Ana Cevallos Carrión
CISNE
Dedicado a mi contador de cuentos favorito: Josè Andrès
imagen tomada de la red
Siete guerreros y un viejo;
cada cual lleva su espada,
aguardan a que el vencejo
señale la hora apropiada,
para vencer al dragón
que secuestró a la Justicia,
valiéndose de un bufón
saturado de avaricia.
El vencejo sobrevuela
y los valientes emprenden
el camino con cautela…
Por la montaña descienden
hasta llegar al castillo
donde reside el dragón.
Es el “Valle del Zorrillo”
el “País de Pimentón”
La noche extiende su manto
sobre los hombres valientes
el viejo entona su canto:
“Mantengamos siempre ardiente
de justicia el corazón,
venceremos al malvado
usando fuerza y razón,
será por fin derrotado.”
El bufón que hacía vela
al ver a los valerosos
huyó como una gacela
al “Valle de los Raposos.”
Los valientes parecían
hormigas trepando el fuerte
todos al viejo seguían
confiando en dios y la suerte.
Con mucho sigilo ingresan
donde reside el perverso,
el recorrido sopesan
en esa hora sin reverso.
El dragón percibió a humano
y en cuatro patas se planta,
de pronto mira a un anciano
que frente a él se levanta,
-¿Qué osas hacer en mi casa
pobre gusano infeliz? -
Le dice el dragón con guasa
y tono de mal cariz.
(Aquel no se ha percatado;
que bajo su gran garganta
los hombres se han colocado
con fe que no se quebranta.)
El viejo siente aversión
mas sabe que lograrán
acabar con el dragón.
Sus siete espadas tendrán
que en su corazón juntarse:
Una incrustada por dentro,
las otras deben clavarse
desde fuera y en su centro.
El dragón ante la faz
del anciano se confunde;
éste emana mucha paz
y un cierto temor le infunde.
Nuevamente le pregunta:
(esta vez con más respeto)
—¿Pretendes dejar sin junta
a tu mujer y tus nietos?
Deja tranquila a mi gente
— increpó el viejo, seguro—,
a mí no hay quien me ahuyente
sea dragón o canguro,
solo vine a conocer
tu larga lengua de fuego,
me han dicho que es de temer
y yo a creerlo me niego.
-Eres audaz e ignorante
mas te concedo el deseo-
dijo el dragón-, y no obstante,
después quemarte planeo.
Y luego con ojos fieros
extendió su lengua larga.
(Debajo aquellos guerreros
vivían una hora amarga.)
El viejo trepó y veloz,
caminó con paso agudo
y cuando el dragón feroz
quiso escupirlo no pudo;
atado a la campanilla
estaba el anciano Leo
y la espada cual plumilla
provocaba cosquilleo.
Él siguió como viajero
buscando el camino al pecho,
(afuera sus compañeros
aguardaban al acecho)
Cuando llegó al corazón
clavó con furia la espada;
aquel sintió el aguijón
y su fuerza fue menguada.
Los guerreros al instante
las siete espadas clavaron;
fue un segundo fulminante
¡cuando al gran dragón mataron!
¡La justicia fue salvada!
El bufón con su torpeza
fue a la prisión “Payasada”.
Comentan que esta proeza
no ha servido de gran cosa;
En el “Valle del Zorrillo”
— dice una vieja chismosa—:
Siempre habrá algún dragón pillo.
Ana Cevallos Carrión
Loja, 2013.
Nota 1.- Es un poema muy extenso, así que agradezco anticipadamente a quienes me lean y dejen su comentario, así como sus críticas constructivas.
Nota 2.- Todos las situaciones, personajes, lugares, etc, son producto de la imaginación de José Andrés y mía, por lo que cualquier parecido con la realidad es coincidencia
imagen tomada de la red
Siete guerreros y un viejo;
cada cual lleva su espada,
aguardan a que el vencejo
señale la hora apropiada,
para vencer al dragón
que secuestró a la Justicia,
valiéndose de un bufón
saturado de avaricia.
El vencejo sobrevuela
y los valientes emprenden
el camino con cautela…
Por la montaña descienden
hasta llegar al castillo
donde reside el dragón.
Es el “Valle del Zorrillo”
el “País de Pimentón”
La noche extiende su manto
sobre los hombres valientes
el viejo entona su canto:
“Mantengamos siempre ardiente
de justicia el corazón,
venceremos al malvado
usando fuerza y razón,
será por fin derrotado.”
El bufón que hacía vela
al ver a los valerosos
huyó como una gacela
al “Valle de los Raposos.”
Los valientes parecían
hormigas trepando el fuerte
todos al viejo seguían
confiando en dios y la suerte.
Con mucho sigilo ingresan
donde reside el perverso,
el recorrido sopesan
en esa hora sin reverso.
El dragón percibió a humano
y en cuatro patas se planta,
de pronto mira a un anciano
que frente a él se levanta,
-¿Qué osas hacer en mi casa
pobre gusano infeliz? -
Le dice el dragón con guasa
y tono de mal cariz.
(Aquel no se ha percatado;
que bajo su gran garganta
los hombres se han colocado
con fe que no se quebranta.)
El viejo siente aversión
mas sabe que lograrán
acabar con el dragón.
Sus siete espadas tendrán
que en su corazón juntarse:
Una incrustada por dentro,
las otras deben clavarse
desde fuera y en su centro.
El dragón ante la faz
del anciano se confunde;
éste emana mucha paz
y un cierto temor le infunde.
Nuevamente le pregunta:
(esta vez con más respeto)
—¿Pretendes dejar sin junta
a tu mujer y tus nietos?
Deja tranquila a mi gente
— increpó el viejo, seguro—,
a mí no hay quien me ahuyente
sea dragón o canguro,
solo vine a conocer
tu larga lengua de fuego,
me han dicho que es de temer
y yo a creerlo me niego.
-Eres audaz e ignorante
mas te concedo el deseo-
dijo el dragón-, y no obstante,
después quemarte planeo.
Y luego con ojos fieros
extendió su lengua larga.
(Debajo aquellos guerreros
vivían una hora amarga.)
El viejo trepó y veloz,
caminó con paso agudo
y cuando el dragón feroz
quiso escupirlo no pudo;
atado a la campanilla
estaba el anciano Leo
y la espada cual plumilla
provocaba cosquilleo.
Él siguió como viajero
buscando el camino al pecho,
(afuera sus compañeros
aguardaban al acecho)
Cuando llegó al corazón
clavó con furia la espada;
aquel sintió el aguijón
y su fuerza fue menguada.
Los guerreros al instante
las siete espadas clavaron;
fue un segundo fulminante
¡cuando al gran dragón mataron!
¡La justicia fue salvada!
El bufón con su torpeza
fue a la prisión “Payasada”.
Comentan que esta proeza
no ha servido de gran cosa;
En el “Valle del Zorrillo”
— dice una vieja chismosa—:
Siempre habrá algún dragón pillo.
Ana Cevallos Carrión
Loja, 2013.
Nota 2.- Todos las situaciones, personajes, lugares, etc, son producto de la imaginación de José Andrés y mía, por lo que cualquier parecido con la realidad es coincidencia
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