jmacgar
Poeta veterano en el portal
Del Edén al Apocalipsis
La pasión por tener sabiduría
acercó a Eva al árbol de la ciencia
y mordisqueó su colorido fruto.
Montó en ira por la desobediencia
un dios que es innombrable, castigando
al hombre, a la mujer y descendencia,
a llevar siempre marca de pecado
que les dejó como terrible herencia.
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Ya se escuchan clarines, ya trompetas,
para anunciar que adviene el fin del mundo
como dijera Juan (Apocalipsis).
Se expande un miedo atávico y profundo,
quedos los cuerpos, sudorosas manos,
¿desatará sus rayos iracundo
el dios castigador y justiciero
tan todopoderoso y tremebundo?
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Ejércitos flamígeros de ángeles
descargarán su pavoroso juego
de furias a las órdenes de aquel
que aplicará castigos sin sosiego.
¿Qué destino podrá tener el hombre?
¿habrá un nuevo diluvio siendo fuego
lo que llueva esta vez sobre la tierra
o acaso acepte el innombrable un ruego?
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Octavas hechas al estilo de rimas que hizo Alfonso Reyes Ochoa en su poema Hamadríada del que les dejo su última estrofa:
Te busco, te persigo, te reclamo;
hundo mi frente por tus manos frías;
grabo mis letras en tu flanco para
que cundan del vigor que les envías.
Contigo moriré, contigo aliento,
premio de los trabajos y los días,
último peso en la conciencia de las
religiones y las mitologías.
Alfonso Reyes
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