Sí, a ver, ya tengo una Cruzcampo y la niña se ha callado. Vayamos por partes.
Sigo pensando que, como dice el refrán, no hay más ciego que quien no quiere ver.
Es probable que el dato sea una manipulación, porque como sucede con cualquier sistema complejo (por ejemplo el cambio climático que no deja de aumentar la temperatura del planeta constantemente desde el pleistoceno y la última glaciación sin remitirnos directamente a la acción del hombre) nada está claro con las mal llamadas vacunas, aunque te aseguro que informaciones que las ponen en la picota las puedes encontrar a mansalva, sin necesidad alguna de que te pase una noticia sepultada ya por otras muchas con las que me he topado en Twitter en las últimas 48 horas.
La homosexualidad no es una patología clínica, sino una condición u orientación sexual, y algunas condiciones sexuales se consideran parafilias y/o trastornos psiquiátricos, como aquellas derivadas de la dismorfia de género basada en la alienación con respecto al propio cuerpo. La primera persona con la que compartí habitación durante un año en USA padecía este trastorno, y pasó de llamarse Alex, a llamarse Alena, y créeme, cambiar legalmente de sexo no parece haber logrado estabilizarlo mucho que digamos.
Un amigo mío vivió con sida durante más de treinta años, hasta que hace dos, fue finalmente un cáncer, curiosamente, lo que lo mató. Jugábamos al ajedrez en la calle, en Cáceres, plaza Marrón. Otro amigo creo que lleva mucho tiempo con sida también, y hace cosa también de dos años que lo vi en la calle Kutxillería, Vitoria-Gasteiz, donde vive en una especie de albergue y sigue tratamiento con retrovirales. Solíamos beber cerveza y fumar porros todos los días juntos.
Sé lo que es el sida y cómo se contagia. Si lo traigo a colación en relación a la comunidad homosexual es porque hace ya mucho tiempo que es precisamente dentro de esta comunidad donde se concentra de manera abrumadora la inmensa mayoría de casos de síndrome de inmunodeficiencia adquirida.
Lo de los pedófilos. A ver, sabes que tengo una criatura de dos años, y a mí los pedófilos me joden mucho, pero no son pederastas hasta que se demuestre lo contrario, y además, abrir la puerta de la castración química es una caja de Pandora que luego puede volverse en contra de disidentes políticos y personas desafectas al régimen de marras. Me viene ahora a la mente la castración química con la excusa de su homosexualidad del gran Allan Turing en el Reino Unido en los años cincuenta. Creo que para esa gente, sobre todo los convictos reincidentes, está el endurecimiento de los regímenes penitenciarios.
Lo de los violadores en potencia es, como bien apuntas, una soberana soplapollez, y si la planteo es porque el feminismo radical progre lo ha adoptado como uno de sus delirantes mantras, del cual me descojono.
No, a los dipsómanos se les retira el carnet directamente, compañero, porque priban desde que se levantan y van siempre mosca. Pero supuestamente todos somos susceptibles de ser dipsómanos, como lo somos de contraer el COVID, y como más vale prevenir que curar, pues fármaco al canto que te cuela el estado, o vacuna chunga que te endilga, no vayas a cagarla.
(Voy por otra birra en vaso de sidra)
El tema entre realidad y ficción, sí, ciertamente es combustible de debate, pero cualquiera que haya prestado atención a cierta literatura al respecto, se cuidará muy mucho de emitir juicios apresuradamente optimistas al respecto, cuando no se acojonará directamente ante las implicaciones del tema. Supongo que Harari te gustará mucho.
Con lo del Open de Australia reconozco que me has tocado la fibra, y ciertamente que en centros médicos o de tercera edad, deberían implementarse enérgicamente políticas incentivadoras de, si no vacunación, al menos los protocolos de seguridad más estrictos posibles. Pero eso ya es hilar muy fino. Cuando me dieron el visado para USA tuve que vacunarme de cosas que llevan, o llevaban, erradicadas en España 30 o 40 años, así que no lo veo como una medida excesivamente anómala.
Salud
Un abrazo