jmacgar
Poeta veterano en el portal
Quimera
La nombraron los griegos con solo una palabra,
extraño ser compuesto por cola de dragón,
cabeza de león y con torso de cabra:
Quimera fue su nombre, vástago de Tifón.
Dizque acabó con ella Belerofonte, audaz,
pero en mitos antiguos se ven otras maneras
de esos híbridos seres. No murieron jamás
pues sirenas, centauros, ¿no son también Quimeras?
Ese mito pervive aún en nuestros días,
personas que parecen ser un tierno delfín
mas son de tiburón dentaduras y encías,
sus cuerpos son hermosos y su cabeza ruin.
Las Quimeras existen, andan entre nosotros
yo mismo puedo ser un ser compuesto de otros.
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Dejo aquí el inicio del artículo de Javier Sampedro titulado "Quimeras policíacas" que aventura al final una posibilidad muy sorprendente; dicho artículo fue el que inspiró este soneto:
"Quimeras policíacas"
Si las células de un donante pueden colonizar el semen de un receptor, y otros órganos, imaginemos que algún día, en algún tipo innovador de trasplante, puedan colonizar también el cerebro.
Cabeza de león, torso de cabra y cola de dragón, así era la quimera de la mitología griega que asoló el sur de Anatolia y sabe Zeus qué más hubiera asolado de no ser por la oportuna hazaña de Belerofonte, el 007 de la época. El centauro, la sirena y la criatura del doctor Frankenstein son quimeras en un sentido más lato, pues están hechas de partes de individuos distintos, componentes deshilvanados que, sin embargo, parecen funcionar bien en ese régimen de joint venture, según nos dicta el potaje febril que la imaginación humana ha cocinado durante 25 siglos. Y, sin embargo, las quimeras existen y caminan entre nosotros...
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