El último cigarro

Luis Libra

Atención: poeta en obras
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El último cigarrillo. Sí.

Porque hoy al fin vas a dejar de fumar.

11: 57 pm
Puede que de un 24 de octubre.
La última calada de ese humo tóxico y mortal,
sucio y a la vez entrañablemente
balsámico y embriagador.
Abrigo y testigo de tantos y tantos momentos.
Momentos gélidos, momentos
calientes, irrepetibles, reveladores...
(o momentos que simplemente llenaban
día tras día el álbum de tu existencia)

Y hoy, ahora, es el último.
Sí, ¡el último de verdad!
Y hay que olvidar: matar tu yo fumador.
Quieres convencerte que este último
sabor a tabaco en tu paladar es asqueroso.
En un minuto correrás a lavarte los dientes
y enjuagarte la boca.
Y al mirarte al espejo serás otro Tú
distinto (en versión mejorada)

Y ese elixir bucal es el instrumento,
la herramienta, el arma,
la metáfora del cambio,
la varita mágica para el renacimiento de un nuevo Tú.
¡Pero no!, no es solo dejar de fumar.
En el fondo sabes que es algo más.

Una muerte y un nacimiento nuevos más.
Y es que morimos y nacemos tantas veces
a lo largo y ancho de nuestra vida...

¡Y otra vez más!

Como la última (y definitiva) discusión con esa chica,
ese último y cariñoso polvo de despedida,
ese último y ultratierno beso.
Y después lo vuestro habrá muerto para siempre.
Ya nunca más seréis ese "Tú y Ella"
(envidia insana de tantos y tantas
a lo largo de vuestra relación)

Ahora si acaso seréis amigos (no te engañes,
casi nunca resulta).
De una sola bala imaginaria habréis asesinado
vuestro Vosotros,
¡aquel inexpugnable "Vosotros y el mundo"!
Y con él vuestro inagotable deseo,
vuestra complicidad única,
vuestros mil proyectos de futuro en común,
y hasta aquel inolvidable y surrealista aniversario
vuestro en Roma (relato estrella obligado y
multirrepetido en las reuniones
ebrias y trasnochadas de amiguetes)

Ahora eres un nuevo Tú, y Ella es una nueva ella.
Como recién nacidos.
Nacidos: tú a otros poco posibles
"Tú y Ella"
Y ella a otros muy probables
"Ella y él"

Porque dejar atrás algunas cosas
siempre es morir un poco.
¡Y es que son tantas y tantas muertes durante la vida!

Como cuando dejas ese trabajo (después de 20 años),
o cambias de casa,
o de ciudad,
incluso al jubilar tu viejo y fiel coche
(más duro que un tanque)
y que era más que un coche.
O cuando te deshaces (a regañadientes)
de aquella inseparable y destrozada chaqueta de tu juventud,
que hoy, desde las oscuras entrañas del armario,
te parece más que una simple chaqueta.

Y también están esas otras muertes
(las más dramáticas y cabronas):
Ya nunca más "Tú y tu Amigo"
Ya nunca más "Tú y tu Familiar"
Ya nunca más "Tú y tu querida Perra (golden retriever)"

Y en todas esas muertes tú también mueres.
Siempre igual: Morir y renacer.
Renacer para luego volver a morir.

Cual recorrido por un parque temático
de primeras y últimas veces,
o de muertes y renacimientos. Tras cada calle,
tras cada esquina, en cada puesto y atracción.
-O como en aquella pelí de bucles temporales
en que el protagonista la terminaba cagando siempre
al final, una y otra vez,
por más que hiciera esto o lo otro
(hasta el día que uno la caga de verdad
y del todo, claro)

Y eso al final cansa. Eso agota lo indecible.
Y un día te rebelas de morir
y de volver a nacer tantas veces,
y de volver a nacer
para luego volver a morir.

Pero aun así, todavía no quieres abandonar el parque.
Porque te has convertido en un superviviente de muertes
y renaceres: Un auténtico profesional
de primeras y últimas veces.

Entonces aplastas, no sin cierta tristeza y cariño,
la colilla en el cenicero,
y corres a cepillarte los dientes.

Y al volver a la cocina
ves una antigua nota suya aún pegada en la nevera:

"cariño, compra naranjas para el desayuno, porfa"

La despegas, la lees, la relees,
y te quedas mirando la palabra "cariño"
(con esa típica erre suya tan ilegible y graciosa)
Y sientes pena,
y dolor,
y odio (sobre todo hacia ti),
y rabia,
y más pena.
Y finalmente, en un gesto absolutamente estoico,
la conviertes en una pequeña
y arrugada pelota de papel,
y la arrojas al jodido y santo cubo de la basura.

Ahora eres otra vez un nuevo Tú,

un recién estrenado Tú:
Un Tú renacido,
pero también un tú más muerto.
Y de repente te sientes más pequeño,
un tú en minúsculas
(y sin humo)

... un tú de mierda.

Y te empiezas a ver más invisible,
más y más invisible
a cada hora,
a cada minuto,
a cada segundo que pasa,

(aunque al salir a la calle
los demás te vean,

te sigan viendo

igual que siempre)

_______
 
Última edición:
Resucitar para seguir sintiéndose igual de mal. Evolucionar y ser todavía peor y aún así no querer renunciar a lo que Rogers llamó actualización. Profundo, sí. Un saludo. Luis
 
Resucitar para seguir sintiéndose igual de mal. Evolucionar y ser todavía peor y aún así no querer renunciar a lo que Rogers llamó actualización. Profundo, sí. Un saludo. Luis


Quizás el instinto y deseo de supervivencia no nos hace necesariamente mejores en otros factores o sirven para otro fin que no sean los que simplemente nos permiten existir... Supongo que sobrevivir y evolucionar no siempre van a la par. Gracias por tu visita, Luis. Un abrazo.
 
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El último cigarrillo. Sí.

... Porque hoy al fin vas a dejar de fumar.

11: 57 pm
Puede que de un 24 de octubre.
La última calada de ese humo tóxico y mortal,
sucio y a la vez entrañablemente
balsámico y embriagador.
Abrigo y testigo de tantos y tantos momentos.
Momentos gélidos, momentos
calientes, irrepetibles, reveladores...
(o momentos que simplemente llenaban
día tras día el álbum de tu existencia)

Y hoy, ahora, es el último.
Sí, ¡el último de verdad!
Y hay que olvidar: matar tu yo fumador.
Quieres convencerte que este último
sabor a tabaco en tu paladar es asqueroso.
En un minuto correrás a lavarte los dientes
y enjuagarte la boca.
Y al mirarte al espejo serás otro Tú
distinto (en versión mejorada)

Y ese elixir bucal es el instrumento,
la herramienta, el arma,
la metáfora del cambio,
la varita mágica para el renacimiento de un nuevo Tú.
¡Pero no!, no es solo dejar de fumar.
En el fondo sabes que es algo más.

Una muerte y un nacimiento nuevos más.
Y es que morimos y nacemos tantas veces
a lo largo y ancho de nuestra vida...

¡Y otra vez más!

Como la última (y definitiva) discusión con esa chica,
ese último y cariñoso polvo de despedida,
ese último y ultratierno beso...
Y después lo vuestro habrá muerto para siempre.
Ya nunca más seréis ese "Tú y Ella"
(envidia insana de tantos y tantas
a lo largo de vuestra relación)

Ahora si acaso seréis amigos (no te engañes,
casi nunca resulta).
De una sola bala imaginaria habréis asesinado
vuestro Vosotros,
¡aquel inexpugnable "Vosotros y el mundo"!
Y con él vuestro inagotable deseo,
vuestra complicidad única,
vuestros mil proyectos de futuro en común,
y hasta aquel inolvidable y surrealista aniversario
vuestro en Roma (relato estrella obligado y
multirrepetido en las reuniones
ebrias y trasnochadas de amiguetes)

Ahora eres un nuevo Tú, y Ella es una nueva ella.
Como recién nacidos.
Nacidos: tú a otros poco posibles
"Tú y Ella"
Y ella a otros muy probables
"Ella y él"

Porque dejar atrás algunas cosas
siempre es morir un poco.
¡Y es que son tantas y tantas muertes durante la vida!

Como cuando dejas ese trabajo (después de 20 años),
o cambias de casa,
o de ciudad,
incluso al jubilar tu viejo y fiel coche
(más duro que un tanque)
y que era más que un coche.
O cuando te deshaces (a regañadientes)
de aquella inseparable y destrozada chaqueta de tu juventud,
que hoy, desde las oscuras entrañas del armario,
te parece más que una simple chaqueta...

Y también están esas otras muertes
(las más dramáticas y cabronas):
Ya nunca más "Tú y tu Amigo"
Ya nunca más "Tú y tu Familiar"
Ya nunca más "Tú y tu querida Perra (golden retriever)"

Y en todas esas muertes tú también mueres.
Siempre igual: Morir y renacer.
Renacer para luego volver a morir.

Cual recorrido por un parque temático
de primeras y últimas veces,
o de muertes y renacimientos. Tras cada calle,
tras cada esquina, en cada puesto y atracción...
-O como en aquella pelí de bucles temporales
en que el protagonista la terminaba cagando siempre
al final, una y otra vez,
por más que hiciera esto o lo otro...
(hasta el día que uno la caga de verdad
y del todo, claro)

Y eso al final cansa. Eso agota lo indecible.
Y un día te rebelas de morir
y de volver a nacer tantas veces,
y de volver a nacer para volver a morir.

Pero aun así, todavía no quieres abandonar el parque.
Porque te has convertido en un superviviente de muertes
y renaceres: Un auténtico profesional
de primeras y últimas veces.

Entonces aplastas, no sin cierta tristeza y cariño,
la colilla en el cenicero,
y corres a cepillarte los dientes...

Y al volver a la cocina
ves una antigua nota suya aún pegada en la nevera:
"cariño, compra naranjas para el desayuno, porfa"

La despegas, la lees, la relees,
y te quedas mirando la palabra "cariño"
(con esa típica erre suya tan ilegible y graciosa)
Y sientes pena,
y dolor,
y odio (sobre todo hacia ti),
y rabia,
y más pena.
Y finalmente, en un gesto absolutamente estoico,
la conviertes en una pequeña
y arrugada pelota de papel,
y la arrojas al jodido y santo cubo de la basura.

Ahora eres otra vez un nuevo Tú,

un recién estrenado Tú:
Un Tú renacido,
pero también un tú más muerto.
Y de repente te sientes más pequeño,
un tú en minúsculas
(y sin humo)

... un tú de mierda.

Y te empiezas a ver más invisible,
más y más invisible
a cada hora,
a cada minuto,
a cada segundo que pasa...

(aunque al salir a la calle
los demás te vean,

te sigan viendo,

igual que siempre)

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Con un ultimo cigarro muchos se despiden, pero es el primero de mañana.
Gracias, por tan maravilloso escrito.
Un placer leerlo.
Un saludo
 
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El último cigarrillo. Sí.

Porque hoy al fin vas a dejar de fumar.

11: 57 pm
Puede que de un 24 de octubre.
La última calada de ese humo tóxico y mortal,
sucio y a la vez entrañablemente
balsámico y embriagador.
Abrigo y testigo de tantos y tantos momentos.
Momentos gélidos, momentos
calientes, irrepetibles, reveladores...
(o momentos que simplemente llenaban
día tras día el álbum de tu existencia)

Y hoy, ahora, es el último.
Sí, ¡el último de verdad!
Y hay que olvidar: matar tu yo fumador.
Quieres convencerte que este último
sabor a tabaco en tu paladar es asqueroso.
En un minuto correrás a lavarte los dientes
y enjuagarte la boca.
Y al mirarte al espejo serás otro Tú
distinto (en versión mejorada)

Y ese elixir bucal es el instrumento,
la herramienta, el arma,
la metáfora del cambio,
la varita mágica para el renacimiento de un nuevo Tú.
¡Pero no!, no es solo dejar de fumar.
En el fondo sabes que es algo más.

Una muerte y un nacimiento nuevos más.
Y es que morimos y nacemos tantas veces
a lo largo y ancho de nuestra vida...

¡Y otra vez más!

Como la última (y definitiva) discusión con esa chica,
ese último y cariñoso polvo de despedida,
ese último y ultratierno beso.
Y después lo vuestro habrá muerto para siempre.
Ya nunca más seréis ese "Tú y Ella"
(envidia insana de tantos y tantas
a lo largo de vuestra relación)

Ahora si acaso seréis amigos (no te engañes,
casi nunca resulta).
De una sola bala imaginaria habréis asesinado
vuestro Vosotros,
¡aquel inexpugnable "Vosotros y el mundo"!
Y con él vuestro inagotable deseo,
vuestra complicidad única,
vuestros mil proyectos de futuro en común,
y hasta aquel inolvidable y surrealista aniversario
vuestro en Roma (relato estrella obligado y
multirrepetido en las reuniones
ebrias y trasnochadas de amiguetes)

Ahora eres un nuevo Tú, y Ella es una nueva ella.
Como recién nacidos.
Nacidos: tú a otros poco posibles
"Tú y Ella"
Y ella a otros muy probables
"Ella y él"

Porque dejar atrás algunas cosas
siempre es morir un poco.
¡Y es que son tantas y tantas muertes durante la vida!

Como cuando dejas ese trabajo (después de 20 años),
o cambias de casa,
o de ciudad,
incluso al jubilar tu viejo y fiel coche
(más duro que un tanque)
y que era más que un coche.
O cuando te deshaces (a regañadientes)
de aquella inseparable y destrozada chaqueta de tu juventud,
que hoy, desde las oscuras entrañas del armario,
te parece más que una simple chaqueta.

Y también están esas otras muertes
(las más dramáticas y cabronas):
Ya nunca más "Tú y tu Amigo"
Ya nunca más "Tú y tu Familiar"
Ya nunca más "Tú y tu querida Perra (golden retriever)"

Y en todas esas muertes tú también mueres.
Siempre igual: Morir y renacer.
Renacer para luego volver a morir.

Cual recorrido por un parque temático
de primeras y últimas veces,
o de muertes y renacimientos. Tras cada calle,
tras cada esquina, en cada puesto y atracción.
-O como en aquella pelí de bucles temporales
en que el protagonista la terminaba cagando siempre
al final, una y otra vez,
por más que hiciera esto o lo otro
(hasta el día que uno la caga de verdad
y del todo, claro)

Y eso al final cansa. Eso agota lo indecible.
Y un día te rebelas de morir
y de volver a nacer tantas veces,
y de volver a nacer
para luego volver a morir.

Pero aun así, todavía no quieres abandonar el parque.
Porque te has convertido en un superviviente de muertes
y renaceres: Un auténtico profesional
de primeras y últimas veces.

Entonces aplastas, no sin cierta tristeza y cariño,
la colilla en el cenicero,
y corres a cepillarte los dientes.

Y al volver a la cocina
ves una antigua nota suya aún pegada en la nevera:

"cariño, compra naranjas para el desayuno, porfa"

La despegas, la lees, la relees,
y te quedas mirando la palabra "cariño"
(con esa típica erre suya tan ilegible y graciosa)
Y sientes pena,
y dolor,
y odio (sobre todo hacia ti),
y rabia,
y más pena.
Y finalmente, en un gesto absolutamente estoico,
la conviertes en una pequeña
y arrugada pelota de papel,
y la arrojas al jodido y santo cubo de la basura.

Ahora eres otra vez un nuevo Tú,

un recién estrenado Tú:
Un Tú renacido,
pero también un tú más muerto.
Y de repente te sientes más pequeño,
un tú en minúsculas
(y sin humo)

... un tú de mierda.

Y te empiezas a ver más invisible,
más y más invisible
a cada hora,
a cada minuto,
a cada segundo que pasa,

(aunque al salir a la calle
los demás te vean,

te sigan viendo

igual que siempre)

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Me identifica las muchas vidas dentro de la misma.
Gran faena descriptiva(la del papelito en la heladera es genial).
Un gusto pasar.
 
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El último cigarrillo. Sí.

Porque hoy al fin vas a dejar de fumar.

11: 57 pm
Puede que de un 24 de octubre.
La última calada de ese humo tóxico y mortal,
sucio y a la vez entrañablemente
balsámico y embriagador.
Abrigo y testigo de tantos y tantos momentos.
Momentos gélidos, momentos
calientes, irrepetibles, reveladores...
(o momentos que simplemente llenaban
día tras día el álbum de tu existencia)

Y hoy, ahora, es el último.
Sí, ¡el último de verdad!
Y hay que olvidar: matar tu yo fumador.
Quieres convencerte que este último
sabor a tabaco en tu paladar es asqueroso.
En un minuto correrás a lavarte los dientes
y enjuagarte la boca.
Y al mirarte al espejo serás otro Tú
distinto (en versión mejorada)

Y ese elixir bucal es el instrumento,
la herramienta, el arma,
la metáfora del cambio,
la varita mágica para el renacimiento de un nuevo Tú.
¡Pero no!, no es solo dejar de fumar.
En el fondo sabes que es algo más.

Una muerte y un nacimiento nuevos más.
Y es que morimos y nacemos tantas veces
a lo largo y ancho de nuestra vida...

¡Y otra vez más!

Como la última (y definitiva) discusión con esa chica,
ese último y cariñoso polvo de despedida,
ese último y ultratierno beso.
Y después lo vuestro habrá muerto para siempre.
Ya nunca más seréis ese "Tú y Ella"
(envidia insana de tantos y tantas
a lo largo de vuestra relación)

Ahora si acaso seréis amigos (no te engañes,
casi nunca resulta).
De una sola bala imaginaria habréis asesinado
vuestro Vosotros,
¡aquel inexpugnable "Vosotros y el mundo"!
Y con él vuestro inagotable deseo,
vuestra complicidad única,
vuestros mil proyectos de futuro en común,
y hasta aquel inolvidable y surrealista aniversario
vuestro en Roma (relato estrella obligado y
multirrepetido en las reuniones
ebrias y trasnochadas de amiguetes)

Ahora eres un nuevo Tú, y Ella es una nueva ella.
Como recién nacidos.
Nacidos: tú a otros poco posibles
"Tú y Ella"
Y ella a otros muy probables
"Ella y él"

Porque dejar atrás algunas cosas
siempre es morir un poco.
¡Y es que son tantas y tantas muertes durante la vida!

Como cuando dejas ese trabajo (después de 20 años),
o cambias de casa,
o de ciudad,
incluso al jubilar tu viejo y fiel coche
(más duro que un tanque)
y que era más que un coche.
O cuando te deshaces (a regañadientes)
de aquella inseparable y destrozada chaqueta de tu juventud,
que hoy, desde las oscuras entrañas del armario,
te parece más que una simple chaqueta.

Y también están esas otras muertes
(las más dramáticas y cabronas):
Ya nunca más "Tú y tu Amigo"
Ya nunca más "Tú y tu Familiar"
Ya nunca más "Tú y tu querida Perra (golden retriever)"

Y en todas esas muertes tú también mueres.
Siempre igual: Morir y renacer.
Renacer para luego volver a morir.

Cual recorrido por un parque temático
de primeras y últimas veces,
o de muertes y renacimientos. Tras cada calle,
tras cada esquina, en cada puesto y atracción.
-O como en aquella pelí de bucles temporales
en que el protagonista la terminaba cagando siempre
al final, una y otra vez,
por más que hiciera esto o lo otro
(hasta el día que uno la caga de verdad
y del todo, claro)

Y eso al final cansa. Eso agota lo indecible.
Y un día te rebelas de morir
y de volver a nacer tantas veces,
y de volver a nacer
para luego volver a morir.

Pero aun así, todavía no quieres abandonar el parque.
Porque te has convertido en un superviviente de muertes
y renaceres: Un auténtico profesional
de primeras y últimas veces.

Entonces aplastas, no sin cierta tristeza y cariño,
la colilla en el cenicero,
y corres a cepillarte los dientes.

Y al volver a la cocina
ves una antigua nota suya aún pegada en la nevera:

"cariño, compra naranjas para el desayuno, porfa"

La despegas, la lees, la relees,
y te quedas mirando la palabra "cariño"
(con esa típica erre suya tan ilegible y graciosa)
Y sientes pena,
y dolor,
y odio (sobre todo hacia ti),
y rabia,
y más pena.
Y finalmente, en un gesto absolutamente estoico,
la conviertes en una pequeña
y arrugada pelota de papel,
y la arrojas al jodido y santo cubo de la basura.

Ahora eres otra vez un nuevo Tú,

un recién estrenado Tú:
Un Tú renacido,
pero también un tú más muerto.
Y de repente te sientes más pequeño,
un tú en minúsculas
(y sin humo)

... un tú de mierda.

Y te empiezas a ver más invisible,
más y más invisible
a cada hora,
a cada minuto,
a cada segundo que pasa,

(aunque al salir a la calle
los demás te vean,

te sigan viendo

igual que siempre)

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y para qué vas adejar de fumar, miedo a la muerte, a la miseria que somos como especie decadente, a qué??? yo cada vez fumo más... :p aunque me este haciendo mierda XD, no hay q ue dejar ni el clonazepam ni los cigarros ni las cervezas, son nuestro rato de calma que tenemos y de paso así sabemos que el recorrido de esta mierd de mundo es corto. hahaah imaginate vivir un mundo de mierda con 120 años, naaa para qué tanto infierno.


pd, me encantó lo de arrojar la nota de " cariño" al cubo de basura, ese hombre aún no debe morir... :D

es bueno leerte. muy bueno, luis.
abrazo.
 
Última edición:
y para qué vas adejar de fumar, miedo a la muerte, a la miseria que somos como especie decadente, a qué??? yo cada vez fumo más... :p aunque me este haciendo mierda XD, no hay q ue dejar ni el clonazepam ni los cigarros ni las cervezas, son nuestro rato de calma que tenemos y de paso así sabemos que el recorrido de esta mierd de mundo es corto. hahaah imaginate vivir un mundo de mierda con 120 años, naaa para qué tanto infierno.


pd, me encantó lo de arrojar la nota de " cariño" al cubo de basura, ese hombre aún no debe morir... :D

es bueno leerte. muy bueno, luis.
abrazo.

Ciertamente los que nunca han fumado jamás entenderán la gloria divina de echarse un cigarrillo después un intenso y apasionado acto amoroso contemplando en pareja (o en trío) la sublime belleza e inescrutable inmensidad de un estrellado cosmos en cualquier templada e idílica noche de verano... jajaja :)
Pero hay que reconocer el veneno que es, y hasta que inventen un tabaco que limpie los pulmones y una cerveza que desintoxique el hígado, habrá que intentar alargar algo esta mierda de vida, no sea que en unos pocos años descubran una pastilla que nos vuelva a todos guapos, felices, millonarios e inmunes a los dolores articulares forever :D

Muchas gracias, Danie. Otro abrazo de vuelta.
 
Ciertamente los que nunca han fumado jamás entenderán la gloria divina de echarse un cigarrillo después un intenso y apasionado acto amoroso contemplando en pareja (o en trío) la sublime belleza e inescrutable inmensidad de un estrellado cosmos en cualquier templada e idílica noche de verano... jajaja :)
Pero hay que reconocer el veneno que es, y hasta que inventen un tabaco que limpie los pulmones y una cerveza que desintoxique el hígado, habrá que intentar alargar algo esta mierda de vida, no sea que en unos pocos años descubran una pastilla que nos vuelva a todos guapos, felices, millonarios e inmunes a los dolores articulares forever :D

Muchas gracias, Danie. Otro abrazo de vuelta.
la cagada no es la muerte, siendo reales, y no hay que temerle a la muerte aunque todos en nuestra medida siempre aceleramos su presencia. la cagada es como uno puede quedar, porque la muerte es un alivio muchas veces, a eso si hay que temerle.
Sí, los cigarrillos de hoy en día son más veneno de lo que fue antes, todo lo de hoy en día es más veneno. Obvio que es mejor no tener vicios y ser puro de alma, pero cada uno vive como puede.

abrazos.
 
la cagada no es la muerte, siendo reales, y no hay que temerle a la muerte aunque todos en nuestra medida siempre aceleramos su presencia. la cagada es como uno puede quedar, porque la muerte es un alivio muchas veces, a eso si hay que temerle.
Sí, los cigarrillos de hoy en día son más veneno de lo que fue antes, todo lo de hoy en día es más veneno. Obvio que es mejor no tener vicios y ser puro de alma, pero cada uno vive como puede.

abrazos.

¿No tener vicios? .... ¡eso no es humano XD! :eek: jajaja

Y sobre la vida y la muerte, me quedo con algo que leí a un compañero de este mismo foro:
"Vive la vida lo mejor que puedas sin intentar entenderla ni aferrarte demasiado a ella"

Más abrazos.
 
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El último cigarrillo. Sí.

Porque hoy al fin vas a dejar de fumar.

11: 57 pm
Puede que de un 24 de octubre.
La última calada de ese humo tóxico y mortal,
sucio y a la vez entrañablemente
balsámico y embriagador.
Abrigo y testigo de tantos y tantos momentos.
Momentos gélidos, momentos
calientes, irrepetibles, reveladores...
(o momentos que simplemente llenaban
día tras día el álbum de tu existencia)

Y hoy, ahora, es el último.
Sí, ¡el último de verdad!
Y hay que olvidar: matar tu yo fumador.
Quieres convencerte que este último
sabor a tabaco en tu paladar es asqueroso.
En un minuto correrás a lavarte los dientes
y enjuagarte la boca.
Y al mirarte al espejo serás otro Tú
distinto (en versión mejorada)

Y ese elixir bucal es el instrumento,
la herramienta, el arma,
la metáfora del cambio,
la varita mágica para el renacimiento de un nuevo Tú.
¡Pero no!, no es solo dejar de fumar.
En el fondo sabes que es algo más.

Una muerte y un nacimiento nuevos más.
Y es que morimos y nacemos tantas veces
a lo largo y ancho de nuestra vida...

¡Y otra vez más!

Como la última (y definitiva) discusión con esa chica,
ese último y cariñoso polvo de despedida,
ese último y ultratierno beso.
Y después lo vuestro habrá muerto para siempre.
Ya nunca más seréis ese "Tú y Ella"
(envidia insana de tantos y tantas
a lo largo de vuestra relación)

Ahora si acaso seréis amigos (no te engañes,
casi nunca resulta).
De una sola bala imaginaria habréis asesinado
vuestro Vosotros,
¡aquel inexpugnable "Vosotros y el mundo"!
Y con él vuestro inagotable deseo,
vuestra complicidad única,
vuestros mil proyectos de futuro en común,
y hasta aquel inolvidable y surrealista aniversario
vuestro en Roma (relato estrella obligado y
multirrepetido en las reuniones
ebrias y trasnochadas de amiguetes)

Ahora eres un nuevo Tú, y Ella es una nueva ella.
Como recién nacidos.
Nacidos: tú a otros poco posibles
"Tú y Ella"
Y ella a otros muy probables
"Ella y él"

Porque dejar atrás algunas cosas
siempre es morir un poco.
¡Y es que son tantas y tantas muertes durante la vida!

Como cuando dejas ese trabajo (después de 20 años),
o cambias de casa,
o de ciudad,
incluso al jubilar tu viejo y fiel coche
(más duro que un tanque)
y que era más que un coche.
O cuando te deshaces (a regañadientes)
de aquella inseparable y destrozada chaqueta de tu juventud,
que hoy, desde las oscuras entrañas del armario,
te parece más que una simple chaqueta.

Y también están esas otras muertes
(las más dramáticas y cabronas):
Ya nunca más "Tú y tu Amigo"
Ya nunca más "Tú y tu Familiar"
Ya nunca más "Tú y tu querida Perra (golden retriever)"

Y en todas esas muertes tú también mueres.
Siempre igual: Morir y renacer.
Renacer para luego volver a morir.

Cual recorrido por un parque temático
de primeras y últimas veces,
o de muertes y renacimientos. Tras cada calle,
tras cada esquina, en cada puesto y atracción.
-O como en aquella pelí de bucles temporales
en que el protagonista la terminaba cagando siempre
al final, una y otra vez,
por más que hiciera esto o lo otro
(hasta el día que uno la caga de verdad
y del todo, claro)

Y eso al final cansa. Eso agota lo indecible.
Y un día te rebelas de morir
y de volver a nacer tantas veces,
y de volver a nacer
para luego volver a morir.

Pero aun así, todavía no quieres abandonar el parque.
Porque te has convertido en un superviviente de muertes
y renaceres: Un auténtico profesional
de primeras y últimas veces.

Entonces aplastas, no sin cierta tristeza y cariño,
la colilla en el cenicero,
y corres a cepillarte los dientes.

Y al volver a la cocina
ves una antigua nota suya aún pegada en la nevera:

"cariño, compra naranjas para el desayuno, porfa"

La despegas, la lees, la relees,
y te quedas mirando la palabra "cariño"
(con esa típica erre suya tan ilegible y graciosa)
Y sientes pena,
y dolor,
y odio (sobre todo hacia ti),
y rabia,
y más pena.
Y finalmente, en un gesto absolutamente estoico,
la conviertes en una pequeña
y arrugada pelota de papel,
y la arrojas al jodido y santo cubo de la basura.

Ahora eres otra vez un nuevo Tú,

un recién estrenado Tú:
Un Tú renacido,
pero también un tú más muerto.
Y de repente te sientes más pequeño,
un tú en minúsculas
(y sin humo)

... un tú de mierda.

Y te empiezas a ver más invisible,
más y más invisible
a cada hora,
a cada minuto,
a cada segundo que pasa,

(aunque al salir a la calle
los demás te vean,

te sigan viendo

igual que siempre)

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Pero no dejes de fumar, ni de beber ni gozar y mucho menos dejes de escribir. Muy buen poema, Luis. Un abrazo.
 
Última edición:
´
El último cigarrillo. Sí.

Porque hoy al fin vas a dejar de fumar.

11: 57 pm
Puede que de un 24 de octubre.
La última calada de ese humo tóxico y mortal,
sucio y a la vez entrañablemente
balsámico y embriagador.
Abrigo y testigo de tantos y tantos momentos.
Momentos gélidos, momentos
calientes, irrepetibles, reveladores...
(o momentos que simplemente llenaban
día tras día el álbum de tu existencia)

Y hoy, ahora, es el último.
Sí, ¡el último de verdad!
Y hay que olvidar: matar tu yo fumador.
Quieres convencerte que este último
sabor a tabaco en tu paladar es asqueroso.
En un minuto correrás a lavarte los dientes
y enjuagarte la boca.
Y al mirarte al espejo serás otro Tú
distinto (en versión mejorada)

Y ese elixir bucal es el instrumento,
la herramienta, el arma,
la metáfora del cambio,
la varita mágica para el renacimiento de un nuevo Tú.
¡Pero no!, no es solo dejar de fumar.
En el fondo sabes que es algo más.

Una muerte y un nacimiento nuevos más.
Y es que morimos y nacemos tantas veces
a lo largo y ancho de nuestra vida...

¡Y otra vez más!

Como la última (y definitiva) discusión con esa chica,
ese último y cariñoso polvo de despedida,
ese último y ultratierno beso.
Y después lo vuestro habrá muerto para siempre.
Ya nunca más seréis ese "Tú y Ella"
(envidia insana de tantos y tantas
a lo largo de vuestra relación)

Ahora si acaso seréis amigos (no te engañes,
casi nunca resulta).
De una sola bala imaginaria habréis asesinado
vuestro Vosotros,
¡aquel inexpugnable "Vosotros y el mundo"!
Y con él vuestro inagotable deseo,
vuestra complicidad única,
vuestros mil proyectos de futuro en común,
y hasta aquel inolvidable y surrealista aniversario
vuestro en Roma (relato estrella obligado y
multirrepetido en las reuniones
ebrias y trasnochadas de amiguetes)

Ahora eres un nuevo Tú, y Ella es una nueva ella.
Como recién nacidos.
Nacidos: tú a otros poco posibles
"Tú y Ella"
Y ella a otros muy probables
"Ella y él"

Porque dejar atrás algunas cosas
siempre es morir un poco.
¡Y es que son tantas y tantas muertes durante la vida!

Como cuando dejas ese trabajo (después de 20 años),
o cambias de casa,
o de ciudad,
incluso al jubilar tu viejo y fiel coche
(más duro que un tanque)
y que era más que un coche.
O cuando te deshaces (a regañadientes)
de aquella inseparable y destrozada chaqueta de tu juventud,
que hoy, desde las oscuras entrañas del armario,
te parece más que una simple chaqueta.

Y también están esas otras muertes
(las más dramáticas y cabronas):
Ya nunca más "Tú y tu Amigo"
Ya nunca más "Tú y tu Familiar"
Ya nunca más "Tú y tu querida Perra (golden retriever)"

Y en todas esas muertes tú también mueres.
Siempre igual: Morir y renacer.
Renacer para luego volver a morir.

Cual recorrido por un parque temático
de primeras y últimas veces,
o de muertes y renacimientos. Tras cada calle,
tras cada esquina, en cada puesto y atracción.
-O como en aquella pelí de bucles temporales
en que el protagonista la terminaba cagando siempre
al final, una y otra vez,
por más que hiciera esto o lo otro
(hasta el día que uno la caga de verdad
y del todo, claro)

Y eso al final cansa. Eso agota lo indecible.
Y un día te rebelas de morir
y de volver a nacer tantas veces,
y de volver a nacer
para luego volver a morir.

Pero aun así, todavía no quieres abandonar el parque.
Porque te has convertido en un superviviente de muertes
y renaceres: Un auténtico profesional
de primeras y últimas veces.

Entonces aplastas, no sin cierta tristeza y cariño,
la colilla en el cenicero,
y corres a cepillarte los dientes.

Y al volver a la cocina
ves una antigua nota suya aún pegada en la nevera:

"cariño, compra naranjas para el desayuno, porfa"

La despegas, la lees, la relees,
y te quedas mirando la palabra "cariño"
(con esa típica erre suya tan ilegible y graciosa)
Y sientes pena,
y dolor,
y odio (sobre todo hacia ti),
y rabia,
y más pena.
Y finalmente, en un gesto absolutamente estoico,
la conviertes en una pequeña
y arrugada pelota de papel,
y la arrojas al jodido y santo cubo de la basura.

Ahora eres otra vez un nuevo Tú,

un recién estrenado Tú:
Un Tú renacido,
pero también un tú más muerto.
Y de repente te sientes más pequeño,
un tú en minúsculas
(y sin humo)

... un tú de mierda.

Y te empiezas a ver más invisible,
más y más invisible
a cada hora,
a cada minuto,
a cada segundo que pasa,

(aunque al salir a la calle
los demás te vean,

te sigan viendo

igual que siempre)

_______
Joder, qué chingón está esto. Si hasta me puedo calar los huesos en el saco y me queda de perlas.
Acaso aquí tiene protagonismo el síndrome de abstinencia, que es una de las cosas más méndigas que existen. Abstinencia de tabaco, abstinencia de ritos, abstinencias de apegos sexoafectivos. Parece que estoy nombrando los círculos del infierno. En 2011, después de unos ataques de apnea que me dejaban hecho un ovillo, dejé de fumar. La primera recomendación que me hicieron fue que no me estresara pensando que nunca jamás iba a fumar un pitillo, y bueno, me estresé de tanto recordarme que no debía estresarme. Para la dependencia mecánica empleé una raja enrollada de canela; a los tres días ya era adicto a esta especia. Encima, dejé de beber porque soy incapaz de tomarme una cerveza sin tener los pulmones supurando alquitrán. Las primeras semanas fueron espantosas, pero cuando se cumplió el primer mes, ¡puta madre!, me sentía un superhéroe... pero sin mi capa y sin mi ese. La "ese" es de Superman, aclaro. Fueron casi dos años, dos años tirados a la redes sociales, dos años de hacer sentadillas, dos años sin pasarme por El Curandero, la cantina de mala muerte de aquí a la vuelta. Hasta que me topé con una chica de la época del bachillerato que me así me tentó: Hay que echarnos unos tragos para recordar los viejos tiempos. Si me hubiera hablado la Santísima Virgen no hubiera sido tan feliz y obediente.
Ahora estoy preparando el terreno para dejar de fumar sin sacrificar mi cerveza dominguera. Los vapeadores son un asco. Me obligo a recordar que le pagó a las siniestras transnacionales del tabaco para que me maten, y eso me derriva. Y la mejor frase motivacional que he encontrado al respecto es una me Mark Twain: Dejar de fumar es muy fácil. Yo lo he hecho muchas veces. QHDP.
Tu poema me recordó todo esto, carnalito Libra. Yo te echo porras y te mando ánimos para que tus yoes derivados de tus procesos resilientes se integren en uno, más libre, más despejado de esas mierdas y más creativo que nunca. Gracias por dejarnos leer. Va el abrazo.
 
Como decimos en AA: ¡Un día a la vez!

Super cabrón, obviamente y es más fácil decirlo que actuar en ello. Y la jodida nostalgia no ayuda en lo más mínimo.

Desde acá te echo porras, munieco.


¡Salúos!
 
Joder, qué chingón está esto. Si hasta me puedo calar los huesos en el saco y me queda de perlas.
Acaso aquí tiene protagonismo el síndrome de abstinencia, que es una de las cosas más méndigas que existen. Abstinencia de tabaco, abstinencia de ritos, abstinencias de apegos sexoafectivos. Parece que estoy nombrando los círculos del infierno. En 2011, después de unos ataques de apnea que me dejaban hecho un ovillo, dejé de fumar. La primera recomendación que me hicieron fue que no me estresara pensando que nunca jamás iba a fumar un pitillo, y bueno, me estresé de tanto recordarme que no debía estresarme. Para la dependencia mecánica empleé una raja enrollada de canela; a los tres días ya era adicto a esta especia. Encima, dejé de beber porque soy incapaz de tomarme una cerveza sin tener los pulmones supurando alquitrán. Las primeras semanas fueron espantosas, pero cuando se cumplió el primer mes, ¡puta madre!, me sentía un superhéroe... pero sin mi capa y sin mi ese. La "ese" es de Superman, aclaro. Fueron casi dos años, dos años tirados a la redes sociales, dos años de hacer sentadillas, dos años sin pasarme por El Curandero, la cantina de mala muerte de aquí a la vuelta. Hasta que me topé con una chica de la época del bachillerato que me así me tentó: Hay que echarnos unos tragos para recordar los viejos tiempos. Si me hubiera hablado la Santísima Virgen no hubiera sido tan feliz y obediente.
Ahora estoy preparando el terreno para dejar de fumar sin sacrificar mi cerveza dominguera. Los vapeadores son un asco. Me obligo a recordar que le pagó a las siniestras transnacionales del tabaco para que me maten, y eso me derriva. Y la mejor frase motivacional que he encontrado al respecto es una me Mark Twain: Dejar de fumar es muy fácil. Yo lo he hecho muchas veces. QHDP.
Tu poema me recordó todo esto, carnalito Libra. Yo te echo porras y te mando ánimos para que tus yoes derivados de tus procesos resilientes se integren en uno, más libre, más despejado de esas mierdas y más creativo que nunca. Gracias por dejarnos leer. Va el abrazo.

Jeje, ... sí, la verdad es un vicio bien cabrón, y los fumadores & cerveceros profesionales lo llevamos especialmente complicado. Hay gente que solo fuma cuando sale de juerga, y luego no vuelve a fumar hasta la siguiente, ¡qué cabrones! qué envidia, pero es que dicen que el asunto de los vicios y las adicciones también van en los genes ... coño, si es que parece que nacemos programados :eek:
También dicen que la edad ideal para dejarlo es al cumplir los 40... creo que tú te pasas por poquito, no? :rolleyes:
Muchas gracias por tu visita y un abrazo, carnalito. con una cervecita y un pitillo (sin tragarme el humo :))
 
Última edición:
Como decimos en AA: ¡Un día a la vez!

Super cabrón, obviamente y es más fácil decirlo que actuar en ello. Y la jodida nostalgia no ayuda en lo más mínimo.

Desde acá te echo porras, munieco.


¡Salúos!

La jodida nostalgia solo ayuda para escribir poemas aburridos y ñoños ;)
Gracias por la visita y las porras, munieca :). Salúos de vuelta!
 
Fume porros, de marijuana si puede ser, uno por la noche. Total, usted ya no tiene remedio, ni yo ja, ja, ja... La última vez que intenté dejar de fumar, me peleé hasta con mi perrito.

Tó broma. La vida sin humo y sin cerveza es mejor, pero una mierda igualmente si uno se pone a pensar malos momentos.

Uno avanza y, llegando a sesentón, avanza pisando los muertos conocidos, amigos y familiares. Y preguntándose más de la cuenta qué pudo hacer mejor.

No importa lo hecho.

Va abrazo del día del currante.
 
Fume porros, de marijuana si puede ser, uno por la noche. Total, usted ya no tiene remedio, ni yo ja, ja, ja... La última vez que intenté dejar de fumar, me peleé hasta con mi perrito.

Tó broma. La vida sin humo y sin cerveza es mejor, pero una mierda igualmente si uno se pone a pensar malos momentos.

Uno avanza y, llegando a sesentón, avanza pisando los muertos conocidos, amigos y familiares. Y preguntándose más de la cuenta qué pudo hacer mejor.

No importa lo hecho.

Va abrazo del día del currante.

Uff, señor Vicente, como a estas alturas pensemos o nos preguntemos demasiado lo llevamos claro, sí, por lo menos algunos :eek:... Y el tema de los vicios, pues qué le puedo decir... en su defensa diré que los vicios nos hacen más humanos, no me fío de la gente sin vicios, bueno, en realidad no me creo que exista nadie que no tenga ninguno, y los vicios "secretos" suelen ser peores.
Pero sí, la verdad es que el tabaco es una mierda, además de ser una droga bastante estúpida, ... la cerveza es otra cosa :cool:

Otro abrazo de un currante que cada día curra menos (o por lo menos lo intenta ;))
 
Jeje, ... sí, la verdad es un vicio bien cabrón, y los fumadores & cerveceros profesionales lo llevamos especialmente complicado. Hay gente que solo fuma cuando sale de juerga, y luego no vuelve a fumar hasta la siguiente, ¡qué cabrones! qué envidia, pero es que dicen que el asunto de los vicios y las adicciones también van en los genes ... coño, si es que parece que nacemos programados :eek:
También dicen que la edad ideal para dejarlo es al cumplir los 40... creo que tú te pasas por poquito, no? :rolleyes:
Muchas gracias por tu visita y un abrazo, carnalito. con una cervecita y un pitillo (sin tragarme el humo :))
Sí, tengo 42 añitos de prolongada adolescencia, pero ya listo para entrar a la juventud y su lento aprendizaje de la vida adulta. :D

Mi padre fumó de los 14 a los 70, e imaginábamos que sus pulmones serían como dos odres de brea, ¡y no! El doctor le sugirió que dejara el tabaco por una incipiente hipertensión, y el canijo boomer así lo hizo de un día para otro. Según él, nunca le "daba el golpe", aunque me cuesta creerlo. En todo caso, no sé fumar sin tragarme el humo, incluso el ya exhalado. Pero juro por mis hijos que algún día también podré dejar este cochino vicio. La cerveza es otro pedo, como bien dices; ahí sí no prometo nada. Además, ya solo bebo los domingos, aunque por alguna extraña razón ciertos domingos empiezan desde miércoles. El universo es misterioso, carnalito. :cool:

Me acordé de ti ahora que el apagón en la península se volvió trending. No sé si te tocó, pero te imaginaba con las chelas calientes, la compu muerta, y tú desquiciado, tirando de tus pelos y apuntando con una escopeta a cualquiera que te mirara mal, ja ja. Es broma, claro, pero es lo que yo haría de ser el caso.

Cuídate mucho, vale. ¡Y salud, pues!
 
Última edición:
Sí, tengo 42 añitos de prolongada adolescencia, pero ya listo para entrar a la juventud y su lento aprendizaje de la vida adulta. :D

Mi padre fumó de los 14 a los 70, e imaginábamos que sus pulmones serían como dos odres de brea, ¡y no! El doctor le sugirió que dejara el tabaco por una incipiente hipertensión, y el canijo boomer así lo hizo de un día para otro. Según él, nunca le "daba el golpe", aunque me cuesta creerlo. En todo caso, no sé fumar sin tragarme el humo, incluso el ya exhalado. Pero juro por mis hijos que algún día también podré dejar este cochino vicio. La cerveza es otro pedo, como bien dices; ahí sí no prometo nada. Además, ya solo bebo los domingos, aunque por alguna extraña razón ciertos domingos empiezan desde miércoles. El universo es misterioso, carnalito. :cool:

Me acordé de ti ahora que el apagón en la península se volvió trending. No sé si te tocó, pero te imaginaba con las chelas calientes, la compu muerta, y tú desquiciado, tirando de tus pelos y apuntando con una escopeta a cualquiera que te mirara mal, ja ja. Es broma, claro, pero es lo que yo haría de ser el caso.

Cuídate mucho, vale. ¡Y salud, pues!

Te aseguro, carnalito, que la adicción física al tabaco es muy fácil de superar, y encima ahora hay unas pastillas muy eficaces para ello, en tres semanas se pasa el mono, ... lo peor y lo que no se cura nunca es la adicción psicológica (que es la que hace recaer). Gente que lleva años sin fumar me han contado que siguen soñando que fuman :eek:

Yo el día del apagón me fui al bar donde paran mis amiguetes e hice una excepción en mi más que moderado consumo cervecero actual, ... en realidad hasta que al jefe no le quedaba ni una sola cerveza medio fresca. Ese día en España los bares hicieron el mes :D

Salud, mi querido compadre. Un abrazo grande!
 
´
El último cigarrillo. Sí.

Porque hoy al fin vas a dejar de fumar.

11: 57 pm
Puede que de un 24 de octubre.
La última calada de ese humo tóxico y mortal,
sucio y a la vez entrañablemente
balsámico y embriagador.
Abrigo y testigo de tantos y tantos momentos.
Momentos gélidos, momentos
calientes, irrepetibles, reveladores...
(o momentos que simplemente llenaban
día tras día el álbum de tu existencia)

Y hoy, ahora, es el último.
Sí, ¡el último de verdad!
Y hay que olvidar: matar tu yo fumador.
Quieres convencerte que este último
sabor a tabaco en tu paladar es asqueroso.
En un minuto correrás a lavarte los dientes
y enjuagarte la boca.
Y al mirarte al espejo serás otro Tú
distinto (en versión mejorada)

Y ese elixir bucal es el instrumento,
la herramienta, el arma,
la metáfora del cambio,
la varita mágica para el renacimiento de un nuevo Tú.
¡Pero no!, no es solo dejar de fumar.
En el fondo sabes que es algo más.

Una muerte y un nacimiento nuevos más.
Y es que morimos y nacemos tantas veces
a lo largo y ancho de nuestra vida...

¡Y otra vez más!

Como la última (y definitiva) discusión con esa chica,
ese último y cariñoso polvo de despedida,
ese último y ultratierno beso.
Y después lo vuestro habrá muerto para siempre.
Ya nunca más seréis ese "Tú y Ella"
(envidia insana de tantos y tantas
a lo largo de vuestra relación)

Ahora si acaso seréis amigos (no te engañes,
casi nunca resulta).
De una sola bala imaginaria habréis asesinado
vuestro Vosotros,
¡aquel inexpugnable "Vosotros y el mundo"!
Y con él vuestro inagotable deseo,
vuestra complicidad única,
vuestros mil proyectos de futuro en común,
y hasta aquel inolvidable y surrealista aniversario
vuestro en Roma (relato estrella obligado y
multirrepetido en las reuniones
ebrias y trasnochadas de amiguetes)

Ahora eres un nuevo Tú, y Ella es una nueva ella.
Como recién nacidos.
Nacidos: tú a otros poco posibles
"Tú y Ella"
Y ella a otros muy probables
"Ella y él"

Porque dejar atrás algunas cosas
siempre es morir un poco.
¡Y es que son tantas y tantas muertes durante la vida!

Como cuando dejas ese trabajo (después de 20 años),
o cambias de casa,
o de ciudad,
incluso al jubilar tu viejo y fiel coche
(más duro que un tanque)
y que era más que un coche.
O cuando te deshaces (a regañadientes)
de aquella inseparable y destrozada chaqueta de tu juventud,
que hoy, desde las oscuras entrañas del armario,
te parece más que una simple chaqueta.

Y también están esas otras muertes
(las más dramáticas y cabronas):
Ya nunca más "Tú y tu Amigo"
Ya nunca más "Tú y tu Familiar"
Ya nunca más "Tú y tu querida Perra (golden retriever)"

Y en todas esas muertes tú también mueres.
Siempre igual: Morir y renacer.
Renacer para luego volver a morir.

Cual recorrido por un parque temático
de primeras y últimas veces,
o de muertes y renacimientos. Tras cada calle,
tras cada esquina, en cada puesto y atracción.
-O como en aquella pelí de bucles temporales
en que el protagonista la terminaba cagando siempre
al final, una y otra vez,
por más que hiciera esto o lo otro
(hasta el día que uno la caga de verdad
y del todo, claro)

Y eso al final cansa. Eso agota lo indecible.
Y un día te rebelas de morir
y de volver a nacer tantas veces,
y de volver a nacer
para luego volver a morir.

Pero aun así, todavía no quieres abandonar el parque.
Porque te has convertido en un superviviente de muertes
y renaceres: Un auténtico profesional
de primeras y últimas veces.

Entonces aplastas, no sin cierta tristeza y cariño,
la colilla en el cenicero,
y corres a cepillarte los dientes.

Y al volver a la cocina
ves una antigua nota suya aún pegada en la nevera:

"cariño, compra naranjas para el desayuno, porfa"

La despegas, la lees, la relees,
y te quedas mirando la palabra "cariño"
(con esa típica erre suya tan ilegible y graciosa)
Y sientes pena,
y dolor,
y odio (sobre todo hacia ti),
y rabia,
y más pena.
Y finalmente, en un gesto absolutamente estoico,
la conviertes en una pequeña
y arrugada pelota de papel,
y la arrojas al jodido y santo cubo de la basura.

Ahora eres otra vez un nuevo Tú,

un recién estrenado Tú:
Un Tú renacido,
pero también un tú más muerto.
Y de repente te sientes más pequeño,
un tú en minúsculas
(y sin humo)

... un tú de mierda.

Y te empiezas a ver más invisible,
más y más invisible
a cada hora,
a cada minuto,
a cada segundo que pasa,

(aunque al salir a la calle
los demás te vean,

te sigan viendo

igual que siempre)

_______
Sabes qué te digo, que voy a seguir fumando. No quiero hacer ninguna apología del tabaco y otro vicios, pero sí a los sesenta y pico sigo estando aquí (y en la montaña cuesta que me sigan) mejor conservarse en alcohol y ahumados; no sea que el edificio de cuerpo y mente se vengan abajo.
Muy bueno este recorrido-poema de tantas muertes y heridas que se acumulan en los trayectos y que, por el momento, siguen perdonándonos la vida.
Je, je, me llegó eso de los veinte años (y lo del coche, y lo de...). Cada veinte años cambié de trabajo; ahora no sé si cambiar o quedarme como estoy... de vacaciones.
Un gran abrazo, Luís, con la nevera y la despensa servidas, y el cajoncillo del tabaco.
 
Sabes qué te digo, que voy a seguir fumando. No quiero hacer ninguna apología del tabaco y otro vicios, pero sí a los sesenta y pico sigo estando aquí (y en la montaña cuesta que me sigan) mejor conservarse en alcohol y ahumados; no sea que el edificio de cuerpo y mente se vengan abajo.
Muy bueno este recorrido-poema de tantas muertes y heridas que se acumulan en los trayectos y que, por el momento, siguen perdonándonos la vida.
Je, je, me llegó eso de los veinte años (y lo del coche, y lo de...). Cada veinte años cambié de trabajo; ahora no sé si cambiar o quedarme como estoy... de vacaciones.
Un gran abrazo, Luís, con la nevera y la despensa servidas, y el cajoncillo del tabaco.

Pues me parece muy bien tu filosofía de vida, Alonso, al fin y al cabo creo que todos tenemos marcado nuestro día y si no la palmamos por una cosa será por otra, y ya llegados a estas alturas... :rolleyes:
Y bueno, sin ninguna duda quédate como estás, que apuesto que estás de puta madre con tu vida rural y bien acompañado, fíjate que a mí me gustaría jubilarme en un atiquito en todo el centro de Madrid, pero me temo que el banco ya no me daría una hipoteca a 50 u 80 años :(:p
Muchas gracias por la visita y otro gran abrazo dirección este y en línea recta (más o menos :))
 
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El último cigarrillo. Sí.

Porque hoy al fin vas a dejar de fumar.

11: 57 pm
Puede que de un 24 de octubre.
La última calada de ese humo tóxico y mortal,
sucio y a la vez entrañablemente
balsámico y embriagador.
Abrigo y testigo de tantos y tantos momentos.
Momentos gélidos, momentos
calientes, irrepetibles, reveladores...
(o momentos que simplemente llenaban
día tras día el álbum de tu existencia)

Y hoy, ahora, es el último.
Sí, ¡el último de verdad!
Y hay que olvidar: matar tu yo fumador.
Quieres convencerte que este último
sabor a tabaco en tu paladar es asqueroso.
En un minuto correrás a lavarte los dientes
y enjuagarte la boca.
Y al mirarte al espejo serás otro Tú
distinto (en versión mejorada)

Y ese elixir bucal es el instrumento,
la herramienta, el arma,
la metáfora del cambio,
la varita mágica para el renacimiento de un nuevo Tú.
¡Pero no!, no es solo dejar de fumar.
En el fondo sabes que es algo más.

Una muerte y un nacimiento nuevos más.
Y es que morimos y nacemos tantas veces
a lo largo y ancho de nuestra vida...

¡Y otra vez más!

Como la última (y definitiva) discusión con esa chica,
ese último y cariñoso polvo de despedida,
ese último y ultratierno beso.
Y después lo vuestro habrá muerto para siempre.
Ya nunca más seréis ese "Tú y Ella"
(envidia insana de tantos y tantas
a lo largo de vuestra relación)

Ahora si acaso seréis amigos (no te engañes,
casi nunca resulta).
De una sola bala imaginaria habréis asesinado
vuestro Vosotros,
¡aquel inexpugnable "Vosotros y el mundo"!
Y con él vuestro inagotable deseo,
vuestra complicidad única,
vuestros mil proyectos de futuro en común,
y hasta aquel inolvidable y surrealista aniversario
vuestro en Roma (relato estrella obligado y
multirrepetido en las reuniones
ebrias y trasnochadas de amiguetes)

Ahora eres un nuevo Tú, y Ella es una nueva ella.
Como recién nacidos.
Nacidos: tú a otros poco posibles
"Tú y Ella"
Y ella a otros muy probables
"Ella y él"

Porque dejar atrás algunas cosas
siempre es morir un poco.
¡Y es que son tantas y tantas muertes durante la vida!

Como cuando dejas ese trabajo (después de 20 años),
o cambias de casa,
o de ciudad,
incluso al jubilar tu viejo y fiel coche
(más duro que un tanque)
y que era más que un coche.
O cuando te deshaces (a regañadientes)
de aquella inseparable y destrozada chaqueta de tu juventud,
que hoy, desde las oscuras entrañas del armario,
te parece más que una simple chaqueta.

Y también están esas otras muertes
(las más dramáticas y cabronas):
Ya nunca más "Tú y tu Amigo"
Ya nunca más "Tú y tu Familiar"
Ya nunca más "Tú y tu querida Perra (golden retriever)"

Y en todas esas muertes tú también mueres.
Siempre igual: Morir y renacer.
Renacer para luego volver a morir.

Cual recorrido por un parque temático
de primeras y últimas veces,
o de muertes y renacimientos. Tras cada calle,
tras cada esquina, en cada puesto y atracción.
-O como en aquella pelí de bucles temporales
en que el protagonista la terminaba cagando siempre
al final, una y otra vez,
por más que hiciera esto o lo otro
(hasta el día que uno la caga de verdad
y del todo, claro)

Y eso al final cansa. Eso agota lo indecible.
Y un día te rebelas de morir
y de volver a nacer tantas veces,
y de volver a nacer
para luego volver a morir.

Pero aun así, todavía no quieres abandonar el parque.
Porque te has convertido en un superviviente de muertes
y renaceres: Un auténtico profesional
de primeras y últimas veces.

Entonces aplastas, no sin cierta tristeza y cariño,
la colilla en el cenicero,
y corres a cepillarte los dientes.

Y al volver a la cocina
ves una antigua nota suya aún pegada en la nevera:

"cariño, compra naranjas para el desayuno, porfa"

La despegas, la lees, la relees,
y te quedas mirando la palabra "cariño"
(con esa típica erre suya tan ilegible y graciosa)
Y sientes pena,
y dolor,
y odio (sobre todo hacia ti),
y rabia,
y más pena.
Y finalmente, en un gesto absolutamente estoico,
la conviertes en una pequeña
y arrugada pelota de papel,
y la arrojas al jodido y santo cubo de la basura.

Ahora eres otra vez un nuevo Tú,

un recién estrenado Tú:
Un Tú renacido,
pero también un tú más muerto.
Y de repente te sientes más pequeño,
un tú en minúsculas
(y sin humo)

... un tú de mierda.

Y te empiezas a ver más invisible,
más y más invisible
a cada hora,
a cada minuto,
a cada segundo que pasa,

(aunque al salir a la calle
los demás te vean,

te sigan viendo

igual que siempre)

_______


"11: 57 pm
Puede que de un 24 de octubre.
La última calada de ese humo tóxico y mortal,
sucio y a la vez entrañablemente
balsámico y embriagador.
Abrigo y testigo de tantos y tantos momentos.
Momentos gélidos, momentos
calientes, irrepetibles, reveladores...
(o momentos que simplemente llenaban
día tras día el álbum de tu existencia) "

Ains qué rico :) el cigarro.
Yo llevo 3 años sin fumar y no quisiera volver, mejor sin humos,
pero reconozco que lo echo de menos
igual que a la Mary Poppins ¿ dónde la has metido?
Qué buen café me he tomado, compi, que le den a la nicotina
yo me quedo con este poema y su autor;) se entiende...Un abrazo.
 
Última edición:
"11: 57 pm
Puede que de un 24 de octubre.
La última calada de ese humo tóxico y mortal,
sucio y a la vez entrañablemente
balsámico y embriagador.
Abrigo y testigo de tantos y tantos momentos.
Momentos gélidos, momentos
calientes, irrepetibles, reveladores...
(o momentos que simplemente llenaban
día tras día el álbum de tu existencia) "

Ains qué rico :) el cigarro.
Yo llevo 3 años sin fumar y no quisiera volver, mejor sin humos,
pero reconozco que lo echo de menos
igual que a la Mary Poppins ¿ dónde la has metido?
Qué buen café me he tomado, compi, que le den a la nicotina
yo me quedo con este poema y su autor;) se entiende...Un abrazo.

El tabaco, qué vicio más jodío; dicen que el mono físico no dura más de un mes, pero el otro, no desaparece del todo en toda la vida. Tú haces muy bien y no vuelvas, y como consuelo, que nos quiten lo fumao :-)
Uff, la mary poppins ... dónde andará, jeje. Gracias por la visita y un abrazazo compi.
 

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