendas
y dormían las pisadas,

no había murmullo alguno
que al silencio perturbara,
ni se percibía al viento
caminar entre las ramas,

todo mudo y tan extraño
en aquella noche diáfana
y sin embargo era dulce
el mutismo que guardaba.

Ella, vestida de blanco
tan radiante y toda blanca,
descendía suavemente
esparciendo su elegancia

llevándome desde entonces
hasta el parque y sus fragancias
a pasear a su lado
susurrándonos palabras.

¿Qué fuerza vino a llevarme
en aquella noche diáfana
hasta el parque que dormía
entre ósculos de plata?

Todo una inmensa quietud,
ni un pájaro murmuraba,
todo eran misterios en
el parque de las fragancias

y ella misma era misterio
en aquella noche mágica,
tan cerca la tenía y
sin embargo tan lejana.

En medio del sortilegio
sólo estaba su mirada
deslizándose entre sombras
tan brillante, pura y clara,

era una lluvia de besos
de los que abren esperanzas,
de los que ocultan al día
de los que guardan las almas,

éramos ella y yo, solos,
hablando con las miradas
entre las dormidas hojas
en aquella noche diáfana.

Era una historia de amor
en una noche encantada
y era una noche divina
de las que nunca se apagan

porque daba sentido a
mí vida, porque alumbraban
a mí corazón dormido
aquellas pupilas cándidas...

y me embriagué desde entonces
de su blanquecina gracia
aquella noche satén,
en aquella noche diáfana.

Mas en todo amor hay pena
y se refugia en las brasas
cuando al horizonte asoma
sigilosa la mañana

y sientes que en todas partes
de repente todo cambia
sobre la longeva tierra
y te hace llorar de lástima.

Entre polvo y sol envuelto,
por el parque caminaba
con la triste soledad
que manifiestan las almas

marcando espacios y tiempos
por quemar la mirra amarga
y no perderse en las sombras
que esparcía la alborada.

Y ella misma era misterio
en aquella noche diáfana,
tan cerca la tenía y
sin embargo... tan lejana.

Luis



Así es en la cercanía del pensamiento y a la vez en la lejanía de la añoranza.
Tu hermoso despliegue poético, logra que viajemos en el tiempo y solo por eso GRACIAS.
¡Noche diáfana! Tan cerca, tan cerca y que lástima que en la lejanía se ocultara!
Alegre paz estimado LUIS.
Vidal
 
Última edición:
Sinceramente, mi querido Luis... nunca le he leído un poema un profundo en su lirismo, como el presente.
Pareciera que quisiera marcar, con tan personalizado poema, un tiempo... una época... y que en la majes-
tuosidad de sus versos, se pueda interpretar con altura, todo lo que sabe y a la vez siente. Sea lo que sea
poeta, sólo veo su insuperable y dedicada pluma. Felicitaciones sinceramente por su... tan bello sentir,

Afectuosamente, lo saluda un amigo: El Gitano.​
 
Los grandes amores siempre tienen un lugar en el corazón y también un lugar muy emotivo en la poesía, logras una visión romántica y muy detallista en la complicidad del momento. Me ha encantado, Luis. Recibe mi gran abrazo.

Así es Nancy, siempre tienen un lugar en el corazón y este no olvida.
Muchas gracias por acercarte con tus gratas palabras.
Recibe mis saludos y gran abrazo.
 
En aquella noche diáfana

Era un ocaso de invierno,
tarde de oro y aromada
languideciendo en un parque
que caía en la nostalgia.

De aquel ocaso tan límpido
y cristalino cual agua,
tenues besos plateados
se asomaban por las ramas.

Sobre el parque adormecido,
el sosiego caminaba
y era un sosiego encantado
en aquella noche diáfana

donde los sueños vivían
entre ráfagas de plata
y los suspiros guardados
escapaban de las almas

como el río en su alegría
escapa hacia la mar brava
entre brillos y canciones
dejando la tierra amarga.

Del parque se desprendían
embriagadoras fragancias,
enmudecían las sendas
y dormían las pisadas,

no había murmullo alguno
que al silencio perturbara,
ni se percibía al viento
caminar entre las ramas,

todo mudo y tan extraño
en aquella noche diáfana
y sin embargo era dulce
el mutismo que guardaba.

Ella, vestida de blanco
tan radiante y toda blanca,
descendía suavemente
esparciendo su elegancia

llevándome desde entonces
hasta el parque y sus fragancias
a pasear a su lado
susurrándonos palabras.

¿Qué fuerza vino a llevarme
en aquella noche diáfana
hasta el parque que dormía
entre ósculos de plata?

Todo una inmensa quietud,
ni un pájaro murmuraba,
todo eran misterios en
el parque de las fragancias

y ella misma era misterio
en aquella noche mágica,
tan cerca la tenía y
sin embargo tan lejana.

En medio del sortilegio
sólo estaba su mirada
deslizándose entre sombras
tan brillante, pura y clara,

era una lluvia de besos
de los que abren esperanzas,
de los que ocultan al día
de los que guardan las almas,

éramos ella y yo, solos,
hablando con las miradas
entre las dormidas hojas
en aquella noche diáfana.

Era una historia de amor
en una noche encantada
y era una noche divina
de las que nunca se apagan

porque daba sentido a
mí vida, porque alumbraban
a mí corazón dormido
aquellas pupilas cándidas...

y me embriagué desde entonces
de su blanquecina gracia
aquella noche satén,
en aquella noche diáfana.

Mas en todo amor hay pena
y se refugia en las brasas
cuando al horizonte asoma
sigilosa la mañana

y sientes que en todas partes
de repente todo cambia
sobre la longeva tierra
y te hace llorar de lástima.

Entre polvo y sol envuelto,
por el parque caminaba
con la triste soledad
que manifiestan las almas

marcando espacios y tiempos
por quemar la mirra amarga
y no perderse en las sombras
que esparcía la alborada.

Y ella misma era misterio
en aquella noche diáfana,
tan cerca la tenía y
sin embargo... tan lejana.

Luis



Bello relato de connotaciones mágicas y románticas, el clima de tu poema me parece muy bello, claridad en tus versos y sentimientos abrazados a la noche y a ella que es un sueño que cobra vida durante un tiempo breve pero eterno. Me ha gustado mucho amigo Luis. Abrazote vuela. Paco.
 
En aquella noche diáfana

Era un ocaso de invierno,
tarde de oro y aromada
languideciendo en un parque
que caía en la nostalgia.

De aquel ocaso tan límpido
y cristalino cual agua,
tenues besos plateados
se asomaban por las ramas.

Sobre el parque adormecido,
el sosiego caminaba
y era un sosiego encantado
en aquella noche diáfana

donde los sueños vivían
entre ráfagas de plata
y los suspiros guardados
escapaban de las almas

como el río en su alegría
escapa hacia la mar brava
entre brillos y canciones
dejando la tierra amarga.

Del parque se desprendían
embriagadoras fragancias,
enmudecían las sendas
y dormían las pisadas,

no había murmullo alguno
que al silencio perturbara,
ni se percibía al viento
caminar entre las ramas,

todo mudo y tan extraño
en aquella noche diáfana
y sin embargo era dulce
el mutismo que guardaba.

Ella, vestida de blanco
tan radiante y toda blanca,
descendía suavemente
esparciendo su elegancia

llevándome desde entonces
hasta el parque y sus fragancias
a pasear a su lado
susurrándonos palabras.

¿Qué fuerza vino a llevarme
en aquella noche diáfana
hasta el parque que dormía
entre ósculos de plata?

Todo una inmensa quietud,
ni un pájaro murmuraba,
todo eran misterios en
el parque de las fragancias

y ella misma era misterio
en aquella noche mágica,
tan cerca la tenía y
sin embargo tan lejana.

En medio del sortilegio
sólo estaba su mirada
deslizándose entre sombras
tan brillante, pura y clara,

era una lluvia de besos
de los que abren esperanzas,
de los que ocultan al día
de los que guardan las almas,

éramos ella y yo, solos,
hablando con las miradas
entre las dormidas hojas
en aquella noche diáfana.

Era una historia de amor
en una noche encantada
y era una noche divina
de las que nunca se apagan

porque daba sentido a
mí vida, porque alumbraban
a mí corazón dormido
aquellas pupilas cándidas...

y me embriagué desde entonces
de su blanquecina gracia
aquella noche satén,
en aquella noche diáfana.

Mas en todo amor hay pena
y se refugia en las brasas
cuando al horizonte asoma
sigilosa la mañana

y sientes que en todas partes
de repente todo cambia
sobre la longeva tierra
y te hace llorar de lástima.

Entre polvo y sol envuelto,
por el parque caminaba
con la triste soledad
que manifiestan las almas

marcando espacios y tiempos
por quemar la mirra amarga
y no perderse en las sombras
que esparcía la alborada.

Y ella misma era misterio
en aquella noche diáfana,
tan cerca la tenía y
sin embargo... tan lejana.

Luis




Estimado Luis , esto parece una romaza, en esa noche diáfana. En mis versos digo " Tan lejos pero tan cerca, casi pudiste tocarla"
Tu fina pluma se desliza con fluidez y el recitado un canto para los oídos de lector.
Gracias por compartir.He puesto algo en competitiva, siguiendo tus consejos.-
 
Así es en la cercanía del pensamiento y a la vez en la lejanía de la añoranza.
Tu hermoso despliegue poético, logra que viajemos en el tiempo y solo por eso GRACIAS.
¡Noche diáfana! Tan cerca, tan cerca y que lástima que en la lejanía se ocultara!
Alegre paz estimado LUIS.
Vidal

Te digo estimado Vidal que a este romance le falta la foto, no es que no la quisiera poner es que no pude copiar la url con el movil.
En realidad está dedicado a la luna por las veces que se la ve muy cerca.
Muchas gracias mi buen amigo por tu bello gesto.
Gran abrazo y alegre paz para ti Vidal.
 
En aquella noche diáfana

Era un ocaso de invierno,
tarde de oro y aromada
languideciendo en un parque
que caía en la nostalgia.

De aquel ocaso tan límpido
y cristalino cual agua,
tenues besos plateados
se asomaban por las ramas.

Sobre el parque adormecido,
el sosiego caminaba
y era un sosiego encantado
en aquella noche diáfana

donde los sueños vivían
entre ráfagas de plata
y los suspiros guardados
escapaban de las almas

como el río en su alegría
escapa hacia la mar brava
entre brillos y canciones
dejando la tierra amarga.

Del parque se desprendían
embriagadoras fragancias,
enmudecían las sendas
y dormían las pisadas,

no había murmullo alguno
que al silencio perturbara,
ni se percibía al viento
caminar entre las ramas,

todo mudo y tan extraño
en aquella noche diáfana
y sin embargo era dulce
el mutismo que guardaba.

Ella, vestida de blanco
tan radiante y toda blanca,
descendía suavemente
esparciendo su elegancia

llevándome desde entonces
hasta el parque y sus fragancias
a pasear a su lado
susurrándonos palabras.

¿Qué fuerza vino a llevarme
en aquella noche diáfana
hasta el parque que dormía
entre ósculos de plata?

Todo una inmensa quietud,
ni un pájaro murmuraba,
todo eran misterios en
el parque de las fragancias

y ella misma era misterio
en aquella noche mágica,
tan cerca la tenía y
sin embargo tan lejana.

En medio del sortilegio
sólo estaba su mirada
deslizándose entre sombras
tan brillante, pura y clara,

era una lluvia de besos
de los que abren esperanzas,
de los que ocultan al día
de los que guardan las almas,

éramos ella y yo, solos,
hablando con las miradas
entre las dormidas hojas
en aquella noche diáfana.

Era una historia de amor
en una noche encantada
y era una noche divina
de las que nunca se apagan

porque daba sentido a
mí vida, porque alumbraban
a mí corazón dormido
aquellas pupilas cándidas...

y me embriagué desde entonces
de su blanquecina gracia
aquella noche satén,
en aquella noche diáfana.

Mas en todo amor hay pena
y se refugia en las brasas
cuando al horizonte asoma
sigilosa la mañana

y sientes que en todas partes
de repente todo cambia
sobre la longeva tierra
y te hace llorar de lástima.

Entre polvo y sol envuelto,
por el parque caminaba
con la triste soledad
que manifiestan las almas

marcando espacios y tiempos
por quemar la mirra amarga
y no perderse en las sombras
que esparcía la alborada.

Y ella misma era misterio
en aquella noche diáfana,
tan cerca la tenía y
sin embargo... tan lejana.

Luis




Qué bellos versos nos regalas amigo Luis. Es un deleite disfrutar con su lectura a estas horas de una mañana de domingo.
Saludos y un abrazo amigo.
 
Bello relato de connotaciones mágicas y románticas, el clima de tu poema me parece muy bello, claridad en tus versos y sentimientos abrazados a la noche y a ella que es un sueño que cobra vida durante un tiempo breve pero eterno. Me ha gustado mucho amigo Luis. Abrazote vuela. Paco.

Muchas gracias preciado Paco por la gentileza de tus palabras. Me alegra que haya sido de tu agrado.
Gran abrazo castizo Paco.
 
En aquella noche diáfana

Era un ocaso de invierno,
tarde de oro y aromada
languideciendo en un parque
que caía en la nostalgia.

De aquel ocaso tan límpido
y cristalino cual agua,
tenues besos plateados
se asomaban por las ramas.

Sobre el parque adormecido,
el sosiego caminaba
y era un sosiego encantado
en aquella noche diáfana

donde los sueños vivían
entre ráfagas de plata
y los suspiros guardados
escapaban de las almas

como el río en su alegría
escapa hacia la mar brava
entre brillos y canciones
dejando la tierra amarga.

Del parque se desprendían
embriagadoras fragancias,
enmudecían las sendas
y dormían las pisadas,

no había murmullo alguno
que al silencio perturbara,
ni se percibía al viento
caminar entre las ramas,

todo mudo y tan extraño
en aquella noche diáfana
y sin embargo era dulce
el mutismo que guardaba.

Ella, vestida de blanco
tan radiante y toda blanca,
descendía suavemente
esparciendo su elegancia

llevándome desde entonces
hasta el parque y sus fragancias
a pasear a su lado
susurrándonos palabras.

¿Qué fuerza vino a llevarme
en aquella noche diáfana
hasta el parque que dormía
entre ósculos de plata?

Todo una inmensa quietud,
ni un pájaro murmuraba,
todo eran misterios en
el parque de las fragancias

y ella misma era misterio
en aquella noche mágica,
tan cerca la tenía y
sin embargo tan lejana.

En medio del sortilegio
sólo estaba su mirada
deslizándose entre sombras
tan brillante, pura y clara,

era una lluvia de besos
de los que abren esperanzas,
de los que ocultan al día
de los que guardan las almas,

éramos ella y yo, solos,
hablando con las miradas
entre las dormidas hojas
en aquella noche diáfana.

Era una historia de amor
en una noche encantada
y era una noche divina
de las que nunca se apagan

porque daba sentido a
mí vida, porque alumbraban
a mí corazón dormido
aquellas pupilas cándidas...

y me embriagué desde entonces
de su blanquecina gracia
aquella noche satén,
en aquella noche diáfana.

Mas en todo amor hay pena
y se refugia en las brasas
cuando al horizonte asoma
sigilosa la mañana

y sientes que en todas partes
de repente todo cambia
sobre la longeva tierra
y te hace llorar de lástima.

Entre polvo y sol envuelto,
por el parque caminaba
con la triste soledad
que manifiestan las almas

marcando espacios y tiempos
por quemar la mirra amarga
y no perderse en las sombras
que esparcía la alborada.

Y ella misma era misterio
en aquella noche diáfana,
tan cerca la tenía y
sin embargo... tan lejana.

Luis



Momentos complices en esa imanadas formas donde
se manifiesta el amor, aun en la lejania queda ese umbral
donde dejar que los sentimientos sean fluido de una
entrega sincera. excelente. saludos amables de luzyabsenta
 
Estimado Luis , esto parece una romaza, en esa noche diáfana. En mis versos digo " Tan lejos pero tan cerca, casi pudiste tocarla"
Tu fina pluma se desliza con fluidez y el recitado un canto para los oídos de lector.
Gracias por compartir.He puesto algo en competitiva, siguiendo tus consejos.-

Muchas gracias Catia por tus bellas palabras. En cuanto pueda paso por allí para ver tu obra.
Saludos y gran abrazo querida amiga
 
Luis ya comenté en tu blog, y vuelvo a leer tu versos de ensueño, como queriendo ver y llegar, misterios de la noche de busqueda. Te felicito, me gustó leerte, con cariño Carola

Estimada Carola, así mismo tuve a bien contestarte en el blog. Tu grata presencia significa mucho para mí pues de a través de tu mano me llegan palabras de Eduardo.
Muchas gracias por tan hermoso gesto Carola.
Recibe mis saludos con fraternal abrazo.
 
En aquella noche diáfana

Era un ocaso de invierno,
tarde de oro y aromada
languideciendo en un parque
que caía en la nostalgia.

De aquel ocaso tan límpido
y cristalino cual agua,
tenues besos plateados
se asomaban por las ramas.

Sobre el parque adormecido,
el sosiego caminaba
y era un sosiego encantado
en aquella noche diáfana

donde los sueños vivían
entre ráfagas de plata
y los suspiros guardados
escapaban de las almas

como el río en su alegría
escapa hacia la mar brava
entre brillos y canciones
dejando la tierra amarga.

Del parque se desprendían
embriagadoras fragancias,
enmudecían las sendas
y dormían las pisadas,

no había murmullo alguno
que al silencio perturbara,
ni se percibía al viento
caminar entre las ramas,

todo mudo y tan extraño
en aquella noche diáfana
y sin embargo era dulce
el mutismo que guardaba.

Ella, vestida de blanco
tan radiante y toda blanca,
descendía suavemente
esparciendo su elegancia

llevándome desde entonces
hasta el parque y sus fragancias
a pasear a su lado
susurrándonos palabras.

¿Qué fuerza vino a llevarme
en aquella noche diáfana
hasta el parque que dormía
entre ósculos de plata?

Todo una inmensa quietud,
ni un pájaro murmuraba,
todo eran misterios en
el parque de las fragancias

y ella misma era misterio
en aquella noche mágica,
tan cerca la tenía y
sin embargo tan lejana.

En medio del sortilegio
sólo estaba su mirada
deslizándose entre sombras
tan brillante, pura y clara,

era una lluvia de besos
de los que abren esperanzas,
de los que ocultan al día
de los que guardan las almas,

éramos ella y yo, solos,
hablando con las miradas
entre las dormidas hojas
en aquella noche diáfana.

Era una historia de amor
en una noche encantada
y era una noche divina
de las que nunca se apagan

porque daba sentido a
mí vida, porque alumbraban
a mí corazón dormido
aquellas pupilas cándidas...

y me embriagué desde entonces
de su blanquecina gracia
aquella noche satén,
en aquella noche diáfana.

Mas en todo amor hay pena
y se refugia en las brasas
cuando al horizonte asoma
sigilosa la mañana

y sientes que en todas partes
de repente todo cambia
sobre la longeva tierra
y te hace llorar de lástima.

Entre polvo y sol envuelto,
por el parque caminaba
con la triste soledad
que manifiestan las almas

marcando espacios y tiempos
por quemar la mirra amarga
y no perderse en las sombras
que esparcía la alborada.

Y ella misma era misterio
en aquella noche diáfana,
tan cerca la tenía y
sin embargo... tan lejana.

Luis



un poema envolvente y misterioso, me intriga la protagonista, grato leerte, beso
 
En aquella noche diáfana

Era un ocaso de invierno,
tarde de oro y aromada
languideciendo en un parque
que caía en la nostalgia.

De aquel ocaso tan límpido
y cristalino cual agua,
tenues besos plateados
se asomaban por las ramas.

Sobre el parque adormecido,
el sosiego caminaba
y era un sosiego encantado
en aquella noche diáfana

donde los sueños vivían
entre ráfagas de plata
y los suspiros guardados
escapaban de las almas

como el río en su alegría
escapa hacia la mar brava
entre brillos y canciones
dejando la tierra amarga.

Del parque se desprendían
embriagadoras fragancias,
enmudecían las sendas
y dormían las pisadas,

no había murmullo alguno
que al silencio perturbara,
ni se percibía al viento
caminar entre las ramas,

todo mudo y tan extraño
en aquella noche diáfana
y sin embargo era dulce
el mutismo que guardaba.

Ella, vestida de blanco
tan radiante y toda blanca,
descendía suavemente
esparciendo su elegancia

llevándome desde entonces
hasta el parque y sus fragancias
a pasear a su lado
susurrándonos palabras.

¿Qué fuerza vino a llevarme
en aquella noche diáfana
hasta el parque que dormía
entre ósculos de plata?

Todo una inmensa quietud,
ni un pájaro murmuraba,
todo eran misterios en
el parque de las fragancias

y ella misma era misterio
en aquella noche mágica,
tan cerca la tenía y
sin embargo tan lejana.

En medio del sortilegio
sólo estaba su mirada
deslizándose entre sombras
tan brillante, pura y clara,

era una lluvia de besos
de los que abren esperanzas,
de los que ocultan al día
de los que guardan las almas,

éramos ella y yo, solos,
hablando con las miradas
entre las dormidas hojas
en aquella noche diáfana.

Era una historia de amor
en una noche encantada
y era una noche divina
de las que nunca se apagan

porque daba sentido a
mí vida, porque alumbraban
a mí corazón dormido
aquellas pupilas cándidas...

y me embriagué desde entonces
de su blanquecina gracia
aquella noche satén,
en aquella noche diáfana.

Mas en todo amor hay pena
y se refugia en las brasas
cuando al horizonte asoma
sigilosa la mañana

y sientes que en todas partes
de repente todo cambia
sobre la longeva tierra
y te hace llorar de lástima.

Entre polvo y sol envuelto,
por el parque caminaba
con la triste soledad
que manifiestan las almas

marcando espacios y tiempos
por quemar la mirra amarga
y no perderse en las sombras
que esparcía la alborada.

Y ella misma era misterio
en aquella noche diáfana,
tan cerca la tenía y
sin embargo... tan lejana.

Luis




Que maravilla Luis. Romántico, verdadero y con esos tintes Lorquianos que a mi me pueden. Nos introduces en la atmósfera, luego viene ella, luego la mágia y cierras con las palabras con las que el corazón habla. La poesía me gusta cuando leo cosas como esta:

"...tenues besos plateados
se asomaban por las ramas."

 
Momentos complices en esa imanadas formas donde
se manifiesta el amor, aun en la lejania queda ese umbral
donde dejar que los sentimientos sean fluido de una
entrega sincera. excelente. saludos amables de luzyabsenta

Muchas gracias Carlos por tus siempre certeros análisis que valoro cuidadósamente.
Recibe mis saludos cordiales y fraternal abrazo.
 
Muchas gracias Carlos por tus siempre certeros análisis que valoro cuidadósamente.
Recibe mis saludos cordiales y fraternal abrazo.
Agradecido por tu respuesta, siempre tus poemas dejan
como una solemnidad entregada, ls sentimientos asi
se convierten en una direccion maxima. saludos
amables de luzyabsenta
 
Que maravilla Luis. Romántico, verdadero y con esos tintes Lorquianos que a mi me pueden. Nos introduces en la atmósfera, luego viene ella, luego la mágia y cierras con las palabras con las que el corazón habla. La poesía me gusta cuando leo cosas como esta:

"...tenues besos plateados
se asomaban por las ramas."

Mis disculpas estimado amigo por la demora a mi agradecimiento por tu bello gesto con tan gratas palabras que valoro.
Recibe mis saludos cordiales Doblezero.
 
Realmente hermoso, nostálgico y evocador.
Muchas gracias por compartirlo y mis sinceras felicitaciones.
Un cordial saludo,
El Regreso de Alfonsina

Ante todo mis disculpas por la demora en agradecerte tu bello gesto con tan gratas palabras que valoro.
Muchas gracias por acercarte.
Recibe mis saludos cordiales.
 
cuadros-en-lienzo-noche-de-luna-llena-en-el-parque.jpg

En aquella noche diáfana

Era un ocaso de invierno,
tarde de oro y aromada
languideciendo en un parque
que caía en la nostalgia.

De aquel ocaso tan límpido
y cristalino cual agua,
tenues besos plateados
se asomaban por las ramas.

Sobre el parque adormecido,
el sosiego caminaba
y era un sosiego encantado
en aquella noche diáfana

donde los sueños vivían
entre ráfagas de plata
y los suspiros guardados
escapaban de las almas

como el río en su alegría
escapa hacia la mar brava
entre brillos y canciones
dejando la tierra amarga.

Del parque se desprendían
embriagadoras fragancias,
enmudecían las sendas
y dormían las pisadas,

no había murmullo alguno
que al silencio perturbara,
ni se percibía al viento
caminar entre las ramas,

todo mudo y tan extraño
en aquella noche diáfana
y sin embargo era dulce
el mutismo que guardaba.

Ella, vestida de blanco
tan radiante y toda blanca,
descendía suavemente
esparciendo su elegancia

llevándome desde entonces
hasta el parque y sus fragancias
a pasear a su lado
susurrándonos palabras.

¿Qué fuerza vino a llevarme
en aquella noche diáfana
hasta el parque que dormía
entre ósculos de plata?

Todo una inmensa quietud,
ni un pájaro murmuraba,
todo eran misterios en
el parque de las fragancias

y ella misma era misterio
en aquella noche mágica,
tan cerca la tenía y
sin embargo tan lejana.

En medio del sortilegio
sólo estaba su mirada
deslizándose entre sombras
tan brillante, pura y clara,

era una lluvia de besos
de los que abren esperanzas,
de los que ocultan al día
de los que guardan las almas,

éramos ella y yo, solos,
hablando con las miradas
entre las dormidas hojas
en aquella noche diáfana.

Era una historia de amor
en una noche encantada
y era una noche divina
de las que nunca se apagan

porque daba sentido a
mí vida, porque alumbraban
a mí corazón dormido
aquellas pupilas cándidas...

y me embriagué desde entonces
de su blanquecina gracia
aquella noche satén,
en aquella noche diáfana.

Mas en todo amor hay pena
y se refugia en las brasas
cuando al horizonte asoma
sigilosa la mañana

y sientes que en todas partes
de repente todo cambia
sobre la longeva tierra
y te hace llorar de lástima.

Entre polvo y sol envuelto,
por el parque caminaba
con la triste soledad
que manifiestan las almas

marcando espacios y tiempos
por quemar la mirra amarga
y no perderse en las sombras
que esparcía la alborada.

Y ella misma era misterio
en aquella noche diáfana,
tan cerca la tenía y
sin embargo... tan lejana.

Luis



Un recital de poesía en estos delicados y anhelantes versos, bordados de espléndidas imágenes, muestra de tu demostrado talento.
Recibe un grande abrazo y mi afecto de siempre querido hermano.
 
cuadros-en-lienzo-noche-de-luna-llena-en-el-parque.jpg

En aquella noche diáfana

Era un ocaso de invierno,
tarde de oro y aromada
languideciendo en un parque
que caía en la nostalgia.

De aquel ocaso tan límpido
y cristalino cual agua,
tenues besos plateados
se asomaban por las ramas.

Sobre el parque adormecido,
el sosiego caminaba
y era un sosiego encantado
en aquella noche diáfana

donde los sueños vivían
entre ráfagas de plata
y los suspiros guardados
escapaban de las almas

como el río en su alegría
escapa hacia la mar brava
entre brillos y canciones
dejando la tierra amarga.

Del parque se desprendían
embriagadoras fragancias,
enmudecían las sendas
y dormían las pisadas,

no había murmullo alguno
que al silencio perturbara,
ni se percibía al viento
caminar entre las ramas,

todo mudo y tan extraño
en aquella noche diáfana
y sin embargo era dulce
el mutismo que guardaba.

Ella, vestida de blanco
tan radiante y toda blanca,
descendía suavemente
esparciendo su elegancia

llevándome desde entonces
hasta el parque y sus fragancias
a pasear a su lado
susurrándonos palabras.

¿Qué fuerza vino a llevarme
en aquella noche diáfana
hasta el parque que dormía
entre ósculos de plata?

Todo una inmensa quietud,
ni un pájaro murmuraba,
todo eran misterios en
el parque de las fragancias

y ella misma era misterio
en aquella noche mágica,
tan cerca la tenía y
sin embargo tan lejana.

En medio del sortilegio
sólo estaba su mirada
deslizándose entre sombras
tan brillante, pura y clara,

era una lluvia de besos
de los que abren esperanzas,
de los que ocultan al día
de los que guardan las almas,

éramos ella y yo, solos,
hablando con las miradas
entre las dormidas hojas
en aquella noche diáfana.

Era una historia de amor
en una noche encantada
y era una noche divina
de las que nunca se apagan

porque daba sentido a
mí vida, porque alumbraban
a mí corazón dormido
aquellas pupilas cándidas...

y me embriagué desde entonces
de su blanquecina gracia
aquella noche satén,
en aquella noche diáfana.

Mas en todo amor hay pena
y se refugia en las brasas
cuando al horizonte asoma
sigilosa la mañana

y sientes que en todas partes
de repente todo cambia
sobre la longeva tierra
y te hace llorar de lástima.

Entre polvo y sol envuelto,
por el parque caminaba
con la triste soledad
que manifiestan las almas

marcando espacios y tiempos
por quemar la mirra amarga
y no perderse en las sombras
que esparcía la alborada.

Y ella misma era misterio
en aquella noche diáfana,
tan cerca la tenía y
sin embargo... tan lejana.

Luis





Cautivas con tus versos amigo Luis, el misterio nos hace buscar tu compañía en aquella noche diáfana, al parecer la luna no te abandono hasta la aurora.
Me gusta el ritmo del recital, un placer venir a visitarte, un gran abrazo, feliz noche.
 
cuadros-en-lienzo-noche-de-luna-llena-en-el-parque.jpg

En aquella noche diáfana

Era un ocaso de invierno,
tarde de oro y aromada
languideciendo en un parque
que caía en la nostalgia.

De aquel ocaso tan límpido
y cristalino cual agua,
tenues besos plateados
se asomaban por las ramas.

Sobre el parque adormecido,
el sosiego caminaba
y era un sosiego encantado
en aquella noche diáfana

donde los sueños vivían
entre ráfagas de plata
y los suspiros guardados
escapaban de las almas

como el río en su alegría
escapa hacia la mar brava
entre brillos y canciones
dejando la tierra amarga.

Del parque se desprendían
embriagadoras fragancias,
enmudecían las sendas
y dormían las pisadas,

no había murmullo alguno
que al silencio perturbara,
ni se percibía al viento
caminar entre las ramas,

todo mudo y tan extraño
en aquella noche diáfana
y sin embargo era dulce
el mutismo que guardaba.

Ella, vestida de blanco
tan radiante y toda blanca,
descendía suavemente
esparciendo su elegancia

llevándome desde entonces
hasta el parque y sus fragancias
a pasear a su lado
susurrándonos palabras.

¿Qué fuerza vino a llevarme
en aquella noche diáfana
hasta el parque que dormía
entre ósculos de plata?

Todo una inmensa quietud,
ni un pájaro murmuraba,
todo eran misterios en
el parque de las fragancias

y ella misma era misterio
en aquella noche mágica,
tan cerca la tenía y
sin embargo tan lejana.

En medio del sortilegio
sólo estaba su mirada
deslizándose entre sombras
tan brillante, pura y clara,

era una lluvia de besos
de los que abren esperanzas,
de los que ocultan al día
de los que guardan las almas,

éramos ella y yo, solos,
hablando con las miradas
entre las dormidas hojas
en aquella noche diáfana.

Era una historia de amor
en una noche encantada
y era una noche divina
de las que nunca se apagan

porque daba sentido a
mí vida, porque alumbraban
a mí corazón dormido
aquellas pupilas cándidas...

y me embriagué desde entonces
de su blanquecina gracia
aquella noche satén,
en aquella noche diáfana.

Mas en todo amor hay pena
y se refugia en las brasas
cuando al horizonte asoma
sigilosa la mañana

y sientes que en todas partes
de repente todo cambia
sobre la longeva tierra
y te hace llorar de lástima.

Entre polvo y sol envuelto,
por el parque caminaba
con la triste soledad
que manifiestan las almas

marcando espacios y tiempos
por quemar la mirra amarga
y no perderse en las sombras
que esparcía la alborada.

Y ella misma era misterio
en aquella noche diáfana,
tan cerca la tenía y
sin embargo... tan lejana.

Luis



Y de luz se blindan estos versos que bordan en cada renglón el sentimiento de amar hasta el final y a su vez con la misma ráfaga luminaria los recuerdos hacen nido en los bolsillos del alma...
Bellísimo poema Luis, disfrutable de la A a la Z!!!
Un abrazo grande hasta tu espacio de letras y una muy feliz noche de sábado!!!
Camelia
 

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