Espero que haya sido un canario, o algo por el estilo. "Muerte impía, traidora", "torvo desdén", "oscuridad, marasmo y tedio"... no puedo decir que se encuadren dentro del pleonasmo, pero bueno, ya sabemos que la Parca es muy malvada; eso es indiscutible. Nunca se me hubiera ocurrido ese "que vengas a por mí". Eres demasiado gramatical para conmigo. La simpleza del "¿Por qué me hieres pero no me matas?" me ha gustado.
Un abrazo
Tomasinho das Pampas e dos Platas
Hola, simpático Tomasiño (españolizado y agallegado):
Vamos por partes, como el destripador. La muerte es muy mala, malvada, dañina y alevosa y mis adjetivos no son sinónimos, aunque estén en el campo semántico de las cosas "non gratas".
No sé qué problema encuentras en el "que vengas
a por mí".
La preposición es indiscutible, porque si la quito cambia el sentido de la frase.
Quiero que vengas por mí = quiero ser la causa o el motivo de que vengas.
Quiero que vengas
a por mí= quiero que vengas a buscarme y que me lleves contigo.
Lo mismo no te referías a eso y te estoy dando explicaciones non petitas, pero yo por si acaso.
En cuanto a lo de la simpleza... es que una es así de simple (espero que no me estuvieras llamando simplona).
De todos modos agradecida por tu paso.
Abrazos.
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No contenta con mis propias explicaciones he ido a consultar una página de la RAE, y me encuentro esto, que me aclara por qué te ha chocado el uso de la preposición:
Leo lo que sigue:
En el español de América, en cambio, este uso se percibe como anómalo y sigue siendo general allí el empleo exclusivo, en estos casos, de la preposición por: Ve por agua, Salgo por el pan, Volvió por el paraguas.
No hay razones lingüísticas para condenar el uso de
a por, tan legítimo como el de otras combinaciones de preposiciones nunca censuradas, como
para con, de entre, por entre, tras de, de por, etc. La secuencia
a por (documentada ya en textos españoles de los siglos xvi y xvii) se explica por el cruce de las estructuras
ir a un lugar (complemento de dirección) e
ir por algo o alguien (‘en busca de’), ya que en esta última está también presente la idea de ‘movimiento hacia’.
Por otra parte, el uso de ambas preposiciones, frente al empleo aislado de
por, resuelve en muchos casos problemas de ambigüedad; así, la oración
Voy por mi hijo puede significar ‘voy a buscar a mi hijo’, ‘voy en lugar de mi hijo’, ‘voy en favor o por el bien de mi hijo’ o ‘voy porque me lo ha pedido mi hijo’; mientras que la oración
Voy a por mi hijo solo puede significar ‘voy a buscar a mi hijo’.