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Domingo ciego

Para cada uno tiene el calendario sus connotaciones. Yo recuerdo los domingos de mi enfancia como algo maravilloso, lleno de encanto. Luego la vida los ha ido convirtiendo en moneda de cambio, en asueto laboral y su magia se ha ido perdiendo. Hoy, que ya no trabajo, me he vuelto a reencontrar con ellos.
Tus versos, sin embargo, derraman tristeza, esa tristeza de lo cotidiano y aburrido y , no obstante, llevan a la lectura con interés de tus letras, mostrando a la poetisa que hay detrás.
Un cordial saludo.
Estimado Luis, pues sí esto de la vida adulta es duro, es tan preciso esto de cuando somos niños queremos ser adultos sin saber todo el meollo que trae el calendario a los ojos.
Mil y mil gracias por leerme Luis, un fuerte abrazo.
 
Condenados domingos: apenas ayer eran libertad y hoy parecen extenderse en bostezos reumáticos. Este domingo tuyo parece que se tragó toda la semana, todo el mes y años de tus años, permanece en perpetua letargia, mirando como circulan las sombras al fondo de ese abismo.
Me encanta encontrar tus poemas, aunque mal siento una cosquilla de tristeza por saber de quién vienen. Amiga poeta Rosmery, ya que no se pueden cancelar los domingos ni el invierno, hay que seguir escribiéndolos hasta que chillen y revienten en burbujas los malhadados.
Recibe pronto este abrazo cordial, con todo mi cariño y mi admiración.

Lo has dicho tú mejor mi estimado Pedro, reuma, soledad y escombros es lo que hay en los domingos, aunque éste bien lo dices se traga todos mis años. Muchas gracias por posar tus ojos en el volátil calendario de la niña Ros.
Un beso mi estimado amigo.....
 
Domingo ciego

Amaneció el domingo ciego,
con los ojos derramados
en el piso y con resaca
en el calendario.
Hay manías que se zafan
y hacen pausa en el prefacio
de mi historia,
esa,
que se condensa en los zapatos.
Pesa la espalda al tratar
de levantar las enésimas
toneladas de costumbres
en el génesis de la tragedia de ser yo
al borde del abismo…
Muy buen poema. Sabés, la poesía cuando se lee muchas veces se asemeja con el interior del lector. Bueno este es uno de esos casos. Muy rico y sugerente, profundo.

Abrazos.
 
Domingo ciego

Amaneció el domingo ciego,
con los ojos derramados
en el piso y con resaca
en el calendario.
Hay manías que se zafan
y hacen pausa en el prefacio
de mi historia,
esa,
que se condensa en los zapatos.
Pesa la espalda al tratar
de levantar las enésimas
toneladas de costumbres
en el génesis de la tragedia de ser yo
al borde del abismo…
Vaya que se parecen a los míos
y estos a casi todos los días

toneladas de costumbres
en el génesis de la tragedia de ser yo
al borde del abismo…

crudo, muy crudo pero un excelente cierre
a pesar de los pesares me ha dado gusto encontrarme en tu espacio y deletrear tu fina poesía, cariños bella Ros

ligiA
 
Domingo ciego

Amaneció el domingo ciego,
con los ojos derramados
en el piso y con resaca
en el calendario.
Hay manías que se zafan
y hacen pausa en el prefacio
de mi historia,
esa,
que se condensa en los zapatos.
Pesa la espalda al tratar
de levantar las enésimas
toneladas de costumbres
en el génesis de la tragedia de ser yo
al borde del abismo…
Quizás necesitas merodear ese borde para sentirte viva. Un beso, Rosmery.
 
Vaya que se parecen a los míos
y estos a casi todos los días

toneladas de costumbres
en el génesis de la tragedia de ser yo
al borde del abismo…

crudo, muy crudo pero un excelente cierre
a pesar de los pesares me ha dado gusto encontrarme en tu espacio y deletrear tu fina poesía, cariños bella Ros

ligiA
Encantada de verte por aquí mi estimada Ligia, es muy grato tenerte en estos días lúgubres.
Un abrazo bella!
 
El peso de amanecer siendo yo con todo lo que eso implica: costumbres, pensamientos, sentimientos y un camino que parece prefijado. Surge entonces la certeza de ser un punto que vaga en el universo.
Un lujo de lectura, estimada poeta.
Un abrazo sincero y felicitaciones por el poema.

Gracias por comentar la rutina en la que se envuelven los domingos. Un abrazo Monje.
 
Domingo ciego

Amaneció el domingo ciego,
con los ojos derramados
en el piso y con resaca
en el calendario.
Hay manías que se zafan
y hacen pausa en el prefacio
de mi historia,
esa,
que se condensa en los zapatos.
Pesa la espalda al tratar
de levantar las enésimas
toneladas de costumbres
en el génesis de la tragedia de ser yo
al borde del abismo…


Me gustó este domingo ciego pero que trae buena poesía. Un placer de lectura, Rosmery. Un abrazo, compañera.
 

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