Reconocimiento

Luis Rubio

Moderador ENSEÑANTE/Asesor en Foro Poética Clásica
Miembro del equipo
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Moderador enseñante
Aprendiendo el oficio de mostrarte
el mundo con los ojos de los héroes
de Troya recordé que el episodio
del reconocimiento de Penélope
siempre me ha parecido inverosímil.
Es verdad que cambiamos; por ejemplo,
mírate ahora: ¿Dónde fue aquel niño
de mofletes sedosos y ojos húmedos?
Te has convertido en un hombre de piedra,
imperturbable, fuerte e incisivo
mientras que yo, que lloro todo lo que un día
dejé para el futuro de los llantos
me digo que las lágrimas no dejan ver
el presente y que había que vivir
en la ferocidad de la miseria
sin arrastrar los pies.
Penélope y sus pretendientes, signos
de que nadie recuerda a los que amaron.
Se pierde la memoria
cuando la urgencia es voz y el mundo abre
sus afilados huesos al vacío
esperando la rueda de la vida,
la fortuna, la novedad, la gracia.
¿Y ahora qué? dirás, al sinsentido
de ser nosotros mismos: tan diversos,
tan divergentes, tan impermeables
a nuestras propias influencias
y todavía bajo el mismo techo.
 
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Aprendiendo el oficio de mostrarte
el mundo con los ojos de los héroes
de Troya recordé que el episodio
del reconocimiento de Penélope
siempre me ha parecido inverosímil.
Es verdad que cambiamos; por ejemplo,
mírate ahora: ¿Dónde fue aquel niño
de mofletes sedosos y ojos húmedos?
Te has convertido en un hombre de piedra,
imperturbable, fuerte e incisivo
mientras que yo, que lloro todo lo que un día
dejé para el futuro de los llantos
me digo que las lágrimas no dejan ver
el presente y que había que vivir
en la ferocidad de la miseria
sin arrastrar los pies.
Penélope y sus pretendientes, signos
de que nadie recuerda a los que amaron.
Se pierde la memoria
cuando la urgencia es voz y el mundo abre
sus afilados huesos al vacío
esperando la rueda de la vida,
la fortuna, la novedad, la gracia.
¿Y ahora qué? dirás, al sinsentido
de ser nosotros mismos: tan diversos,
tan divergentes, tan impermeables
a nuestras propias influencias
y todavía bajo el mismo techo.
Hola Luis
Mientras leía tus versos viajé hasta la niña Camelia y un tramo de diferencias se hicieron presentes; físicas, espirituales, y claro que cambiamos. Pero lo más puntual es que hoy por hoy, impera más lo urgente que lo importante, cuando debiera ser al revés y así vamos por la vida, así somos, tan perfectamente imperfectos.
Me gustó mucho leerte
Un abrazo hasta allá y una feliz noche
Camelia
 
Hola Luis
Mientras leía tus versos viajé hasta la niña Camelia y un tramo de diferencias se hicieron presentes; físicas, espirituales, y claro que cambiamos. Pero lo más puntual es que hoy por hoy, impera más lo urgente que lo importante, cuando debiera ser al revés y así vamos por la vida, así somos, tan perfectamente imperfectos.
Me gustó mucho leerte
Un abrazo hasta allá y una feliz noche
Camelia
Gracias, Camelia, es cierto que a veces nos dejamos devorar por el hambre de la urgencia y que dejamos para mañana los duelos y las dudas. No queda más remedio que vivir llevándoselo todo por delante. Muchas gracias por tus cariñosas palabras. Luis
 
Aprendiendo el oficio de mostrarte
el mundo con los ojos de los héroes
de Troya recordé que el episodio
del reconocimiento de Penélope
siempre me ha parecido inverosímil.
Es verdad que cambiamos; por ejemplo,
mírate ahora: ¿Dónde fue aquel niño
de mofletes sedosos y ojos húmedos?
Te has convertido en un hombre de piedra,
imperturbable, fuerte e incisivo
mientras que yo, que lloro todo lo que un día
dejé para el futuro de los llantos
me digo que las lágrimas no dejan ver
el presente y que había que vivir
en la ferocidad de la miseria
sin arrastrar los pies.
Penélope y sus pretendientes, signos
de que nadie recuerda a los que amaron.
Se pierde la memoria
cuando la urgencia es voz y el mundo abre
sus afilados huesos al vacío
esperando la rueda de la vida,
la fortuna, la novedad, la gracia.
¿Y ahora qué? dirás, al sinsentido
de ser nosotros mismos: tan diversos,
tan divergentes, tan impermeables
a nuestras propias influencias
y todavía bajo el mismo techo.
Vas a tener que endeudarte por consumir toda tu reserva del futuro de los llantos.
Un abrazo, Gigio.
 
Buenas reflexiones nos compartes en este buen poema reconociendo que la vida no es tal como aparenta y buen pregunta final sabiendo que seguiremos con nuestras acostumbradas rutina cotidianas.

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Aprendiendo el oficio de mostrarte
el mundo con los ojos de los héroes
de Troya recordé que el episodio
del reconocimiento de Penélope
siempre me ha parecido inverosímil.
Es verdad que cambiamos; por ejemplo,
mírate ahora: ¿Dónde fue aquel niño
de mofletes sedosos y ojos húmedos?
Te has convertido en un hombre de piedra,
imperturbable, fuerte e incisivo
mientras que yo, que lloro todo lo que un día
dejé para el futuro de los llantos
me digo que las lágrimas no dejan ver
el presente y que había que vivir
en la ferocidad de la miseria
sin arrastrar los pies.
Penélope y sus pretendientes, signos
de que nadie recuerda a los que amaron.
Se pierde la memoria
cuando la urgencia es voz y el mundo abre
sus afilados huesos al vacío
esperando la rueda de la vida,
la fortuna, la novedad, la gracia.
¿Y ahora qué? dirás, al sinsentido
de ser nosotros mismos: tan diversos,
tan divergentes, tan impermeables
a nuestras propias influencias
y todavía bajo el mismo techo.


Cuando el mundo abre sus huesos al vacío es cuando la vida abre sus dientes y vemos lo profundo de sus fauces.

Profundo poema, muy bueno.

Salud2 cordiales.
 
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