Cecilya
Cecy
Él le pidió que lo tomara de la mano
y que juntos una noche
salieran a beberse el embrujo de la luna,
pero ella era la hija del dios sol
pasajera del alba
la portadora del brillo en las pupilas.
Él le pidió que alcanzara las alturas
que cerrara sus ojos
para unirse al cielo en un suspiro,
pero ella era la hermana de la tierra
y ya habían germinado las semillas de sus flores.
Él le pidió que expandiera su horizonte
que degustara vivencias
los tesoros encriptados en cada sabor desconocido,
pero ella era la aliada de la senda
que siempre la llevaba de vuelta a su lugar.
Él le pidió que vaciara su mente de recuerdos
y que la habitara con una historia nueva,
pero ella era la más fiel guardiana
del arcón de las memorias imborrables.
Él le pidió para extasiarse,
la cascada sublime de poesía
de su boca y de su cuerpo,
pero ella jamás pudo
entregarle la llave de sus besos
ni el corazón sagrado de las letras, ni la piel…
Él le pidió que le dijera dos palabras al silencio
la abrazó con ternura y preparó sus oídos,
pero ella acarició su cara
derramó una lágrima sincera en honor al imposible
y nunca,
nunca se las dijo.
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