Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Me quitaron los trenes y las vías,
las vidrieras azules y el andén.
Me quedaron tan solo los relojes
de la imprecisa hora que se fue.
Fue el horizonte gris, supo a despojos,
a solares en venta y a derribos,
a una amnesia profunda y solitaria,
a los cuartos sin horas ni destinos.
Reconocí el vacío de la espera,
los pies desnudos de mi traje negro,
las cruces manecillas que nos traen
al límite formal de los destiempos.
Después pensé que el tiempo es recorrido
de ida y vuelta, descanso y marcha atrás;
rompí el reloj que me tenía en sombras,
regresé al laberinto del azar.
Asomado a la puerta de salida,
al precipicio de un lugar cualquiera,
qué mejor que volver a los andenes
para mirar de frente las traviesas.
Al fin y al cabo somos estaciones,
y los relojes cruces del olvido,
los trenes lo que no salió en la foto,
el viaje solo parte del camino.