Te doy las gracias, por llegar tan lejos
y no mirar atrás de alguna nube
ni detener mi fiebre cuando sube
el costo en mis delirios y complejos.
En deuda estoy por rescatar los viejos
anhelos y esperanzas que sostuve,
por decantar mis miedos que mantuve
a raya y libres de anidar festejos
vanos, con un sentido equivocado,
bastante, poco y nada saludable
pero que en ti se ha visto restaurado.
Porque admiro tu espíritu incansable
que apunta a un objetivo ya trazado
y a todo lo que pueda ser loable.
Última edición: