Camy
Camelia Miranda
La inmensa finitud de la tarde
cobija cada lágrima derramada,
con el tenor de la mirada en rededor
y una oración en las manos.
Una calle ciega para un soplo
ante el desconcierto del impulso
y un salto en el pecho cansado,
que no culmina su travesía.
Otro corazón detiene su marcha
con una cuenta de perlas,
que sus hijos no alcanzan entender,
sólo se aferran al querer.
En los ojos, en el beso, en la punta de los dedos...
una partida sin abrazar.
Las palabras se enmudecen
frente a esta hendidura de la realidad;
cuando vuelve mil partículas cada vida
en cualquier segundo del día,
para luego regresarla sin posibilidades,
a quienes mantuvieron la esperanza como un himno.
Hoy viste el madero para el viaje
tu magnánima huella,
de lirios, de letrillas…
y yo aún,
muy dentro de mí,
sigo escuchando tus aleluyas…
A Claudia
10-06-2021
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