Cecilya
Cecy
Cuando entrañablemente me habla y me mira
emplea un lenguaje cristalino, el verbo sin recodos
el que no admite dudas ni se debe inferir,
tan sencillo y sereno
que hasta puede comprenderlo la niña enamorada que me habita.
No es poeta, no actúa, no adorna ni elige las palabras
pero tiene en sus manos la madurez de un huerto siempre florecido
manos prósperas y tibias que acarician e inspiran
soles en su espalda fuerte y en el corazón que me entregó
una profunda bondad que resplandece
aún en esta era del resentimiento gris…
Yo también le hablo bonito, lo merece
aunque me guarde las metáforas en un bolsillo de viento
y las cambie por abrazos que convoquen los besos y la piel…
Descansa la poetisa entre sus brazos
y despierta la mujer.
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