Absolución

Fingal

Poeta adicto al portal
Acuéstate a mi lado;
de ti no necesito defenderme.
No tienes que fingir,
abre las manos, tiembla si es preciso.
Tengo derecho al miedo;
tienes derecho a confesarte
tan frágil como libre.
Confíame tu espalda,
las costuras que limpias de mi boca,
la argolla que retiro de tus hombros.

Acuéstame contigo;
me has lavado los pies,
no para la humildad,
no para el culto, no para el engaño.
Te he lavado las sábanas
por el olor de la amnistía,
la dignidad del suelo.

Acuéstame a tu lado,
bendice tu derrota
y déjame caer hasta tu frente
para que puedas respirar en calma,
para que puedas conmover mi culpa.
Aún nos queda un poco de calor,
la memoria del trigo.

Acuéstate y comparte
las grietas de mi piel,
tu cuerpo de cartón y de ceniza,
mi sangre que desea ser tus hijos.

La noche no vigila ni condena.


Álvaro del Prado
 
Todo un recital de amor compartido nos presentas con exquisitas imágenes, amigo Fingal, ha sido un placer poderlo leer de nuevo y apreciar toda la profundidad de tu mensaje amatorio.

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Ciertamente es un hermosísimo poema, una petición amorosa por encima
de todo sentimiento posible, una entrega absoluta, una declaración de la
incondicionalidad de amar y ser amado, absolución que se pide y que se
entrega. Gracias por compartir tu poema en el foro.
Besitos cariñosos apretados en tus mejillas.
 
Acuéstate a mi lado;
de ti no necesito defenderme.
No tienes que fingir,
abre las manos, tiembla si es preciso.
Tengo derecho al miedo;
tienes derecho a confesarte
tan frágil como libre.
Confíame tu espalda,
las costuras que limpias de mi boca,
la argolla que retiro de tus hombros.

Acuéstame contigo;
me has lavado los pies,
no para la humildad,
no para el culto, no para el engaño.
Te he lavado las sábanas
por el olor de la amnistía,
la dignidad del suelo.

Acuéstame a tu lado,
bendice tu derrota
y déjame caer hasta tu frente
para que puedas respirar en calma,
para que puedas conmover mi culpa.
Aún nos queda un poco de calor,
la memoria del trigo.

Acuéstate y comparte
las grietas de mi piel,
tu cuerpo de cartón y de ceniza,
mi sangre que desea ser tus hijos.

La noche no vigila ni condena.


Álvaro del Prado
Es que lo leo y lo vuelvo a leer y encuentro nuevos matices, como todos esos poemas que se convierten en clásicos. Dos cuerpos cansados que vienen de gastar el alma y los besos, pero aún pueden ungirse en una entrega que es redención, olvido del pasado y el paraíso momentáneo:

las costuras que limpias de mi boca,
la argolla que retiro de tus hombros.

Es una genialidad. Me alegra mucho que lo hayas compartido en este foro, compañero Álvaro.

Saludos cordiales.
 
Acuéstate a mi lado;
de ti no necesito defenderme.
No tienes que fingir,
abre las manos, tiembla si es preciso.
Tengo derecho al miedo;
tienes derecho a confesarte
tan frágil como libre.
Confíame tu espalda,
las costuras que limpias de mi boca,
la argolla que retiro de tus hombros.

Acuéstame contigo;
me has lavado los pies,
no para la humildad,
no para el culto, no para el engaño.
Te he lavado las sábanas
por el olor de la amnistía,
la dignidad del suelo.


Acuéstame a tu lado,
bendice tu derrota
y déjame caer hasta tu frente
para que puedas respirar en calma,
para que puedas conmover mi culpa.
Aún nos queda un poco de calor,
la memoria del trigo.

Acuéstate y comparte
las grietas de mi piel,
tu cuerpo de cartón y de ceniza,
mi sangre que desea ser tus hijos.

La noche no vigila ni condena.



Es un poema de amor precioso, Fingal, con momentos verdaderamente geniales. Y es que escribir hoy en día un poema de amor destacable y diferente es toda una proeza, y para mi gusto tú lo has logrado. Mis felicitaciones sinceras, compañero. Un cordial saludo.
 
Es una genialidad. Me alegra mucho que lo hayas compartido en este foro, compañero Álvaro

Muchas gracias, Martín Vera, por profundizar en el comentario del poema. Me alegra especialmente que te haya llamado la atención el verso:

"la argolla que retiro de tus hombros".

En revisiones del poema, ese verso estuvo a punto de quedarse en simplemente "la argolla que retiro".

Lo dejé como está porque así repite la estructura del verso anterior, que creo que refuerza esa sensación de reciprocidad y también por la alusión que creo que hace a liberar a la otra persona.
 
Última edición:
Es un poema de amor precioso, Fingal, con momentos verdaderamente geniales. Y es que escribir hoy en día un poema de amor destacable y diferente es toda una proeza, y para mi gusto tú lo has logrado. Mis felicitaciones sinceras, compañero. Un cordial saludo

Muchas gracias, Luis. Intenté centrarme en lo que pienso que se pueden ofrecer dos personas mutuamente como apoyo y comprensión, un poco al margen de la atracción física, pero sin quitar intimidad.
 
Acuéstate a mi lado;
de ti no necesito defenderme.
No tienes que fingir,
abre las manos, tiembla si es preciso.
Tengo derecho al miedo;
tienes derecho a confesarte
tan frágil como libre.
Confíame tu espalda,
las costuras que limpias de mi boca,
la argolla que retiro de tus hombros.

Acuéstame contigo;
me has lavado los pies,
no para la humildad,
no para el culto, no para el engaño.
Te he lavado las sábanas
por el olor de la amnistía,
la dignidad del suelo.

Acuéstame a tu lado,
bendice tu derrota
y déjame caer hasta tu frente
para que puedas respirar en calma,
para que puedas conmover mi culpa.
Aún nos queda un poco de calor,
la memoria del trigo.

Acuéstate y comparte
las grietas de mi piel,
tu cuerpo de cartón y de ceniza,
mi sangre que desea ser tus hijos.

La noche no vigila ni condena.


Álvaro del Prado


Para degustar de a pocos..., un poema exquisito Álvaro. Te felicito

Un abrazo,

Palmira
 

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