Fingal
Poeta adicto al portal
Acuéstate a mi lado;
de ti no necesito defenderme.
No tienes que fingir,
abre las manos, tiembla si es preciso.
Tengo derecho al miedo;
tienes derecho a confesarte
tan frágil como libre.
Confíame tu espalda,
las costuras que limpias de mi boca,
la argolla que retiro de tus hombros.
Acuéstame contigo;
me has lavado los pies,
no para la humildad,
no para el culto, no para el engaño.
Te he lavado las sábanas
por el olor de la amnistía,
la dignidad del suelo.
Acuéstame a tu lado,
bendice tu derrota
y déjame caer hasta tu frente
para que puedas respirar en calma,
para que puedas conmover mi culpa.
Aún nos queda un poco de calor,
la memoria del trigo.
Acuéstate y comparte
las grietas de mi piel,
tu cuerpo de cartón y de ceniza,
mi sangre que desea ser tus hijos.
La noche no vigila ni condena.
Álvaro del Prado
de ti no necesito defenderme.
No tienes que fingir,
abre las manos, tiembla si es preciso.
Tengo derecho al miedo;
tienes derecho a confesarte
tan frágil como libre.
Confíame tu espalda,
las costuras que limpias de mi boca,
la argolla que retiro de tus hombros.
Acuéstame contigo;
me has lavado los pies,
no para la humildad,
no para el culto, no para el engaño.
Te he lavado las sábanas
por el olor de la amnistía,
la dignidad del suelo.
Acuéstame a tu lado,
bendice tu derrota
y déjame caer hasta tu frente
para que puedas respirar en calma,
para que puedas conmover mi culpa.
Aún nos queda un poco de calor,
la memoria del trigo.
Acuéstate y comparte
las grietas de mi piel,
tu cuerpo de cartón y de ceniza,
mi sangre que desea ser tus hijos.
La noche no vigila ni condena.
Álvaro del Prado