¡Ah!, septiembre 2012! Han pasado más de ocho años desde aquellos bonitos tiempos del trioleto, el tronante, el ovillejo. Tiempos de descubrir, de ensayar y de dialogar alrededor de las formas.
Recuerdo a Eduardo de la Barra como si fuera hoy. Era un poeta que, cuando menos lo esperabas, cuando se lo proponía y se alejaba de las trivias poéticas que tanto le atraían, presentaba unos poemas ─sonetos sobre todo─ excepcionales. Era visto como un maestro, no solo por su calidad poética, sino por su jerarquía dentro del portal, por sus actividades en el foro de Clásica Competitiva y por el material didáctico que puso a nuestra disposición, material en el que invirtió largos años de su vida.
Eduardo fue muy generoso en ese sentido, y su generosidad y dedicación se extendieron, muy especialmente, a este foro de Clásica no Competitiva, foro por el que tuvo una gran predilección.
Bonito y merecido homenaje, paisano Manuel. Ha hecho que me remonte a tiempos mejores en este portal, donde no faltaba el entusiasmo para sumarse a las convocatorias. Recuerdo que en esa oportunidad compuse un trioleto dedicado a nuestro querido poeta Cruz Salmerón Acosta:
YO, SALMERÓN.
El mar se queda llorando
con sus lágrimas de sal
y apenado de mi mal
el mar se queda llorando.
Muero un azul evocando
y en ese azul de cristal
el mar se queda llorando
con sus lágrimas de sal.
Y que cuando lo presenté, como puedes ver en su comentario, Eduardo manifestó la confianza que tenía en mí como poeta. Su palabra hacia mí siempre fue precisa, alentadora y respetuosa; el respeto era mutuo; y cuando se le presentaba la oportunidad de mostrar su terquedad, cosa de la que no estaba exento, todo quedaba en eso: en respeto. Extraño esos tiempos en los que podíamos discutir sin desviarnos de las normativas del foro, sin groserías ni maldad y sin perder el norte de lo que, por sobre todas las cosas, debía mantenernos unidos: la poesía.
Un abrazo infinito.
Elhi