lesmo
Poeta veterano en el portal
A un reloj de pared
Impávido aparato maquinante,
que vas marcando el ritmo de las horas,
inexorables siempre, y cumplidoras
con la marcha sin pausa hacia adelante.
Tus brazos, de manera lacerante
acuchillan el tiempo que devoras
y señalan, de idénticas demoras,
a las vidas los rumbos cada instante.
Pero es tu carrillón, de voz templada,
y de salva fugaz y acompasada,
vocero de la casa cuando advierte
de que a pasos constantes día a día,
noche a noche, con una igual porfía,
se recorre el camino de la Muerte;
mas, si he de padecerte
con tu arcano sonido acostumbrado,
¿por qué duermo al oírte descuidado?
Impávido aparato maquinante,
que vas marcando el ritmo de las horas,
inexorables siempre, y cumplidoras
con la marcha sin pausa hacia adelante.
Tus brazos, de manera lacerante
acuchillan el tiempo que devoras
y señalan, de idénticas demoras,
a las vidas los rumbos cada instante.
Pero es tu carrillón, de voz templada,
y de salva fugaz y acompasada,
vocero de la casa cuando advierte
de que a pasos constantes día a día,
noche a noche, con una igual porfía,
se recorre el camino de la Muerte;
mas, si he de padecerte
con tu arcano sonido acostumbrado,
¿por qué duermo al oírte descuidado?