lomafresquita
Poeta que no puede vivir sin el portal
Besa el aire la Tierra, a flor de piel,
y la tierra el abrazo no le esconde,
en instantes de flores y de miel,
y en acuosos deshielos, le responde.
Parece que por todos los confines
renacen generosos mil portentos,
en ciudades, en campos y jardines
acarician suavísimos los vientos.
La savia en el ascenso no se pierde,
sin prisa, hacia las hojas, va tranquila,
explota apasionado el color verde
en gotas de turquesa y clorofila.
Sortilegios de Sol y de diamante
se cuajan en los límpidos papeles,
las letras de novísimo brillante
y añiles, se derraman en tropeles.
Es mi sangre que noto cuando bulle
en el pulso azulado de la vena,
es el trino sonoro, cuando mulle
y perfuma mi lecho a yerbabuena.
Tiene un tono de voz mi ser sureño,
tiene un algo -¡no sé!-, como la hiedra,
y mi verso de ayer, quizás isleño,
hoy descubre secretos de la piedra.
¡Adelante!, relanza mis pasiones,
emerge de las brumas del pasado,
y puebla con sonrisas y canciones
de nuevo, ¡primavera!, mi costado.
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