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  • Herramienta de Métrica Española mejorada

    Hemos renovado por completo nuestro analizador de métrica: ahora analiza poemas enteros con detección de sinalefas, sinéresis, esquema rímico, tipo de estrofa y mucho más. Además, incluye dos nuevas herramientas: Rimas — busca rimas consonantes y asonantes filtradas por sílabas — y Sinónimos — encuentra palabras alternativas que encajen en tu verso. Está en fase de pruebas — tu opinión nos ayuda a perfeccionarlo. Si encuentras algún error o tienes sugerencias, escríbenos a info@mundopoesia.com. Probar la nueva versión →

Triste

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa

TRISTE


Tras este trago sepia de cerveza
con el que suelo bautizar mis versos
acabo de caer en que el archivo
(me refiero al archivo en el que escribo)
lleva el nombre del último poema:
feliz definitivo punto doc.
¡Y no pienso cambiarlo!,
no pienso hacerlo, porque me define
de puta madre: una corteza alegre
no quita a que la pulpa sea amarga.

Tengo, no sé por qué, la sensación
de que esta tarde es buena para arar
este poema, porque es de esos días
en los que la nostalgia se abre paso
como aquel tren de Turner en la niebla.
Y despierto, de pronto, en ese tiempo
en el que mi tristeza era feliz
y mis huellas rodaban calle abajo
y sentía ese vértigo
de no encontrar la forma ni el momento
de saltar de una vez de aquel convoy
que fundía en el vientre de sus calderas
el carbón de mi tiempo.

Pero no sé por qué
siento que ya no siento lo de ayer...
Serán tal vez aquellas duras capas
de las que hablaba mi querido amigo
y que sepultan eso que subyace.

Me asomo a la ventana y frente a mí
un mundo entero que me mira verde

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas…


y que verde me silba
y que verde me dice:

Deja ya de escribir por escribir
y abrázate con fuerza a las caderas
de mis ondas y sácame a bailar
sobre las acuarelas de tus sueños.
¿Por qué no ejerces la locura cuerda
de vivir la poesía aquí y ahora?
Follemos hasta hartarnos
y de Bing-Bang en Bing-Bang agotemos
cada uno de nuestros universos.


Me gusta tanto lo que dices, mundo…,
pero yo no soy más que un gris robot.
Sigo las instrucciones que me dictan.
Emulamos los mundos del humano
y como hay tanto humano solo y triste
pues fui, ¡maldita sea!, concebido
como un triste al cuadrado.

Mi querido robot, ¿no te das cuenta
de que esa gente son también robots
como tú, programados a su vez
por otras mentes blancas de silicio?
Además, dudo mucho, ¡es imposible!
que el sentimiento sea computable.

Quien maneja los bits de este sistema
sabe muy bien que el único horizonte
que conoce el rebaño es el pastor:
ese pastor eléctrico del miedo
que os protege el redil y la ración
de salvado y patatas.
Es normal que no sientas la tristeza:
no hay tristeza sin vida que la esculpa
como tampoco existe
la llama sin un fuego que la prenda.


La noche ya ha bordado
de perlas negras mi ventana verde
y el mundo me habla con sus astros ciegos.

Mi admirado robot,
¿es que acaso es posible programar
la secuencia inefable
que crea la tristeza y su temblor?
Recuerda aquella tarde de diciembre
de espuma inmensa y fluctuante: el mar,
la lluvia, las gaviotas, el silencio,
todas aquellas bocas tan abiertas
y los puños cerrados sin aliento
ante un grito ancestral de caracolas.


La presencia brutal de todo un mundo
sostenido en el duro mineral
de las pupilas lisas de tu madre.


Ese temblor es la tristeza, solo
ese temblor. Recuerda, compañero,
que cuando todo pierda su sentido
y el cielo se desgaje
y ya nada te importe,
si tu existencia aún y todo tiembla,
entonces, no lo olvides: estás vivo.


Y de pronto su mano boreal
se posa en el collado de mi nuca
y con ternura corta aquellos cables
que secaron los vástagos de luz
de mi espina dorsal.

Y en este delicioso amanecer
el mundo estrena su tristeza en mí
y mis labios, sí sé por qué, recitan:

verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas...


Kalkbadan
En Madrid, a 26 de octubre de 2019



 
Última edición:
Me has enganchado de tal forma con este poema que has hecho con estricta métrica endecasílaba y heptasílaba (salvo los versos que citas de Lorca) y sin rima, que una vez leídas las primeras líneas ya no he podido dejarlo hasta acabar, a pesar de su extensión. Brilla en él lo mejor de tu poesía, amigo.

Te felicito porque me has tocado el alma con estos versos.

Solo un apunte de tipo técnico que va con pregunta: los versos son todos heptasílabos y endecasílabos salvo estos tres:

todos nuestros universos. (8 sílabas)
de la pupila de tu madre. (9 sílabas)
no lo olvides: estás vivo. (8 sílabas)

¿es intencional?

Un abrazo con mi felicitación, poeta.

TRISTE

Tras este trago sepia de cerveza
con el que suelo bautizar mis versos
acabo de caer en que el archivo
(me refiero al archivo en el que escribo)
lleva el nombre del último poema:
feliz definitivo punto doc.
¡Y no pienso cambiarlo!,
no pienso hacerlo, porque me define
de puta madre: una corteza alegre
no quita a que la pulpa sea amarga.

Tengo, no sé por qué, la sensación
de que esta tarde es buena para arar
este poema, porque es de esos días
en los que la nostalgia se abre paso
cómo aquel tren de Turner en la niebla.
Y despierto, de pronto, en ese tiempo
en el que mi tristeza era feliz
y mis huellas rodaban calle abajo
y sentía ese vértigo
de no encontrar la forma ni el momento
de saltar de una vez de aquel convoy
que fundía en el vientre de sus calderas
el carbón de mi tiempo.

Pero no sé por qué
siento que ya no siento lo de ayer...
Serán tal vez aquellas duras capas
de las que hablaba mi querido amigo
y que sepultan eso que subyace.

Me asomo a la ventana y frente a mí
un mundo entero que me mira verde

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas…


y que verde me silba
y que verde me dice:

Deja ya de escribir por escribir
y abrázate con fuerza a las caderas
de mis ondas y sácame a bailar
sobre las acuarelas de tus sueños.
¿Por qué no ejerces la locura cuerda
de vivir la poesía aquí y ahora?
Follemos hasta hartarnos
y de Bing-Bang en Bing-Bang agotemos
todos nuestros universos.


Me gusta tanto lo que dices, mundo…,
pero yo no soy más que un gris robot.
Sigo las instrucciones que me dictan.
Emulamos los mundos del humano
y como hay tanto humano solo y triste
pues fui, ¡maldita sea!, concebido
como un triste al cuadrado.

Mi querido robot, ¿no te das cuenta
de que esa gente son también robots
como tú, programados a su vez
por otras mentes blancas de silicio?
Además, dudo mucho, ¡es imposible!
que el sentimiento sea computable.

Quien maneja los bits de este sistema
sabe muy bien que el único horizonte
que conoce el rebaño es el pastor:
ese pastor eléctrico
que protege el pasto y su ración
de salvado y patatas.
Es normal que no sientas la tristeza:
no hay tristeza sin vida que la esculpa
como tampoco existe
la llama sin un fuego que la prenda.


La noche ya ha bordado
de perlas negras mi ventana verde
y el mundo me habla con sus astros ciegos.

Mi admirado robot,
¿es que acaso es posible programar
la secuencia inefable
que crea la tristeza y su temblor?
Recuerda aquella tarde de diciembre
de espuma inmensa y fluctuante: el mar,
la lluvia, las gaviotas, el silencio,
todas aquellas bocas tan abiertas
y los puños cerrados
ante un grito ancestral de caracolas.


La presencia brutal de todo un mundo
sostenido en el duro mineral
de la pupila de tu madre.


Ese temblor es la tristeza, solo
ese temblor. Recuerda, compañero,
que cuando todo pierda su sentido
y el cielo se desgaje
y ya nada te importe,
si tu existencia aún y todo tiembla,
no lo olvides: estás vivo.


Y de pronto su mano boreal
se posa en el collado de mi nuca
y con ternura corta aquellos cables
que secaron del todo
cada tallo de luz
de mi espina dorsal.

Y en este delicioso amanecer
el mundo estrena su tristeza en mí
y mis labios, sí sé por qué, recitan:

verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas...


Kalkbadan
En Madrid, a 26 de octubre de 2019


 
Última edición:
TRISTE

Tras este trago sepia de cerveza
con el que suelo bautizar mis versos
acabo de caer en que el archivo
(me refiero al archivo en el que escribo)
lleva el nombre del último poema:
feliz definitivo punto doc.
¡Y no pienso cambiarlo!,
no pienso hacerlo, porque me define
de puta madre: una corteza alegre
no quita a que la pulpa sea amarga.

Tengo, no sé por qué, la sensación
de que esta tarde es buena para arar
este poema, porque es de esos días
en los que la nostalgia se abre paso
cómo aquel tren de Turner en la niebla.
Y despierto, de pronto, en ese tiempo
en el que mi tristeza era feliz
y mis huellas rodaban calle abajo
y sentía ese vértigo
de no encontrar la forma ni el momento
de saltar de una vez de aquel convoy
que fundía en el vientre de sus calderas
el carbón de mi tiempo.

Pero no sé por qué
siento que ya no siento lo de ayer...
Serán tal vez aquellas duras capas
de las que hablaba mi querido amigo
y que sepultan eso que subyace.

Me asomo a la ventana y frente a mí
un mundo entero que me mira verde

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas…


y que verde me silba
y que verde me dice:

Deja ya de escribir por escribir
y abrázate con fuerza a las caderas
de mis ondas y sácame a bailar
sobre las acuarelas de tus sueños.
¿Por qué no ejerces la locura cuerda
de vivir la poesía aquí y ahora?
Follemos hasta hartarnos
y de Bing-Bang en Bing-Bang agotemos
todos nuestros universos.


Me gusta tanto lo que dices, mundo…,
pero yo no soy más que un gris robot.
Sigo las instrucciones que me dictan.
Emulamos los mundos del humano
y como hay tanto humano solo y triste
pues fui, ¡maldita sea!, concebido
como un triste al cuadrado.

Mi querido robot, ¿no te das cuenta
de que esa gente son también robots
como tú, programados a su vez
por otras mentes blancas de silicio?
Además, dudo mucho, ¡es imposible!
que el sentimiento sea computable.

Quien maneja los bits de este sistema
sabe muy bien que el único horizonte
que conoce el rebaño es el pastor:
ese pastor eléctrico
que protege el pasto y su ración
de salvado y patatas.
Es normal que no sientas la tristeza:
no hay tristeza sin vida que la esculpa
como tampoco existe
la llama sin un fuego que la prenda.


La noche ya ha bordado
de perlas negras mi ventana verde
y el mundo me habla con sus astros ciegos.

Mi admirado robot,
¿es que acaso es posible programar
la secuencia inefable
que crea la tristeza y su temblor?
Recuerda aquella tarde de diciembre
de espuma inmensa y fluctuante: el mar,
la lluvia, las gaviotas, el silencio,
todas aquellas bocas tan abiertas
y los puños cerrados
ante un grito ancestral de caracolas.


La presencia brutal de todo un mundo
sostenido en el duro mineral
de la pupila de tu madre.


Ese temblor es la tristeza, solo
ese temblor. Recuerda, compañero,
que cuando todo pierda su sentido
y el cielo se desgaje
y ya nada te importe,
si tu existencia aún y todo tiembla,
no lo olvides: estás vivo.


Y de pronto su mano boreal
se posa en el collado de mi nuca
y con ternura corta aquellos cables
que secaron del todo
cada tallo de luz
de mi espina dorsal.

Y en este delicioso amanecer
el mundo estrena su tristeza en mí
y mis labios, sí sé por qué, recitan:

verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas...


Kalkbadan
En Madrid, a 26 de octubre de 2019


Hola Andreas, ¡impresionante tu Triste! es apasionante seguir tu relato como si tu pluma fuera sola por su cuenta y tu mismo te sorprendieras de lo que cuenta, solo puedo decirte que el poeta ha vertido sobre el papel todo eso que siente y nos atrapa sin saber bien por que y que damos ahí mirando como cuando vamos a un museo y nos sentamos frente a un cuadro durante horas sabiendo que hay algo mas que nos dice...
Un verdadero placer como siempre leerte Andreas.
Un abrazo
Isabel
 
Me has enganchado de tal forma con este poema que has hecho con estricta métrica endecasílaba y heptasílaba (salvo los versos que citas de Lorca) y sin rima, que una vez leídas las primeras líneas ya no he podido dejarlo hasta acabar, a pesar de su extensión. Brilla en él lo mejor de tu poesía, amigo.

Te felicito porque me has tocado el alma con estos versos.

Solo un apunte de tipo técnico que va con pregunta: los versos son todos heptasílabos y endecasílabos salvo estos tres:

todos nuestros universos. (8 sílabas)
de la pupila de tu madre. (9 sílabas)
no lo olvides: estás vivo. (8 sílabas)

¿es intencional?

Un abrazo con mi felicitación, poeta.

¡Hola, Juan! ¿Qué tal va todo, compañero?
Muchas gracias de verdad por la lectura. Me alegra enormemente que te llegaran estos versos.
Hay etapas en las que el robot toma el mando de nuestra vida y seguimos el código establecido por el sistema.

Corrijo la métrica de los versos que me indicas. ¡Muchas gracias!
Un abrazo y feliz otoño.
 
Hola Andreas, ¡impresionante tu Triste! es apasionante seguir tu relato como si tu pluma fuera sola por su cuenta y tu mismo te sorprendieras de lo que cuenta, solo puedo decirte que el poeta ha vertido sobre el papel todo eso que siente y nos atrapa sin saber bien por que y que damos ahí mirando como cuando vamos a un museo y nos sentamos frente a un cuadro durante horas sabiendo que hay algo mas que nos dice...
Un verdadero placer como siempre leerte Andreas.
Un abrazo
Isabel

¡Isabel! Es un gusto saber de tu lectura...
Y sí, efectivamente, se trata de un diálogo en el que me he visto sorprendido por los consejos de ese mundo entero que está a nuestra disposición para ser estrenado. Luz, tiempo y espacio esperan pacientes a las puertas de nuestras esferas de consciencia. Pero el día a día nos aleja de la presencia y nos acerca a ese robot que simplemente hace lo que le dicen que tiene que hacer.
Tu comentario es un regalo precioso que me guardo.
Un abrazo.
 
Hola Andreas, me ha gustado mucho este poema. Has hecho muy bien en publicarlo en clásica no competitiva. Cuando en su día propuse a la administración la creación de este espacio, no pensaba en estos poemas de métrica compleja, en los que además de los versos que demanda la estructura, se cuelan otros elegidos con más libertad. Aunque finalmente hayas corregido la métrica para que el poema no estrófico encaje en los parámetros de la silva, bajo mi punto de vista, tal y como planteas tu trabajo, los versos de ritmo trocaico también tenían cabida, aunque tú finalmente los has corregido. En los poemas que prescinden de la rima creo que queda muy bien sacar de vez en cuando los pies del tiesto de la estructura. La imperfección los hace más valiosos. También hay cierta transgresión en la elección del registro neutro y el registro coloquial. La comunicación con el lector se hace fluida y la transferencia experiencial más cómoda. En los temas que tocas se cuela la Inteligencia Artificial y el problema de las emociones ¿Son las emociones un logaritmo más? ¿Se pueden programar, producir y controlar las emociones humanas? Es un tema difícil del que sin embargo sales airoso con aparente poco esfuerzo. Es una gran virtud. Un saludo. Luis
 
Qué maravilla, qué bien trazado, desenvuelto y profundo.

Recuerda, compañero,
que cuando todo pierda su sentido
y el cielo se desgaje
y ya nada te importe,
si tu existencia aún y todo tiembla,
entonces, no lo olvides: estás vivo.


Un auténtico placer la lectura, gracias por compartir tus versos.
Saludos cordiales,
Eva
 
Última edición:
Para conciliar la tristeza los ojos de tu madre en esa tarde de diciembre con sabor a sal y a muerte, ante ese mar que es aljibe inmenso de ausencia. ¿Dónde somos más intensamente, Andreas? ¿Es follando hasta el hartazgo, o es dejándonos penetrar por esta nostalgia neblinosa que rezuma tu poema?

Me he reencontrado al leer este poema con ese caudaloso río de tu bullente intimidad, esa intimidad ardorosamente afectiva, tan lejana de la robotización que a veces nos convierte en bichos pavlovianos.

Eres un maestro de la silva en este estilo dialogal, sin duda, del que veo, como ya te comenté alguna vez, un dudoso antecedente en Salinas.

El barco sobre la mar y el caballo en la montaña.

abrazo
Jorge
 
Última edición:
TRISTE

Tras este trago sepia de cerveza
con el que suelo bautizar mis versos
acabo de caer en que el archivo
(me refiero al archivo en el que escribo)
lleva el nombre del último poema:
feliz definitivo punto doc.
¡Y no pienso cambiarlo!,
no pienso hacerlo, porque me define
de puta madre: una corteza alegre
no quita a que la pulpa sea amarga.

Tengo, no sé por qué, la sensación
de que esta tarde es buena para arar
este poema, porque es de esos días
en los que la nostalgia se abre paso
como aquel tren de Turner en la niebla.
Y despierto, de pronto, en ese tiempo
en el que mi tristeza era feliz
y mis huellas rodaban calle abajo
y sentía ese vértigo
de no encontrar la forma ni el momento
de saltar de una vez de aquel convoy
que fundía en el vientre de sus calderas
el carbón de mi tiempo.

Pero no sé por qué
siento que ya no siento lo de ayer...
Serán tal vez aquellas duras capas
de las que hablaba mi querido amigo
y que sepultan eso que subyace.

Me asomo a la ventana y frente a mí
un mundo entero que me mira verde

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas…


y que verde me silba
y que verde me dice:

Deja ya de escribir por escribir
y abrázate con fuerza a las caderas
de mis ondas y sácame a bailar
sobre las acuarelas de tus sueños.
¿Por qué no ejerces la locura cuerda
de vivir la poesía aquí y ahora?
Follemos hasta hartarnos
y de Bing-Bang en Bing-Bang agotemos
cada uno de nuestros universos.


Me gusta tanto lo que dices, mundo…,
pero yo no soy más que un gris robot.
Sigo las instrucciones que me dictan.
Emulamos los mundos del humano
y como hay tanto humano solo y triste
pues fui, ¡maldita sea!, concebido
como un triste al cuadrado.

Mi querido robot, ¿no te das cuenta
de que esa gente son también robots
como tú, programados a su vez
por otras mentes blancas de silicio?
Además, dudo mucho, ¡es imposible!
que el sentimiento sea computable.

Quien maneja los bits de este sistema
sabe muy bien que el único horizonte
que conoce el rebaño es el pastor:
ese pastor eléctrico del miedo
que os protege el redil y la ración
de salvado y patatas.
Es normal que no sientas la tristeza:
no hay tristeza sin vida que la esculpa
como tampoco existe
la llama sin un fuego que la prenda.


La noche ya ha bordado
de perlas negras mi ventana verde
y el mundo me habla con sus astros ciegos.

Mi admirado robot,
¿es que acaso es posible programar
la secuencia inefable
que crea la tristeza y su temblor?
Recuerda aquella tarde de diciembre
de espuma inmensa y fluctuante: el mar,
la lluvia, las gaviotas, el silencio,
todas aquellas bocas tan abiertas
y los puños cerrados sin aliento
ante un grito ancestral de caracolas.


La presencia brutal de todo un mundo
sostenido en el duro mineral
de las pupilas lisas de tu madre.


Ese temblor es la tristeza, solo
ese temblor. Recuerda, compañero,
que cuando todo pierda su sentido
y el cielo se desgaje
y ya nada te importe,
si tu existencia aún y todo tiembla,
entonces, no lo olvides: estás vivo.


Y de pronto su mano boreal
se posa en el collado de mi nuca
y con ternura corta aquellos cables
que secaron los vástagos de luz
de mi espina dorsal.

Y en este delicioso amanecer
el mundo estrena su tristeza en mí
y mis labios, sí sé por qué, recitan:

verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas...


Kalkbadan
En Madrid, a 26 de octubre de 2019


Que profunda reflexión nos dejas, creo que antes ya habías tocado un tema similar

Grato leerte
 
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Gracias de todo corazón por estos 10 años
Con todo el cariño de Mundopoesía

Mundopoesía.com
 

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Hola Andreas, me ha gustado mucho este poema. Has hecho muy bien en publicarlo en clásica no competitiva. Cuando en su día propuse a la administración la creación de este espacio, no pensaba en estos poemas de métrica compleja, en los que además de los versos que demanda la estructura, se cuelan otros elegidos con más libertad. Aunque finalmente hayas corregido la métrica para que el poema no estrófico encaje en los parámetros de la silva, bajo mi punto de vista, tal y como planteas tu trabajo, los versos de ritmo trocaico también tenían cabida, aunque tú finalmente los has corregido. En los poemas que prescinden de la rima creo que queda muy bien sacar de vez en cuando los pies del tiesto de la estructura. La imperfección los hace más valiosos. También hay cierta transgresión en la elección del registro neutro y el registro coloquial. La comunicación con el lector se hace fluida y la transferencia experiencial más cómoda. En los temas que tocas se cuela la Inteligencia Artificial y el problema de las emociones ¿Son las emociones un logaritmo más? ¿Se pueden programar, producir y controlar las emociones humanas? Es un tema difícil del que sin embargo sales airoso con aparente poco esfuerzo. Es una gran virtud. Un saludo. Luis

Delicioso comentario, como siempre, Luis... Te agradezco enormemente las valiosas pistas que me regalas para comprender mi propio texto. Y ese "aparente poco esfuerzo" es básicamente la jeta que le echo al asunto, jaja. El tema de la computabilidad de la mente me apasiona. Me gusta pensar en una realidad física que tenga espacio para una génesis no determinista. Quiero creer que soy libre, compañero. Un abrazo y no dejes de enamorarnos con tu presencia. ¡Abrazo!
 
Última edición:
Qué maravilla, qué bien trazado, desenvuelto y profundo.

Recuerda, compañero,
que cuando todo pierda su sentido
y el cielo se desgaje
y ya nada te importe,
si tu existencia aún y todo tiembla,
entonces, no lo olvides: estás vivo.


Un auténtico placer la lectura, gracias por compartir tus versos.
Saludos cordiales,
Eva

El placer es mío, Eva. Gracias por la visita. Los versos que remarcas son, para mí, el núcleo del poema.
Un saludo, compañera, y sigue bien.
 
Para conciliar la tristeza los ojos de tu madre en esa tarde de diciembre con sabor a sal y a muerte, ante ese mar que es aljibe inmenso de ausencia. ¿Dónde somos más intensamente, Andreas? ¿Es follando hasta el hartazgo, o es dejándonos penetrar por esta nostalgia neblinosa que rezuma tu poema?

Me he reencontrado al leer este poema con ese caudaloso río de tu bullente intimidad, esa intimidad ardorosamente afectiva, tan lejana de la robotización que a veces nos convierte en bichos pavlovianos.

Eres un maestro de la silva en este estilo dialogal, sin duda, del que veo, como ya te comenté alguna vez, un dudoso antecedente en Salinas.

El barco sobre la mar y el caballo en la montaña.

abrazo
Jorge

Querido Jorge, ¿qué tal todo?
Yo creo que cuando sentimos, somos. Como decía Unamuno, está muy bien lo de "pienso luego existo", pero la vida, ¿se piensa? ¿o se siente y se vive? Qué bien traído lo de los "bichos pavlolianos". Efectivamente es difícil desmarcarse del bombardeo incesante de estímulos diseñados para que respondamos como buen rebaño a las órdenes del pastor. Por cierto, cada vez que surge el tema de la IA y el futuro robot humanoide me viene a la cabeza ese gran libro que me recomendaste en aquella escapada deliciosa por las calles de Madrid: "La mente nueva del emperador". Gran pensador Roger Penrose.
La intertextualidad de los grandes es jugar a caballo ganador, jaja.
Un abrazo, amigo. ¡Sigue bien!
 

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